SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Lunes 26 de julio de 2021
«Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, era tanta la afrenta… Pero vive, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno… hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darles su sangre y sus vidas para que él siga viviendo en el alma de la patria».
– Fidel. La historia me absolverá
Hace 68 años, los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, marcaron el inicio de la recuperación de la dignidad del pueblo cubano, quien vivía en condición de neocolonia, subyugado por el imperialismo yanqui.
Aun cuando en el terreno militar esas acciones culminaron en derrotas, la rebeldía, la convicción y determinación por conquistar su liberación y su verdadera independencia, permanecieron y se extendieron en el pueblo y en toda la isla, hasta que con el triunfo del Ejército Rebelde se convirtieron en realidad el 1 de enero de 1959.
Los jóvenes, liderados por Fidel, que en reivindicación de Martí decidieron luchar por la liberación de su patria, la Generación del Centenario —mártires y sobrevivientes de las acciones del 26 de julio de 1953, algunos de ellos, después, expedicionarios del Granma—, parecen haber sido descritos por el Apóstol en un pasaje de su texto Tres héroes, en el que refiriéndose a Bolívar, Hidalgo y San Martín, señalaba:
«[…] Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana […]»
Con la lucha, el triunfo y la defensa de la Revolución esa virtud, la dignidad, se consolidó, al grado de convertirse en una fuerza moral y que caracteriza a esa nación y en poderosa arma contra el acoso y ataques del imperio, a la vez que ejemplo para los pueblos del mundo.
El hecho de que Cuba, un pequeño país insular situado a 90 millas del imperio, separado solamente por el Estrecho de Florida, rompiera las cadenas que lo uncían y mantenían totalmente dependiente de ese imperio, el que en 1898 frustró su independencia de España y hasta 1958 mantuvo a la isla bajo su dominio y control —y si no pudo llevar a cabo la tan anhelada anexión, fue precisamente por la rebeldía y dignidad que habían forjado a los patriotas cubanos en su larga lucha contra el colonialismo español—, esa osadía significó una afrenta indigerible para quienes se sentían los amos del continente.
Ante tal afrenta, el imperio ha intentado, de las más diversas maneras y con todos los medios de que dispone, doblegar a Cuba y a su Revolución, y lleva más de 62 años sumando fracaso tras fracaso.
Es por ello que desde 1959, al darse cuenta que la Revolución no era un simple cambio de personas en el gobierno sino un esfuerzo serio por cambiar el rumbo de su país y recuperar su independencia y soberanía, el imperio cataloga a Cuba como una dictadura.
Y como no tiene de aliado al poder económico y corruptor de una oligarquía local, la cual salió de la isla en 1959, ni medios de difusión internos que le hagan coro, utiliza a un grupo de personajes sin decoro alguno ni calidad moral, que se venden por las migajas que dejan caer sus amos en Estados Unidos y otros lugares, y a gritos piden la intervención militar yanqui en Cuba, condición que los aleja y aísla del pueblo, razón por la que están condenados al fracaso.
Después de sus continuados fracasos, ahora, con sus indecorosos peones internos, el apoyo de la más reaccionaria derecha internacional y el empleo de una abrumadora ofensiva mediática sustentada en la mentira, pretende hacer creer a la opinión pública mundial que en Cuba se vive una crisis política y de derechos humanos que se agudiza con la pandemia, y así crear condiciones para una intervención «humanitaria», porque su golpe blando simplemente ahí no funciona.
Chocarán siempre con la rebeldía y la dignidad, ya no de un puñado de patriotas sino con las de un pueblo entero, que las recuperó ese 26 de julio del año del centenario del natalicio del Apóstol.
Y quizá esa actitud pueda resumirse en las palabras del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, que, recientemente, en un acto de reafirmación revolucionaria, dijo:
«Cuando un pueblo ha llegado tan lejos en la realización de sus sueños y en la conquista de derechos, que para medio planeta son una quimera, no lo detiene ni la violencia ni el miedo.»
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: CubaDebate.
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