SOMOSMASS99
Iván Arellano Naranjo / SomosMass99
Jueves 25 de septiembre de 2025
Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,
con el hueco de un corazón fugitivo,
con la sombra del cuerpo,
con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,
con el espacio vacío de una mano sin dueño,
con los labios heridos,
con los párpados sin sueño.
– Canto de guerra de las cosas
Joaquin Pasos, poeta nicaragüense (mayo 1914-enero 1947)
Del futuro promisorio queda la esperanza, y lo poco que no se pudieron cargar los demonios. Los directores Héctor Quintanar y Ignacio Alcocer se van comisionados a la Escuela de Música; a Mario Rodríguez le ofrecen su jubilación. El Teatro Juárez ya lo habían perdido antes. Lo que nunca tuvieron fue música de cámara, una tragedia. Le hicieron la lucha, no era sencillo. Los músicos tenían interés, faltaban condiciones apropiadas. La orquesta absorbe toda la energía y el tiempo.
Lo peor es cuando hablamos de los bienes y recursos de la Orquesta Filarmónica del Bajío (OFB). Se convierte en drama y tragedia, si hacemos un recuento del personal artístico y los bienes materiales que aportó con la fusión; queda muy poco o nada.
La OSUG, si nos remontamos a los primeros conciertos después de la fusión, es espectacular al llegar a los foros y a los escenarios donde se presenta. No son los 110 músicos que prometió la fusión, sino cerca de 90 y algún extra si la partitura lo requiere. La música empieza por la vista del público. Y, a primera vista, encuentra la flauta en sol, el piccolo, el corno inglés con tres oboes; los metales completos, el principal de cornos acompañado por su asistente y repetidor; los trombones con el trombón bajo y la tuba; un grupo de cinco percusionistas con un principal y los instrumentos de percusión, xilófono, timbales, platillos, gong, triángulo, los más frecuentes y familiares, más otros no tan conocidos; un arpa o dos, piano, celesta, la cuerda completa. Toda una orquesta para abordar el repertorio más exigente, Ravel, Debussy, Bartok, Strauss, Wagner… O sea, repertorio para orquesta grande. ¡El público la quiere oír!
En algún espacio, en algún lugar, en alguna parte de las oficinas de la orquesta o posiblemente en algún lado de la Universidad debe hallarse un inventario de los bienes materiales que trajo la OFB en 1992 y de las carencias en materia de instrumentos de la OSUG. Allí empieza el drama, porque, al final, prácticamente no existe nada de los bienes. Y se dio una política no acordada en los instrumentistas para no informarse de nada, prohijada, mantenida, alimentada por parte de la administración de la Orquesta de tampoco informa nada. Mínimo, pensaban que los músicos no debían saber nada. Lo que les incumbía, su deber: tocar con eficiencia y disciplina a las órdenes del director.
Solo los percusionistas, por lo general al presentarse al primer ensayo de un nuevo programa, percibirán en carne propia que las desapariciones de los instrumentos de percusión iban en aumento. Preguntaban, se quejaban, y nada, uno o dos instrumentos menos. ¿Dónde quedaron el xilófono y las marimbas? De los más de treinta fracs que poseyó para los extras de cada semana con la OFB no quedó nada. Y, en relación con los artistas se enfrentó un panorama desolador: de los 90 músicos del inicio de la fusión muchos desertaron. Para mal de la OSUG, muchos de ellos principales de sección y líderes musicales. Los funcionarios universitarios se comportaron con amabilidad, respeto e inclinación hacia la fusión que propuso el gobierno federal, el gobierno del estado y las instituciones culturales. No alcanza. Queda la impresión de su buena fe.
Sin realizar las evaluaciones artísticas, que podrían aconsejar los cuerpos colegiados de la Universidad, la decisión fue más grande que los buenos propósitos. Hubo comentarios de que la Universidad no estaba preparada para hacer fusiones y de que los instrumentistas eran trabajadores de 40 horas y, por lo tanto, debían estudiar 8 horas diarias dentro de las instalaciones del Teatro Juárez. De 1992 a 1997, cinco años en que la gente de buena voluntad que hacia la música fue perdiendo sus sueños y la confianza en un proyecto que comenzó con buenos augurios y buena programación, y concluyó en una situación crítica y delicada.
Imagen de portada: Músicos de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato. | Foto (ilustrativa): Universidad de Guanajuato.
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