SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Para mi prima Graciela,
en su temprana despedida
El concepto de familia tiene una construcción polivalente en el imaginario de los seres humanos, puede manifestarse como el espacio en donde mejor las personas encuentran refugio, consuelo y un apoyo sin cortapisas, y sin embargo, oscila también hacia el lado oscuro de lo que representa como grupo social, la familia puede ser también letal y mezquina para cualquiera de sus miembros en cualquier orden de sus vidas.
En ese puntal de la existencia, dirían los románticos, se encuentran los padres, seres que cargan con una construcción social de sus funciones que los vuelve sacros, infalibles, figura eterna de la pureza que contrasta también con el golpe de realidad que la vida suele endilgarles al revelarlos tan humanos y tan imperfectos como cualquiera, incluso a la vista de los hijos.
Por dichas imágenes de la familia permea el libro del escritor y periodista, Héctor Aguilar Camín, “Adiós a los padres” (Random House 2014), una revelación íntima de la historia familiar del escritor nacido en Chetumal que nos acerca al espejo de lo que nuestras propias familias pueden ser y que de hecho son.
La obra más reciente de Aguilar Camín nos hace pensar en nuestro propio origen, en las preguntas y respuestas que nos hacemos cada vez que un acontecimiento de nuestra gente nos confronta con la desnudez que como miembros de un clan padecemos.
En la portada del libro, está una fotografía de los padres de Aguilar Camín (Héctor y Emma) en una playa de Campeche y es en la descripción de esa imagen en donde se funda de alguna manera, la narración de una historia que se origina en Asturias, sigue por Cuba, se instala en Chetumal y ancla muchos de sus años en la Ciudad de México.
El escritor hace entonces una catarsis por medio de las letras y narra su saga familiar -la de los Aguilar y la de los Camín- para encontrar respuestas, para conocer mejor por qué se toman ciertos caminos y otros no, por qué sus padres decidieron vivir la vida que eligieron, por qué la vida pudo ser de una manera y al final las pistas le dieron un vuelco inesperado.
Gran mérito de Aguilar es no juzgar de manera maniquea a sus progenitores, a ambos, Héctor y Emma, los narra como la propia memoria de los dos han querido revelarlos, como los propios ejercicios del recuerdo de su familia ampliada le dictaron, con las facturas que la vida les presenta a cada uno de ellos.
No es casual entonces que, en una parte del libro, Aguilar señale que “hay una paradoja en el hecho de que los padres puedan ser a la vez los seres más próximos y los más enigmáticos. No podemos penetrar en ellos, son nuestros dioses cotidianos, gigantescos en la primera edad, rutinarios en la intermedia, nuevamente esenciales al final de la vida».
Esenciales al final de la vida para cualquier cosa: para redimirlos, condenarlos, perdonarlos, cobrarles facturas, admirarlos, reconocerlos como los seres humanos que son, que llegaron al límite de sus fuerzas para trascender o para arruinar su existencia y ser quizá una sombra, una mala sombra de lo que fueron o pretendieron ser.
Es especialmente demoledora la manera en que Aguilar Camín narra y describe a su padre el día en que se reencuentra con él después de 36 años de ausencia. No duda en llamarlo decrépito e indigente, pero no de la manera despectiva en que se pudiera pensar, es una descripción llena de tristeza e incredulidad por ver la destrucción y el declive de una promesa de hombre pleno, de padre de familia y esposo que nunca cuajó y que vio pasar sus mejores años sin lograr generar un mundo que lo fortificara, sí, por el contrario, que lo agrietó de manera cruel.
Adiós a los padres no es entonces sólo la historia de los padres de los Aguilar Camín, es también la historia de cualquier lector en la búsqueda del origen, de la comprensión de los que somos y de lo que muy probablemente seremos.
Lectura esencial para esta época en donde precisamente las familias se reúnen para celebrar las fiestas navideñas, ese tiempo de reencuentro en donde también la mera formalidad de estar tiene su razón de ser, ese momento en que nos preguntamos quiénes son en realidad esa señora y ese señor que encabezan la mesa, parten el pavo, reparten los tamales, dan el discurso mientras la propia historia familiar pesa, cuestiona, obliga.
Adiós a los padres
Héctor Aguilar Camín
Random House
2014
Aviso: esta persecución de sombras se va en busca de otros orígenes el resto del año. Volverá para seguir el dialogando el próximo seis de enero de 2016.
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