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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 25 de junio de 2021
Por vigésima novena vez consecutiva el mundo ha mostrado su repudio al bloqueo económico, comercial y financiero que sobre Cuba ejerce Estados Unidos.
En esta ocasión, en el 75° Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, 184 países votaron a favor del proyecto de resolución para poner fin al bloqueo, presentado por Cuba; dos en contra, Estados Unidos e Israel; y tres abstenciones, Brasil, Colombia y Ucrania.
De quienes votaron en contra, se esperaba esa posición, ya que siempre han votado de esa forma, salvo en 2016 que se abstuvieron cuando la administración de Obama intentaba un cambio de táctica para doblegar a la Revolución; las abstenciones de Colombia y Brasil se entienden porque sus actuales gobiernos son aliados serviles de Estados Unidos en sus intentos por el control absoluto de este continente; y Ucrania, con un gobierno también servil a los yanquis, es en Europa la punta de lanza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, liderada por Estados Unidos, contra Rusia —no obstante la atención integral gratuita que se dio en Cuba a miles de niños ucranianos afectados por el accidente nuclear en Chernóbil, en una época, el periodo especial, en que además de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa Oriental, con las leyes Torricelli y Helms-Burton, el bloqueo se agudizó—.
En los votos a favor de la resolución presentada por Cuba, se manifiesta, también, el rechazo al carácter extraterritorial de algunas leyes en las que se sustenta el bloqueo, que afecta intereses de terceros países.
De manera general, el resultado de la votación del pasado miércoles en la sesión de la Asamblea General de la ONU muestra, con independencia del carácter de sus gobiernos, la solidaridad de los pueblos del mundo con Cuba, ganada por la reciprocidad del pueblo cubano en este aspecto y su ejemplo de resistencia, soberanía y dignidad ante el imperio.
Como otras veces, Estados Unidos, para «justificar» las agresiones y el acoso a Cuba, utilizó su más que gastado argumento de los derechos humanos, tema en el que por completo carece de autoridad moral para hacer señalamientos a otros países.
Como es sabido, la Revolución Cubana ha vivido permanentemente asediada por los sectores más reaccionarios de Estados Unidos, incluida la mafia contrarrevolucionaria cubanoamericana; el acoso ha sido, y continúa siendo, económico, comercial, financiero, tecnológico, científico, militar y mediático, y el imperio no ha reparado en recurrir al terrorismo para doblegar la dignidad de los revolucionarios cubanos, quienes conforman la inmensa mayoría de ese pueblo.
No obstante el rechazo mundial al bloqueo a Cuba —que se manifiesta desde 1992 en votaciones de la Asamblea General de la ONU, y desde que se implementó, en febrero de 1962, cuenta con el repudio de los pueblos amantes de la paz—, la respuesta del imperio ha sido siempre en el sentido de agudizarlo y volverlo más agresivo y criminal; y ello, más que una muestra de su poderío y hegemonía, es síntoma inequívoco de su decadencia.
Y aunque se expande el ejemplo de resistencia, solidaridad, dignidad y soberanía que representan Cuba y su Revolución, para poner fin al bloqueo, además de las manifestaciones de solidaridad en términos declarativos o materiales, se requiere que nuestros pueblos, en honor a ese ejemplo, hagan valer su independencia y recuperen su soberanía nacional y popular.
Ello sería, a la vez que un valioso aporte a la lucha antimperialista, una hermosa muestra de solidaridad con Cuba y su Revolución.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Ricardo IV Tamayo (@ricardo4to) / Unsplash.
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