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Vivir a prisa

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SOMOSMASS99

 

Alberto José Muñoz Díaz

Domingo 25 de octubre de 20125

 

Nace en la ciudad de Puebla el 1º de mayo de 1968 y llega a vivir a Acámbaro, Guanajuato, el 4 de julio del mismo año. Estudió Diseño Industrial en la Universidad del Bajío y una Maestría en Administración en la Universidad Guanajuato. Aunque siempre le gustó la literatura, es hasta años recientes que dedica tiempo al oficio de escribir. Ha participado en dos publicaciones colectivas con el Círculo de Lectura y Creación Literaria de Acámbaro y en talleres con Óscar de la Borbolla y Fernando Sánchez Clelo entre otros. Participante en el Encuentro Internacional de Escritores Salvatierra en 2014 y en diversos eventos de lectura en voz alta.

 

VIVIR A PRISA

Era muy terca la mujer. Verá usted, desde que llegaron a vivir a ese lugar el marido quería rentar casa al sur de la carretera, del mismo lado que su familia, junto a la zona militar. Pero no, ella quería estar donde las casas eran más bonitas. No sé si por estar el el carril que corre a Salamanca, de donde era ella, o por estar cerca de las vías del tren, cosa que le agradaba pues su padre fue fogonero en el ferrocarril y el silbato le traía reminiscencias de su niñez. Lo cierto es que las casas eran más bonitas, ella se montó en su macho y nadie la pudo bajar. Nemesio era jubilado del Ejército, fue soldado raso toda su vida. Rosa, la mujer, no tenía ninguna cualidad que pudiera resaltarse más que haber criado dos niños como Dios manda. Ahora también eran militares.

Esa mañana se habían parado temprano para ir al templo a la novena de San Cristóbal. Todavía estaban en casa cuando oyeron el repique de campanas que lo anunciaba. Se les hacía tarde. Salieron todavía oscuro y tenían que atravesar la carretera. Nemesio la traía de la mano, pero ella no se decidía a cruzar. No había puente como ahora, qué va. No entiendo todavía porqué poner los pueblos a ambos lados de la carretera, debían dejarlos de uno solo, pues eso de estar cruzando la ruleta de asfalto… Mire nomás, cada semana están enterrando un atropellado. Pero dígame usted qué culpa tuvo la pareja del auto. Ellos iban a León, en su viejo auto, a comprar bolsas de piel para vender en la tiendita que tenían en Villagrán. Había que llegar temprano, ese día las tiendas entraban en remate. Quizás venían a unos 110 kilómetros por hora, cuando entre las primeras luces del día Vicente vio a una pareja a la orilla de la carretera con intención de cruzar. Bajó un poco la velocidad por si se aventaban. Al notar esto, Nemesio emprendió la carrera. Pero su vieja, ¡ay, su vieja! Le dio un jalón pa’detenerlo. ¡Cuidado!, gritó Laura a Vicente. Él se abrió un poco para librar a Nemesio, que ya se había soltado de la mano de la mujer, y sin mirar el tráfico se siguió de largo. Vicente frenó a fondo, chillaron las llantas sobre el asfalto. Quiso virar a la izquierda pero ya venía detrás de él un trailer pitando y frenando. Humberto, el trailero, traía 70 toneladas de acero que tenía que descargar en León antes de las nueve, y le quedaba otro flete ese mismo día. Se cargó al carril de alta para no embestir el auto de Vicente y su esposa, pero le quedaba tan poco espacio que las llantas se treparon en el muro de contención provocando que su unidad se volcara. Así, mientras el auto de Vicente se estrellaba contra Nemesio, Humberto perdía la vida aplastado por su propia carga.

El tráfico se detuvo. De un sedán gris bajó un hombre para ver qué pasaba. Había tres autos delante del suyo. Llegó y vio la escena. Se quedó mirando. Los ojos de Rosa, la mujer, imaginó su piel crispándose. Vio en ellos el reflejo del impacto entre el auto y su marido, estallándole a un tiempo todas las emociones. Ahi estaba llorando, hincada al lado del cuerpo inerte de su esposo, rodeada de gente extraña. Quiso tomarle la mano y rezar un momento junto a ella, darle consuelo. Se dio vuelta y regresó a su auto, y condujo por el acotamiento en sentido contrario a la larga fila de autos que se iba formando, buscando un camino vecinal por donde continuar su camino. Hoy, después de varios años, aún le remuerde la consciencia de no haber rezado con esa persona. Pero él… él también llevaba prisa.






Luis López




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1 Comentario

el 15/04/2020

[…] Puente de piedra (2016); “Vamos al circo” BUAP 2016. Ha publicado el relato Vivir a prisa, en SomosMass99, y el libro de poesía Mirar con otros ojos, editorial Puente de piedra […]



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