Breaking

Amalia borda su sueño: Ser médico

Sociedad Estado / Top News / 26/10/2015

Agustín Galo Samario / SomosMass99

León, Gto. / Domingo 25 de octubre de 2015

 

Guanajuato es un estado de migrantes. León, la ciudad con más habitantes de la entidad, también. Pero aquí no solamente hay personas que se van, hay las que llegan con el mismo sueño: lograr una mejor vida. Una de ellas es Amalia Hernández Hernández, una joven que dejó Chiapas por las deudas contraídas con los bancos -que crecieron hasta volverse casi impagables- y que de no ser por la ropa artesanal que vende a los leoneses aún seguirían ahí asfixiándola.

INTERIORES-CHIAPAS-SAN-JUAN-CHAMULA
Amelia dejó Chiapas en busca de una mejor vida.
Su segunda lengua es el español, la primera el tzoltzil. Hoy vive en la colonia Obrera, donde paga una renta de 850 pesos mensuales. No es fácil conseguir ese dinero, tampoco el que necesita para comer, vestir, transportarse, la escuela de sus dos pequeños hijos y mantener el sueño de estudiar una carrera, medicina de ser posible. Porque sabe que tiene derechos, igualito que los tienen los hombres. En ese sentido, dice, “mi respeto al EZLN. Porque ellos querían derechos para los indígenas, que antes no los tenían y a partir de los zapatistas tuvieron sus derechos”. 

Llegó a León hace tres años. “Mi esposo trabajaba en Femsa en San Cristóbal de las Casas, pero no nos alcanzaba. Cuando iba a acabar la prepa tuve más deudas y ya no podíamos. Para pagar el interés, dijimos vámonos”. Le debían al banco 34 mil pesos, que en este tiempo lograron reunir con trabajo arduo y, casi siempre, a salto de mata.

Lo relata así: “Primero, no te dejan vender los de la Dirección de Mercados, Comercio y Consumo. El problema es que no dejaban vender, cada que venía me quitaban, siembre me quitaban”. ¿Qué te decía el inspector? “Que ya no venda, que fuera a preguntar en la oficina y fui a preguntar, pero qué me dijo, que todos los lugares ya están ocupados y ya no hay lugar”. Eso fue en respuesta al solicitar permiso para vender en las calles del centro de la ciudad. Pero entonces le dijeron que le podían dar permiso de instalar su puesto ambulante “a siete cuadras fuera del centro. Ponle que me mandan a otro lado, adonde ya no se vende. Me pueden mandar a acá (en la colonia Obrera), a sentar en la esquina. Pues no. Yo dije ‘voy a luchar aquí, pues qué hago’. Iba yo a luchar a los tianguis, pero no, la gente va a comprar otras cosas”.

Así que volvió a las calles del primer cuadro de la ciudad, a pesar del riesgo de tener que enfrentar a los inspectores. “Hay algunos que ya conozco, que me dicen ‘ya sabes cómo va’ (se refiere a que le piden dinero para no molestarla) y otros que se ponen más feos. Como esa vez que llegó él (un inspector) y ya estábamos embolsados, sentados. Íbamos a comprar un elote y que llega, nos vio dónde nos metimos. ‘Me la entregas toda (la ropa); pero no estoy vendiendo. ¡Noo, pero me la entregas toda, si no llamo a la policía y te llevo’. Llamó a la policía y no nos dejó. Pero le digo que no, y ya tenían agarrado así a mi hermano (con las manos esposadas). ‘Si ya saben que no pueden vender’. Sí, ya sé, pero no estábamos vendiendo. ‘Tenemos la orden de quitárselas’. No es justo, le digo. ‘Tú cállate la boca y no hables’. Y así nos fue, nos llevó todo. Es un gordo, cada vez que me ve sigue igual, me quita todo. Es un moreno, gordo, fornido, con barba. Y así, y andaban otros dos gordos, un güero con barba”.

El problema son las autoridades. La gente, incluso, la defiende cuando la quieren detener. “Mucha gente ha llegado a defendernos, cuando los ven quitándonos la ropa. Casi todas las veces que los ven que nos quieren quitar, se meten. Ah no, es que tiene uno que estar pendiente, sin dormir. Recogemos rápido y nos vamos”.

Los empleos en Femsa no dan para vivir

Cuando Amalia iba a terminar la prepa pidió un préstamo a un banco, pero eran tantos los intereses que ya no podían pagar. Fue entonces que para saldar la deuda decidió irse de San Cristóbal de las Casas. Con su esposo, Carlos, decidió venir a León. “Vine yo primero a ver cómo estaba todo, para algo más o menos. Y él, como me vine primero y busqué la escuela de mis hijos, pues ya separados, mis hijos dijeron que tenemos que estar juntos. Él dijo: ‘renuncio a mi trabajo, voy contigo y a ver qué chamba encuentro’. Empezamos a vender, pero luego la del mercado nos empezó a quitar todo, más a él. Y luego cuando estaba escondido hasta la calle Aldama que llega con toda la policía, y ya esposado por poquito se lo llevan”.

¿Nunca pensaron en irse a Estados Unidos? “Mi esposo sí pensaba ir, pero dije que no. Es mayor riesgo de que te pueda suceder algo, ya ves que es pasar vida o muerte. Dije en Estados Unidos no pienso; dije, si queremos fuera del estado, vamos, y si no se puede, regresamos.

Él seguía en la Coca-Cola, pero como no se gana casi nada no podíamos juntar para pagar. Ni llegas a juntar ni alcanza para tu gasto. En Femsa ganaba mil 200 si hacía turnos dobles, pero normalmente ganaba 850 o 900 semanal. Estaba en maniobras general, donde está la fábrica, checaba el envase. Fue así que la dejó y venimos. Y cuando llegamos aquí pregunté cuánto ganaba un empleado y me dijeron que mil pesos semanal, no baja de eso. Pero allá no. Entonces vino, iba a buscar un trabajo, pero mejor se quedó a vender y empezó. Así llegamos, pero los de mercados nos quitaban todo. Cuando vine la primera vez me quedé en un hotel, me cobraron 250 por noche”.

Quiero ser médico

INTERIORES-CHIAPAS-SAN-ANDRES-5

Quiere estudiar medicina porque sabe hablar tzoltzil y español, “y muchas personas se mueren por no poder explicar qué es lo que tienen”.

 

¿Y tú, Amalia, a qué aspiras? La pregunta la hace suspirar: “Ah, yo aspiro a terminar la carrera. Tan can ta bas ta dotor poxtabanes (quiero ser médico, en tzotzil), pero si no puedo lograr por los gastos, tengo miedo, empiezo por la enfermería y ya terminando poco a poco ya voy con la medicina. O si no primero estudio lenguas y cultura, y de eso ya empiezo con la otra carrera. Un profe me decía: ‘tú sí puedes, échale ganas’. Me dio la idea de seguir estudiando, de llegar a ser lo que yo quiero. ‘Estudia lo que tú quieres’. Conmigo así pasa. Creo que este año ya voy a estudiar”. ¿Y por qué medicina? “Porque sé hablar tzoltzil y español, y muchas personas se mueren por no poder explicarles qué es lo que tienen. O no van al doctor o están acostumbrados solamente a estar con un curandero, pero ya ves que hay a algunos que no les funciona eso y muchos se mueren por eso. 

Las mujeres se mueren por parto, por no ir al doctor. Me acuerdo que a mí me decía mi suegra que no me dajara ir con los doctores, que porque es una vergüenza que todos los doctores te ven. Es esa idea, pero no, porque si hubiera yo seguido esa idea creo que estaría muerta. Mis dos hijos fueron cesárea. Con mi hija fue así, hasta llevaba la presión alta. Me dijeron: ‘estás así, se muere la hija o tú, o las dos. ¿Si quieres lo intentamos’. Pos no, para qué, mejor cesárea, cesárea y cesárea. Luego supe qué era el dolor para recuperarte, pero ya ni modo. Con mi concuña sucedió eso, murió el bebé. Creo que hicieron algo para sacarlo, tenía un hoyo en la cabeza.

Por eso quiero ser médico, para explicarles que tienen que ir al doctor. Pon que no sepan hablar español, yo les digo, yo les puedo explicar. Porque hay mucho de eso, no saben qué decirle y no entienden lo que les dicen, muchos pasan eso. Hay también muchos que tienen enfermo y sólo lo llevan casi para dejar morir. Es lo que pasa.

Primero me metí en la CBETIS, donde había técnicas en enfermería. Pero no podía por muchos gastos y los horarios. Entraba a las 7 de la mañana y salía a las 4, pero mi hija salía a las 2 y él también estaba en la escuela, entonces pues no se podía. Me pedían mucho material, y ya ves que allá trabajas y lo que ganas, o sea para la renta y la comida, todo lo que me pedían, y la ropa, los gastos de mi hija, el pañal, la guardería. A pesar de que yo bordaba, no podía, no nos alcanzaba. Entonces me cambié de escuela, a lo que fue tronco monún, pues ya lo que sea. Terminé en el área de químico-biológico en la prepa 2 de San Cristóbal, pero estaba mejor la de enfermería”.

– ¿Qué representó dejar Chiapas, dejar a sus seres queridos?

Más que nada, todo: la comida, lo que es la selva. Más que nada para mis hijos es un gran shock. Cuando llegamos pasó un mes y me decían: ‘mami, ya no queremos’. ¿Por qué? ‘Porque no me gusta. Ahorita para cuándo nos vamos a ir a nadar, para cuándo nos vamos a ir a pasear. Aquí no hay nada, mami. Ya vámonos’. Y yo me decía: ‘¿qué hago? Si nos vamos cómo pago la deuda, debíamos…’. Llegamos a deber esos 34 mil. Es que pedimos en un banco, ese fue el problema. Yo dije: ‘por qué nos metimos a eso’. Pero ni modo, lo que sea de todos modos lo vamos a pagar y a salir adelante. Pero el gran problema fue cuando mi hija me decía: ‘mami, ya vámonos’. Le digo, en vacaciones nos vamos y ya con eso se tranquilizó. Me decía: ‘mamá, aquí no hay nada y ves que la comida aquí no es igual, no sabe a nada’. Es que el sabor de la comida de allá es diferente a la de aquí, la tortilla, todo, más que nada el sabor”. ¿Qué era lo que más te gustaba? “Carne ahumada, el pollo de rancho, que se alimenta de maíz -es el que se cría, no el que se engorda para vender, que no tiene nada de químico- y ya sabe más rico.

De hecho, casi como estábamos en San Cristóbal y cada semana llegábamos a casa de mi mamá hacemos las tortillas, matamos un pollo y ellos (los niños) se van a jugar, como es un ranchito, en San Juan Chamula, y San Andrés Larráinzar es de mi esposo, y a veces cuando llegaban los descansos nos íbamos para allá. Nos íbamos a nadar a Pujiltik, en cáscadas de agua azul, ahí es donde mi hija más extraña. Ahí nos divertíamos mucho, es rumbo a Palenque. Ahí hay muchos lugares muy bonitos donde puede ir a divertirte, vas con tu familia, haces tu asado, llevas tu comida. Llegas a convivir con la familia y es gratis.

Hay otras personas que me dicen que por qué vine si allá está más bonito. Sí está más bonito, pero de la naturaleza yo no recibo dinero del turista; otros dicen que sí, pero yo no tengo el privilegio de tener lugar para vender. Hay muchos que tienen ese derecho, de generaciones, pero ya solamente meten a familia. Así va pasando en San Cristóbal, Tuxtla, Chapa de Corzo. Sí puedes vender la mercancía, pero con ellos, al mayoreo. ¿Cuánto ganaba yo? Si es mucho, unos 50, pero me dura quince días para hacerlo. Hacía muchos tapetes de lana, ¿y cuánto sacaba yo? 50 pesos de ganancia. La mano de obra ya lo incluye, ya incluye todo el material, y sólo gano 50 pesos. Yo digo, no”. ¿La ropa que vendes tú la haces? “La mayoría es de mi familia o mis conocidas de allá. A veces mi hermano se encarga, ya los dibuja, los corta y ya los manda con otras personas. Es que hay muchas personas, es el trabajo de las mujeres. Vendo blusas, a veces tapetes, servilletas, rebozos, pulseras, cintos y pajas. Todas hechas a mano. Una blusa de a precio de aquí 150, 180, 200 y otras 300, dependiendo”.

A esto le pongo fin

INTERIORES-CHIAPAS-SAN-CRISTOBAL-3
Sus hijos extrañan su estado, la naturaleza, las cascadas, la comida.

Amalia, en algún momento, tuvo que vivir y arreglárselas sola. Separada de su esposo Carlos, habló con sus padres. “Hablé con mi mamá y le digo que pasa esto, pasa lo otro. Mis papás no me decían nada, pero igual estaban en apoyo mío. Digo, yo les demuestro que también yo puedo sola. Es que como yo ya he tenido experiencia de otros familiares, a pesar de que les pegan ahí están, ahí están. ¿Pero por qué no se van, por qué no lo dejan? Yo no permito, yo no voy a permitir ese tipo de cosas conmigo”. 

Es saber que tienes derechos, “estudiando me di cuenta. Al principio que de parte de mi mamá, yo veía a mí mamá sufrir y decía ‘yo no’. Eché a perder mis estudios, sí, pero a esto le pongo un fin, dije. De la experiencia que yo había visto, escuchado y todo eso aprendí, es que conmigo no. Para mí tanto un hombre como una mujer son iguales, ¿no? Tienen derecho de hacer las cosas iguales, no como decían antes que la mujer en la casa, a la casa y a la casa, y el hombre a trabajar. Yo no, sí él puede divertir, una mujer también puede divertir. Excepto unas cosas, pero tienen derecho a ir al cine, exacto, a pasear y todo. Y las mismas obligaciones, lavar los platos, la ropa, los dos. Así con mi esposo, así somos. A mí me molesta ver a otras mujeres y que el hombre está acostado. No, conmigo no pasa eso. No, imagínese”.

Mi respeto

– Amalia, ¿eres zapatista?

No, nunca he estado con ellos.

– ¿Por qué?

Yo, la verdad… Mi esposo sí era, me platicó que salió cuando mataron a muchos zapatistas. Dejaron, creo, que en 1994. Yo tenía como tres años y él como cuatro años.Tuvieron miedo. Me platicó que se fueron huyendo, que salieron de la casa a un cerro a esconderse; y luego la matanza que hubo en Acteal y otra aparte en Rancho Nuevo. Ahí fue que dejaron de serlo. Y a mí papá y a mi mamá, creo que por el peligro, nunca quisieron meterse.

Luego yo no sabía por qué, de qué. Pero lo que el EZLN quería era el derecho de los indígenas, que antes no tenían derechos, y a partir de los zapatistas tuvieron derechos casi igual. Por eso yo digo: respeto a ellos”.

Eso es lo último de lo que habla Amelia. Un tanto tímida, reacciona al ver que se le toman fotos y pide que “por ahora” no se publiquen. Su historia es lo más importante, con eso nos quedamos.

[email protected]






Luis López




Entrada Anterior

Cornelio Reyna y Los Relámpagos del Norte

Siguiente Entrada

Culmina UG participación histórica en FIC; ahora irá “De la locura al idealismo”





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Cornelio Reyna y Los Relámpagos del Norte

SOMOSMASS99   LA MÚSICA DEL OTRO LADO Homero Flores   Monterrey, Nuevo León, México. Inicio de la década...

26/10/2015