SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 16 de mayo de 2025
En una época en que la realidad confirma que la mayor potencia imperialista que ha existido se encuentra en plena decadencia y recurre a toda clase de acciones, amenazas y artimañas para mitigar su declive, la alusión a la soberanía es algo común en casi todo el mundo.
La soberanía es la única vía mediante la cual un país puede alcanzar y defender su independencia, libertad y, a la vez, organizarse y conducirse de la manera que mejor convenga a los intereses del pueblo.
Por tal razón la soberanía debe superar el ámbito meramente declarativo y sustentarse en hechos y acciones en las que se refleje el sentir y los anhelos de los pueblos, lo que generará efectos sinérgicos que potenciarán su defensa.
No es suficiente el hecho de que un país alcance cierto grado de desarrollo industrial, tecnológico o económico si las decisiones fundamentales se toman en función de los intereses de una minoría que detenta el poder económico y marginan a la mayor parte de la sociedad; en este caso, la soberanía la usurpa esa minoría.
Existe la tendencia a fragmentar la soberanía. Así, se habla de soberanía alimentaria, energética, financiera, política, económica, entre otros tipos. En la realidad, la soberanía ─aunque está estrechamente vinculada a la independencia política, económica y cultural, la democracia, la paz y las relaciones de amistad entre los pueblos─ se sustenta en dos ejes fundamentales: la soberanía nacional y la soberanía popular.
La soberanía nacional podemos considerarla como el derecho de un país a que ninguna entidad extranjera intervenga en su vida; la soberanía popular ─inseparable de la nacional─ es la facultad de un pueblo para darse el tipo de organización social y el gobierno que libremente elija.
Lo anterior se transforma en mito cuando un pueblo no tiene independencia económica, padece de niveles altos de analfabetismo, es incapaz de producir los alimentos que consume, no participa en las decisiones importantes o no puede cambiar las condiciones que le son adversas,
Cuando los pueblos tienen gobiernos en manos de una minoría o incluso de extracción popular, pero al servicio de ella, no pueden decirse soberanos, ya que esos gobiernos actuarán en función de las necesidades del grupo dominante, a menudo subordinado a intereses extranjeros.
Existen, al menos, tres aspectos fundamentales en los que se sustenta nuestra soberanía:
a) La autodeterminación, que es el derecho de un país a que, como se comenta líneas arriba, ninguna entidad extranjera intervenga en su vida.
b) La vinculación entre soberanía nacional y soberanía popular, establecida en el artículo 39 de nuestra Constitución (La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo), en el que, implícitamente, se enfatiza que la soberanía popular es la fuente de la nacional.
c) El derecho a la revolución, ya que sin este el pueblo no podría darse las formas de organización ni el gobierno qué más le convengan.
Aun cuando esté reconocida en nuestra Constitución como un derecho fundamental, no basta con ello. Es preciso ejercerlo de la manera más amplia posible, ya que de su ejercicio depende la posibilidad de ejercer los demás; de otra manera, podrían restringirse o cancelarse otros derechos y libertades.
La soberanía no es un concepto abstracto ni, mucho menos, anacrónico, nociones que desde la derecha y la ultraderecha intentan imponer quienes son proclives a la subordinación y entrega del país al gran capital local y extranjero.
El pueblo es el titular de la soberanía, es el único que puede ejercerla y, por tanto, esta no existe al margen o por encima de él. Y aunque una ley lo asegura, la capacidad para hacer valer su vigencia se nutre y fortalece de la práctica cotidiana, en la lucha diaria por la defensa de nuestros derechos, del territorio, los recursos y bienes nacionales y naturales, y del medioambiente.
Ante la embestida del imperialismo yanqui por mitigar su decadencia mediante el dominio de esta parte del mundo ─que en su desprecio por nuestros pueblos consideran su «patio trasero»─, la defensa de la soberanía es fundamental para frustrar los planes imperialistas. No será la primera vez que nuestro pueblo emprenda esa defensa. Hasta ahora, con mayor o menor dificultad, ha salido adelante.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Stephan Hinni (@maranthi) / Unsplash.
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