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Alfonso Díaz Rey*
Lunes 8 de octubre de 2018
«La palabra enseña, el ejemplo guía»
– Che
Han transcurrido 51 años desde que fue cobardemente asesinado aquel 8 de octubre de 1967, en Bolivia; sus captores y asesinos, fieles servidores del imperio, pensaron que con su desaparición física lo harían también sus ideas. Cuán equivocados estaban.
Fue la congruencia entre su pensamiento y acción lo que concitó el odio y temor del imperio y de sus aliadas clases dominantes en países subordinados al capital, por el «mal ejemplo» y el peligro que representaba esa «acción consciente» al dominio sobre esos países y sobre los demás estratos y clases sociales dentro de ellos; temor que aún se manifiesta en los contenidos ideológicos de la propaganda burguesa.
Tras la desaparición física del Che el mundo ha cambiado: desapareció el campo socialista europeo y ello produjo una crisis ideológica en las fuerzas progresistas y de izquierda, el capital financiero ha extendido su dominio como nunca antes en casi todo el planeta y el imperialismo norteamericano se siente con el poder y el derecho para controlar el mundo.
Pero han ocurrido otros cambios. Entre otros: la derrota imperial en Vietnam, el gran ejemplo de dignidad de Cuba y su pueblo en la tenaz defensa de su Revolución; el surgimiento de movimientos progresistas que con diferente intensidad, formas y contradicciones se resisten a los designios del imperio; el surgimiento de China como potencia económica y militar; el rechazo generalizado a un orden unipolar que Estados Unidos pretende imponer; la grave crisis migratoria mundial causada por la explotación imperialista en África, Asia y América Latina y el Caribe.
Además los problemas que el sistema capitalista genera persisten, agravados o con nuevas expresiones. Persisten la desigualdad, el saqueo de recursos, la antidemocracia, la pobreza extrema, la explotación, la insalubridad, la corrupción, la guerra y la injusticia, entre otros.
En un mundo como el actual es imposible olvidar a un ser humano que simboliza la dignidad, la solidaridad, el antimperialismo, la responsabilidad, la valentía, el compromiso y la entrega, el desapego a lo superfluo, al estudioso y al educador, al guerrillero, el análisis riguroso, la crítica y autocrítica y el amor a la humanidad,
Esas y otras cualidades confluían en el Che. En todos esos aspectos de su vida hizo valiosos aportes que no han perdido vigencia. Tratar de entenderlo o explicarlo sin tomar en cuenta todos esos aspectos, es reducirlo. Con ello no se trata de presentarlo como un superhombre; era un ser humano como todos, pero de un nuevo tipo.
Para el Che la palabra y la acción son inseparables y tan urgente es pensar como hacer. Por ello sus acciones siempre estuvieron enmarcadas en una perspectiva estratégica.
Y un mundo en el que la población joven es atraída al individualismo y al egoísmo con la falsa ilusión de convertirse en poseedores de riquezas materiales, es necesario volver al Che y aceptar el desafío de convertir en práctica el ejercicio de un pensamiento creador.
Quizá por ello en el 80 aniversario del natalicio del Che, Frei Betto preguntaba, y respondía: «¿Cuál es la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Che? Creo que el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud; la práctica de la justicia una exigencia ética; el socialismo el nombre político del amor». La respuesta es válida para hoy.
Hoy, pasado medio siglo de su caída, su pensamiento y ejemplo continúan vigentes y su imagen, convertida en símbolo, está presente en todos los rincones del planeta donde se lucha contra la injusticia y la desigualdad.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Ciudadano Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Ernesto Che Guevara. | Foto: Engin Akyurt / Pixabay.
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