SOMOSMASS99
Oscar Alzaga*
Miércoles 26 de julio de 2023
“Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar un atentado entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza. Si la Francia, los Estados Unidos o cualquiera otra nación se apodera de algún punto de nuestro territorio y por nuestra debilidad no podemos arrojarlo de él, dejemos siquiera vivo nuestro derecho para que las generaciones que nos sucedan lo recobren. Malo sería dejarnos desarmar por una fuerza superior; pero sería pésimo desarmar a nuestros hijos privándolos de un buen derecho que, más valientes, más patriotas y sufridos que nosotros, lo harían valer y sabrían reivindicarlo algún día”.
– Benito Juárez. 2 de marzo de 1865.
A 18 años de perder México la mitad del territorio por la invasión del ejército de Estados Unidos y el Pacto de Guadalupe del 2 de febrero de 1848, la conciencia política de Juárez lo llevó a esa reflexión patriótica (en medio de la invasión francesa), muy diferente visión a la del conservador y traidor Santa Anna. Juárez nunca transó con nadie y unificó al pueblo hasta que arrojó a los franceses del país y llevó al paredón a Maximiliano, Miramón y Mejía. Juárez supo del gran valor de la resistencia que llevó junto y apoyado por el pueblo.
En los primeros días de julio de 2023 Osorio Chong acusó a “Alito” de ser el autor de la destrucción del Partido Revolucionario Institucional (PRI), lo que, sin dejar de ser cierto, por las incoherencias del dirigente, está lejos de ser el responsable del declive final del PRI -fundado en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR), luego, en 1938, fue Partido Revolucionario de México (PRM) y en 1946, PRI-, que fue el partido nacional más importante del siglo XX y casi el único, pues solo tuvo comparsas, sin que le hicieran sombra. No obstante, durante esas tres etapas fue un partido casi único, pero diferente en cada una.
Sería hasta 1988 cuando surge realmente el pluripartidismo: PRI, PAN, PRD y otros, a raíz del fraude electoral que llevó a Salinas a la presidencia y por el triunfo popular de Cuauhtémoc Cárdenas, lo que rompió el monopolio político del PRI.
En realidad, los que destruyeron al PRI fueron los 6 gobiernos neoliberales, de 1982 a 2018, ya que antes -con Diaz Ordaz, Echeverría y López Portillo- se alejaron de la Revolución, la Constitución del 17 y el Cardenismo de 1934 a 1940; pero después traicionaron esos principios. Desde De la Madrid hasta Peña Nieto se volvieron en contra de la Revolución, la Constitución y la obra Cardenista.. El pueblo no ha olvidado esa trayectoria, como no olvidó tampoco la obra cardenista.
Salinas (1988-1994) se adelantó a hacer cambios en su provecho, invitando al PAN, al gobierno de Estados Unidos (EU) y a la iglesia -que no falla a la derecha- a apoyarlo y reconocerlo, en contra del descontento popular. Lo cual le costó al PAN la muerte “accidental” de Clouthier, y al PRI romper con la Quina y sus seguidores, con el “quinazo” o charrazo del 10 de enero de 1989, al estilo alemanista: con el uso del ejército y de los medios; un mes completo duró la “noticia” del quinazo (Alemán acabó con los petroleros democráticos e independientes con los charrazos y el uso del ejército y medios, en 1946 y 1949).
Y también le costó al PRI un momentáneo distanciamiento con la CTM, que protegió dos días a Barragán Camacho, en su sede. El 11 de enero de 1989 la CTM cubrió toda la prensa con desplegados de protesta, en defensa de la Quina, Barragán y el STPRM. Pero al tercer día, ante la amenaza de Farell Cubillas -secretario de Trabajo- a Fidel Velázquez: “Entrega usted a Barragán o entra el ejército a sacarlo de la CTM”, Fidel Velázquez optó por la traición.
Durante esos gobiernos, la oligarquía nacional y la internacional aprovecharon la derechización de México para sacar la mayor “tajada” con la privatización de las empresas estatales, de la banca, carreteras, puertos, fronteras, playas y otras riquezas y bienes nacionales producto de la Revolución, la Constitución y la obra Cardenista, incluso de López Mateos (que mexicanizó minas, siderurgia, metalurgia y Luz y Fuerza), al grado de restructurarse la oligarquía -siempre sin dar la cara- con nuevos ricos y, a partir de entonces, con presencia internacional.
En el 2000 el PRI no solo perdió con el PAN y Fox, en realidad “se unió a ellos” para hacer una sola fuerza, así el PRI se puso atrás del PAN. Fox de modo inmediato dio muestras de no poder sostener un discurso completo, solo frases inconexas, por eso recurrió a Rubén Aguilar, para que, después de hablar Fox, aquel explicara: “lo que quiso decir el presidente”.
En 2005 advirtieron que era posible perder con AMLO en 2006, por eso procedieron unidos -PRI, PAN y medios- al desafuero de AMLO, con el apoyo de EU, la OEA y, de paso, España, para que AMLO no ganara en el país y evitar también que se sumara a la unidad latinoamericana que en 2005 llevó al triunfo el ALBA y al fracaso el ALCA de los yanquis (un TLCAN para Latinoamérica).
En 2006 las fuerzas neoliberales bien definidas (con la oligarquía atrás de todos y todo, como enemigo principal de los rabajadores y el pueblo) hicieron que los medios jugaran un papel central y abierto en el segundo fraude: con una amplia campaña de miedo para el pueblo y, sobre todo, las clases medias: “AMLO es una amenaza para México”, “Perderás el trabajo” y otras linduras. Y “Haiga sido como haiga sido”, dijo el cínico Calderón.
Fueron los 12 años del PAN al frente, con el apoyo del PRI a la vista de todos; así, el negocio sucio y la corrupción se ampliaron con Calderón hasta el narco y el tráfico de armas, y el país siguió en retroceso con inconstitucionales reformas regresivas: la laboral de 2012, la educativa de 2013 -con Peña-, la energética de 2013. Gobiernos y empresarios, de la mano, prepararon con el tercer fraude electoral presidencial de 2012, de nuevo en contra de AMLO. Degradaron toda la vida nacional, los tres poderes, la educación -dejó de lado la historia nacional, intentando borrar la memoria del pueblo y trabajadores-; y los medios, todavía, se sobrepasan con sus “mensajes”.
El festejo por los 100 años de Revolución y 200 de la Independencia, en 2010, le tocó a Calderón, haciendo en Palacio Nacional la magna exhibición de las dos fechas más importantes de la historia, con una exposición hueca de contenido, al estilo de Televisa y TV Azteca, humillante, degradada, propia de quien ocupaba la presidencia, de la oligarquía y del PAN. Ya entonces el PRD había engrosado las filas de la alianza PRIAN, gracias al fraude electoral de “los chuchos” contra Encinas (2009), con apoyo del INE y el Tribunal Electoral, ambos en manos de la “alianza”.
En 2012, con el tercer fraude electoral, gana Peña Nieto, apoyado por el “Pacto por México” del PRIAN, PRD, los medios y la encapuchada oligarquía; lo primero que hizo Peña fue cambiar los estatutos del PRI, que prohibían privatizar Pemex y CFE, para dejar libre el camino y privatizarlos; hace los cambios constitucionales que amarran el futuro de las privatizaciones y la “autonomía” del INE, INEGI, etc.
Solo, el PRI -como en los viejos tiempos- nunca hubiera llegado a la presidencia con Peña Nieto en 2012, ni tampoco Salinas en 1988 ni Calderón en 2006. Fue con la constelación de fuerzas de derecha aliadas desde 1988 a 2018, bajo el manto de la oligarquía, como se sostuvieron en el poder político, social e internacional.
Y la degradación de la vida pública y las instituciones sigue su caída, avanza la corrupción y la pérdida de derechos ciudadanos, laborales y sindicales, y de la soberanía nacional siguen desbocados: de 2012 a 2018, en varias elecciones estatales y municipales, el PRI pasa al tercer lugar y hasta quinto lugar. Bien lo sabe Osorio Chong.
En 2018, no fue el hartazgo de parte de la clase media sino la indignación popular en contra de esos seis gobiernos lo que produjo el cambio; la indignación popular es la que provocó el cambio electoral, social y político del país y, desde luego, la larga trayectoria de lucha popular de AMLO. La notable diferencia de votos a favor entre AMLO y los otros candidatos hizo imposible otro fraude electoral, el cuarto. Fue un triunfo contundente del pueblo y López Obrador.
¿Por qué no participó igual -con esa indignación- la clase trabajadora en la elección de 2018? Porque fue la clase social más golpeada por la oligarquía y la burguesía, partidos, instituciones y autoridades en esos seis gobiernos de 1988 a 2018. Lo hemos explicados en otros artículos: cómo se destruyeron sindicatos, contratos colectivos de trabajo, las huelgas, la seguridad social del IMSS e ISSSTE, la educación pública, los derechos laborales y sindicales, los humanos de la clase productora y productiva, creadora de la riqueza. Lo cual no tiene nada de casual ni sorpresivo, porque la derecha internacional esta consciente, del poder que guardan los trabajadores cuando se unifican y organizan, libre y democráticamente.
Los enterradores del PRI son ellos mismos, en plena descomposición y abrazando el neoliberalismo; los traidores que renegaron ocultándolo de lo mejor de la historia de México del siglo XX: la Revolución del 10, la Constitución del 17 y las obras de Cárdenas de 1934 a 1940, siempre precedidas de las luchas de los trabajadores. Hoy encabeza el PRI el paso de su cadáver, que va detrás del PAN y el PRD, y los tres: guiados por la clase patronal. Hoy ninguno es capaz de participar en elecciones de manera individual, son muy débiles y solo exhibirían la miseria que representan. Esas fuerzas de la derecha nacional están alineadas con la derecha yanqui, la OEA y la derecha internacional, la OTAN y hasta con los franquistas.
Por otro lado, en cuanto a los precandidatos de Morena y sus aliados, ninguno tiene la larga trayectoria de lucha de AMLO ni el prestigio ni su acercamiento con el pueblo; sobre todo la honestidad probada. Hay los que quieren la “reconciliación nacional”, con los hoy enemigos de la democracia. Morena y aliados requieren una escuela de cuadros políticos y sociales que eleve el nivel de sus dirigentes y militantes; requiere un programa nacional e internacional, programas regionales que sean producto de una amplia investigación y debate, que incluyan principios, metas, disciplina y militancia, tácticas y estrategia.
Menos improvisación, como en la elección de Coahuila, y más unidad, cohesión y solidaridad social y política. Menos individualismo y grupos en busca de colocarse en puestos, y más organización de Morena y superación ética y política de sus militantes. Siempre vinculados con el pueblo y los trabajadores, así como consultándolos para las decisiones más importantes de la nación.
* Abogado del Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL), y la Asociación Internacional de Juristas Democráticos (AIJD).
Foto: Perfil Formosa.

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