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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 2 de septiembre de 2016
“La soberanía no es un concepto abstracto, no existe el margen o por encima del pueblo. Este es su titular y el único que puede ejercerla. Más no sólo porque así lo disponen las leyes sino porque tenga realmente la posibilidad de hacerlo.”
Alonso Aguilar Monteverde[i]
La reciente visita a México del candidato presidencial norteamericano, del Partido Republicano, representa una afrenta contra nuestro pueblo, afrenta de la que fueron cómplices quienes ocupan los más altos puestos en el gobierno.
Lo triste de este asunto es que no es la primera vez que sucede y la sutileza de los anteriores visitantes, aun cuando venían en misiones imperiales, contrasta con la actitud arrogante y grosera de Donald Trump; y por este lado, la sumisión y el servilismo de Peña Nieto muestran que su estatura como político y gobernante está muy por abajo del mínimo deseable para alguien con esa investidura.
La visita de Trump, por su actitud, es ofensiva para el pueblo y lesiona nuestra ya deteriorada soberanía nacional y popular, así como la lesionan la intromisión de los embajadores y muchas autoridades de ese país, además de los monopolios extranjeros que operan en México, los instrumentos internacionales al servicio del capital financiero (FMI, OCDE, BID, BM, etc.), la deuda externa, la oligarquía nativa y los inequitativos tratados comerciales que nos han impuesto.
Sin embargo, las lesiones a nuestra soberanía no son recientes. Desde su nacimiento como país independiente, el nuestro enfrentó, casi destrozado por la larga lucha por la independencia, un contexto internacional adverso. Las naciones más adelantadas de esa época transitaban por fases avanzadas de un sistema que en ese entonces ya era el dominante en el mundo: el capitalismo. Y nos subimos a ese tren, pero, como muchos países en esa época, sobre todo latinoamericanos, nos montamos en el último vagón y nos convertimos en la otra cara de la moneda de un sistema cuya principal característica es la desigualdad.
Así que para sobrevivir como país México tuvo que recurrir al endeudamiento con bancos extranjeros y a depender económicamente de otros países, condición que derivó en otros tipos de dependencia que a la postre devino estructural y en subdesarrollo, condicionantes ambas del pleno ejercicio de nuestra soberanía.
¿Y en qué consiste la soberanía?
En palabras del autor del epígrafe[ii]: “Consiste esencialmente en el reconocimiento del derecho de los pueblos a su autodeterminación. Es decir, a elegir el camino que prefieran, a darse la forma de organización jurídica, política y social que mejor responda a sus intereses, a establecer el tipo de gobierno que consideren más adecuado y, desde luego, a crear las condiciones que les permitan hacer que esa soberanía tenga vigencia en la práctica, esto es que no sea meramente formal y declarativa.”
Además, “[…] el principio de la soberanía nacional y popular, tiene un rango especial. En cierto modo es un derecho del que depende la posibilidad de ejercer los demás, o en otras palabras, sin el cual fácilmente pueden restringirse y aun cancelarse otros derechos y libertades.”[iii]
En otras palabras, debemos ser nosotros, el pueblo, quien ejerza su derecho a la autodeterminación y elija el camino que mejor responda a sus intereses para construir su futuro.
Por ello no podemos ni debemos permitir que personajes o instituciones extranjeras lesionen nuestra soberanía y menos que quienes por una u otra razón ocupen cargos públicos, en su desempeño, hagan concesiones que la lesionen o que la clase dominante la utilice, en su condición de dominada por el capital extranjero, a cambio de las migajas que éste le deja.
El hecho de que la historia de nuestro país haya transcurrido de una forma determinada no implica que debamos siempre seguir en el subdesarrollo, la dependencia del extranjero en todos los órdenes de la vida y sujetos al dominio de una clase históricamente caduca. La vía para cambiar esas condiciones pasa por el pleno ejercicio de nuestra soberanía nacional y popular.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
[i][i] AGUILAR MONTEVERDE, Alonso. Defensa de nuestra soberanía nacional y popular. México. Editorial Nuestro Tiempo. 1989. P. 17.
Disponible en:
http://autonomiaautogestion.unach.mx/index.php?option=com_k2&view=item&layout=item&id=10&Itemid=186
[ii] Ibid. P. 10.
[iii] Ibid. P. 11
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