Martha Camacho / SomosMass99
Domingo 11 de octubre de 2015
“La vida es una frágil rama que se mece en el abismo”
Henning Mankell. Zapatos italianos
Lo conocí hace algunos años, en una tarde-noche que se convirtió en madrugada. Vino de la mano de El hombre sonriente (1993), su cuarta novela. Una historia de ambición y muerte en donde el poder económico es protagonista y el principal sospechoso no deja de sonreír. Es también la historia en la que el entrañable detective Kurt Wallander ha decidido dejar la profesión. Nunca la abandonaría por decisión propia.
Siempre en ambientes fríos, brumosos, con el mar gris de fondo, o la campiña sueca y la ópera por compañía, las historias de Mankell te sacuden, son desasosegantes.
Traficantes de drogas, criminales nazis, adinerados traficantes de arte y hasta delincuentes informáticos, el escritor desvela una sociedad sueca que pocos imaginamos. La intolerancia y persecución a los inmigrantes es otro elemento de sus novelas que mucho tiene que ver con la realidad.
De la serie del detective Wallander destaco Los perros de Riga, una novela que traslada el escenario a Letonia, que no escapa a la crítica social y política del autor. Fuera de su territorio, el detective vive momentos de extraordinario peligro y otros inquietantes con Bilba, una mujer a la que quiso amar, aunque en su vida ya no tuviera cabida el amor. Sin embargo, es con frases como las que pronuncia el mayor Liepa, un policía letón, sobre Suecia y Letonia como se dimensiona el pensamiento de Mankell: La diferencia que hay entre nuestros dos países al mismo tiempo es su similitud: los dos son pobres, si bien la pobreza tiene distintas caras. A nosotros nos falta su abundancia y su libertad de elección, mientras que aquí, me parece intuir, son pobres en el sentido de que no tienen que luchar por la supervivencia, lucha que, para mí, tiene una dimensión religiosa.
Pero Henning Mankell es mucho más que un autor de novela negra, es también un escritor que desvela las sinrazones del amor aunque algunos de sus personajes no crean en él. Que cuenta en Zapatos italianos, mi favorita sin duda alguna, lo que un hombre siente y piensa al final de su vida. Una reflexión sobre las decisiones equivocadas, sobre las promesas incumplidas, sobre la soledad y el aislamiento voluntario.
“Quiero decirte algo que seguramente ya sospechas, jamás he amado a un hombre como te amé a ti. Por eso te busqué, para reencontrarme con ese amor. Para devolverte la hija que te había arrebatado. Pero, ante todo, porque quería morir cerca del hombre al que siempre he amado. Tampoco he odiado a nadie como te odié a ti. Pero el odio duele y yo ya tengo bastante dolor”.
Henning Mankell, Zapatos italianos
La flotilla de la libertad y los libros de recuerdos
Henning Mankell vivió una vida de contrastes, dividía su tiempo entre Mozambique y Suecia, el subdesarrollo y la riqueza; la desigualdad y el bienestar.
Conoció muy cercanamente lo que significa la tragedia del sida en las familias africanas, de ahí su libro: Moriré, pero mi memoria sobrevivirá. Una reflexión personal sobre el sida. Cuando supo de los libros de recuerdos se involucró en la causa. Se trata de una iniciativa para ayudar a las madres a escribir sus historias para que sus hijos las recuerden cuando se hayan ido.
Hay otro episodio en la vida del escritor que muestra su compromiso social, en 2010 se embarcó en la Mavi Marmara, que encabezaba la Flotilla de la libertad, un grupo de nueve embarcaciones que salieron rumbo a la franja de Gaza para llevar ayuda humanitaria. El intento de romper el bloqueo israelí al pueblo palestino no fructificó. Fue detenido y devuelto a su país, junto con decenas de participantes. Ese fue Mankell.
Aunque Kurt Wallander se había ido hace tiempo entre el olvido del alzhaimer, nos quedaba Mankell para leerlo, pero él también se fue hace una semana.
¿Qué nos queda ahora? Imaginarlo de pie frente al mar del norte, con la brisa en la cara y la soledad por compañía.
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