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Cornelio Reyna y Los Relámpagos del Norte

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 26/10/2015

SOMOSMASS99

 

LA MÚSICA DEL OTRO LADO

Homero Flores

 

Monterrey, Nuevo León, México. Inicio de la década de 1960. El calor seco se dejaba sentir en las calles de la ciudad. Se antojaba tomarse una cerveza bien helada de la Cadillac. Y de paso escuchar el blues norteño del dueto Carta Blanca. Era siempre un placer refrescar el cuerpo, distraerse un poco y sumergirse en la voz chillona y medio rasposa de Cornelio Reyna acompañado de Juan Peña. Pero ese día algo había ocurrido en la cantina que cambiaría para bien  el ambiente musical fronterizo.

La sorpresa de aquel día fue grande, primero fue no ver a Juanito junto a Cornelio. En su lugar, cargando un acordeón que parecía más grande que él, se hallaba un chiquillo, no más de 16 años, que tocaba el instrumento con verdadera maestría. El grupo, ahora se llamaba los Relámpagos del Norte, y el nuevo acompañante era Ramón Ayala.  El blues norteño había adquirido nuevos matices que hacían vibrar la parte más sensible del alma y sacaban algunas lágrimas de macho y no solo estando borracho o en la cantina.

La primera grabación de Los Relámpagos del Norte fue la canción Ya no llores, hecha en Mac Allen, Texas, en 1964 con la compañía disquera Bego. Después vinieron muchos éxitos como El disgusto, Capullito de rosa, Idos de la mente, De qué es tu corazón,  Me agarro contigo, etcétera , etcétera.

 

 

En aquella época la influencia del rock venía fuerte del norte y pegaba duro entre la chamacada de la Sultana, por ello daba alegría ver que la música norteña en jóvenes como Cornelio Reyna quien debió tener  unos 20 años cuando formó el dueto con Ramón. Además muchas de las canciones eran compuestas por el propio Reyna.

La aventura continuó con giras en el norte de México y el sur de Estados Unidos, se grabaron muchos discos y la fama les alcanzó con todos sus inconvenientes y ventajas.

En 1971, los Relámpagos del Norte emitieron su último destello en la noche estrellada de las praderas de Texas. Cornelio Reyna siguió con su carrera de solista y actor, mientras que Ramón Ayala formó sus inseparables Bravos del Norte.

El tiempo no se detiene, como dicen por ahí, Después de 30 películas y un sinnúmero de canciones compuestas, Cornelio Reyna se cayó de la nube en que andaba y murió en la Ciudad de México a los 56 años de edad, mientras que Ramón Ayala, convertido en el indiscutible Rey del Acordeón, sigue como judío errante en bailes, ferias y palenques en México y Estados Unidos, haciendo vibrar el alma con su blues norteño.

Nadie hubiera podido decir qué pasaría años más tarde,  pero fue agradable salir una noche de la Cadillac, haciendo eses por las calles y susurrando por lo bajo el blues aquel que a veces hacía llorar: Una lágrima y un recuerdo, en mi mente llevaré.

 

 

 

 

 

 

 

 

 






Luis López




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