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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 28 de mayo de 2018
El 12 de mayo fue el día de la fibromialgia.
Y no escribí nada, porque andaba entre el día de las madres y el del maestro.
Tratando de explicar otra vez que esos dia del… no son festejos, son recuerdos de que algo hay que hacer.

Pero la fibro, los que la tienen pues, también tiene derecho a la palabra.
Podría hacerte una lista de síntomas.
Pero ésa la encuentras en línea.
Podría ponerte una foto de mí, cuando duele.
Pero resulta que no estoy enferma de la cara y que no se vería nada, más que la ausencia de mi sonrisa.
Podría, podría decirte que a la fibro no se le reconoce aún como enfermedad, le dicen síndrome. Que no se le reconoce como condición incapacitante, a veces nomás como alucine de huevones, huevonas sobre todo, que a las mujeres les da más que a los hombres. Podría, porque luego las palabras que me faltan se atropellan para salir, -condición absurda de la llamada fibroniebla, esa que me apendeja gravemente-, decirte mil cosas, el pinche bote de mayonesa que no puedo abrir, el baño que me retiene prisionera porque no me puedo levantar del escusado, las uñas que me corto con recelo porque duele, la mandíbula trabada, las golpes con muebles y paredes siniestros que se lanzan sobre mí, y más, más cosas.
Pero prefiero, aunque no sea por huevonez, ponerte esto que escribí una vez. Y que escribo todas las noches sobre mi pecho torturado:

Dolor
A veces, el cuerpo es el que gana
El dolor se multiplica, llena el universo de su aliento viciado y te muerde la cara.
La piel quema, los músculos se distienden, ¡todo el cuerpo aúlla! Los ojos cerrados, crispados, no puedo más que respirar bajito, de a poquitos, rehuyendo la evidencia. Me duele.
Hoy, mi cuerpo es el que gana
Mis piernas se rehúsan a moverse, de repente como de plomo caliente, ardiente, líquido de fuego sobre la cama. El calor es tal que las sabanas se incendian y se arremolinan sobre ellas. Largos lamentos emanan de ellas, como para volverse loco.
Volverse loco.
Mis manos no son más que terribles palas de maderas, de bordes rugosos, pesadas y ardientes. La fiebre las invade, lengua de fuego que destruye todo al pasar. Poco a poco, abro los ojos, decidida esta vez a una decapitación de manos, lo cual no es tan loco porque ellas solas son como una cabeza entera, llena de ideas locas que se estrellan contra las paredes como pájaros enjaulados. El corazón acelerado, como encarcelado, las miro, sorprendida: no veo más que manos, simples, normales. Esperaba una masa roja, abotagada, y no veo más que manos. Casi blancas. Cinco dedos cada una. Casi bonitas. Crispadas, sí. Inmóviles, sí. Más no el horror que esperaba.
¿Será que el infierno sólo está en mi cabeza…?

Vuelvo a cerrar los ojos, respirando un poco más, de a poquitos todavía. Me concentro, pienso en mí. Trato de mover una pierna, la otra. La espalda. El dolor aúlla, como si fuera él el que sufre. La parálisis me parece más llevadera, el dolor me hace perder toda medida. Me duele.
Los ojos cerrados, hay zarabanda en mi cabeza, el diablo festeja y se ríe. La quemazón crece, se vuelve hoguera. Rojas las mejillas, lágrimas sobre los labios, veo, sí veo, mis manos deformes, sanguinolentas, mi espalada torcida y mis piernas podridas…
A veces…
El cuerpo es el que gana.
Y te dejo este video, en el que se expresan varias, muchas de mis amigas.
Y te recuerdo, porque es día del recordatorio recordado, que el dolor físico, emocional, moral, es invisible. El de los demás, y el tuyo.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Dibujos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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