SOMOSMASS99
Víctor Corona*
Antes de tiempo

Siempre supe que moriría
que lo haría antes de tiempo
-si es que hay un tiempo para la muerte-
lo supe cuando lo veía despertarse temprano
y empinarse la botella
o yendo a Rosarito antes de las 6
tomarse una copa de vino
muecas de dolor de mi madre
ese pinshi vicio.
Varias veces sonaron las alarmas
cristales rotos
derrumbes en la carretera
brazos fracturados
días de reflexión
ya no voy a pistiar
levantarse temprano
serio
ponerse ropa deportiva e ir a correr
a veces yo lo acompañaba
verga
lo quería tanto
me gustaba su olor
a grasa de dar brillo a las botas
me gustaba su voz
que contaba historias de la sierra
que cantaba
alegre
rolas de Jorge Negrete
me gustaba
de morro
cuando nos cocinaba pollo con un shingo de mantequilla
zanahorias
y champiñones en lata
o cuando ponía a los Cadetes de Linares
o a Los Tigres del Norte
rolas viejas
tan viejas que musho shilango piensa
que son de hace poco
verga
pinshis shilangos.
Siempre supe que moriría antes de todo
y pensaba en él
mientras yo estaba aquí
del otro lado del mundo
también
enfundado en un uniforme
viajando a Zurich como azafato de tren
negociando con policías fronterizos si despertar
-o no-
a pasajeros sin destino.
Pensaba en esos momentos
cuando mi madre decidió que yo comiera aparte
-no me soportaba-
tan marica yo
tan llorón
tan teatrero
tan miedoso.
Siempre supe que acabaría antes de tiempo
antes de que tuviéramos tiempo
para acurrucarnos juntos
al final más o menos pudimos
Me dijo una vez
no me gusta que te vayas
pero es la vida
pinshi vida.
Mañana tendría que cumplir sesenta y cinco
a esa edad la raza en Barcelona aún vislumbra la vida por delante
pero mi jefe
no conoció zapatos hasta los 17
nació con el sello de la muerte en el cráneo.
Un día me llamaron diciendo que estaba a punto de morir
-y fui al instante-
no murió
no te pases de verga
-le dije-
no la busques desde tan cerca
Se alivianó
Se repuso.
Después un manto pesado cayó encima de él
me dijo estoy enfermo
a la distancia
todo eso para mí fue como incierto.
Mi hermano me dijo está muerto
yo lo vi
-insistió-
y lo besé en los labios
Nubes negras
tormentas
un manto de tristeza
te dice la raza
no te acostumbres
-a ser el triste-
a nadie gustan los tristes
y verga
a nadie gustan.
Y yo lo he buscado en las sonrisas
en las caricias que me quedan
en esas risas que resuenan
en marranitos de madera de cuerda
en papalotes de papel de shina
en la arena pegada en la arena
esas tardes de pesca con shinshorro
en esos viajes soñados a Cataviña.
Y es verdad que a nadie gustan los tristes
-los tristes valen verga-
tengo que tragarme las lágrimas
a quien verga le importa que mis shamacos
no escucharan nunca las risas de un abuelo mexicano
de un abuelo alcohólico
de un abuelo atormentado.
Yo me subo la mascarilla que ya viene el tren
tengo aún mushas horas por delante
algunas de pena
algunas de alegría también
no soy el único
ni seguramente el peor
al menos de los que puedo ver en el andén
las puertas del tren se abren
siempre supe que moriría antes de tiempo
nunca supe que ese tiempo sería tan corto.
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.
Foto de interiores: Robert Tudor (@ashkya) / Unsplash.
Foto de portada: Justin Kauffman (@justindkauffman) / Unsplash.
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