SOMOSMASS99
Esther Sanginés García*
Miércoles 24 de junio de 2020
El Covid-19 detuvo parte de la actividad humana, la naturaleza siguió su curso y en muchos casos renació, algunas personas, con posibilidades de hacerlo, transformamos nuestras relaciones sociales, nos fuimos encerrando. Algunos países europeos, americanos, asiáticos cerraron sus fronteras, después las escuelas; ciertas comunidades, como nuestra vecina Comonfort, se encerraron en sí mismas; luego fue quedarse en casa y muchos estamos confinados en los límites de nuestras viviendas, con salidas esporádicas para aquellos menesteres indispensables.
Pero hubo otros que no pudieron parar: las actividades agrícolas, ganaderas y, junto con ellas, todo lo que implica la producción y distribución de alimentos, los servicios de mantenimiento de carreteras, la distribución de gasolina, la recolección de basura, y demás servicios fundamentales. Algunas situaciones como la violencia se recrudecieron, los crímenes, tan sólo en el municipio de Celaya, se han multiplicado, las agresiones dentro de las familias y hacia mujeres y niños han aumentado; insólito, los ataques a médicos y enfermeras por miedo al contagio muestran una faceta vergonzosa de la humanidad.
A muchos les parece lejano…
En mi caso se ha llevado a personas que admiraba, como Óscar Chávez y con quien hace algunos años tuve trato personal; después a amigos queridos. El que más me dolió fue Luis Manuel Bárcenas, médico nutriólogo; recuerdo nuestras conversaciones sobre alimentación, los problemas de la educación escolarizada, la amistad, el desarrollo de los niños. Él optó por la Escuela en Casa para su hijo, y juntos revisamos algunas teorías pedagógicas que fue probando. Transcribo el mensaje que me mandó mi hermano: “La Fundación Sigo a tu lado rinde sincero y sentido homenaje al Dr. Luis Manuel Bárcenas Reséndiz, fundador del Instituto de Investigación y Desarrollo de Ciencias Aplicadas, Clínica de Metabolismo y Nutrición LAPREC, quien falleció en el esfuerzo por salvar las vidas de sus pacientes en la pandemia que México y el mundo están viviendo. Nuestro reconocimiento. Descanse en paz” (doy los nombres porque sus casos fueron públicos, otros los mantengo sin mencionar porque se han dado agresiones a familiares de quienes se han contagiado).
Canto para no llorar, junto con Alberto Cortez: Cuando un amigo se va//queda un espacio vacío //que no lo puede llenar // la llegada de otro amigo.
Y el círculo se fue cerrando
El 23 de mayo, mi hermano, médico especialista en medicina social, mandó al grupo familiar un mensaje en WhatsApp diciéndonos que teníamos a la primera persona de la familia con Covid. La hija de mi hermana mayor (somos cuatro hermanas y cuatro hermanos), sus síntomas: fiebre, dolor de cabeza, diarrea, tos seca, pérdida del olfato y del sentido del gusto; pasaron cuatro días en que toda la familia se movilizó, mi hija consiguió un tanque de oxígeno.
Las pruebas se hicieron. Los resultados salieron positivos.
Ocupados y preocupados decidimos rehacer la historia. Mi sobrina trabaja en una agencia funeraria en la Ciudad de México, no pararon. Si se quedaba en casa ¿quién mantendría a sus tres hij@s, dos jóvenes, el mayor de 18 años, mi sobrina nieta de 17 y una niña de 10 años? Confiamos en que saliera adelante sin hospitalización, lo logró, estuvo muy grave, lo peor fue no poder respirar. Afortunadamente pudimos conseguir el tanque de oxígeno para que pudiera atenderse en casa y no en el hospital.
Sólo que hubo otras reglas que no pusieron en práctica. El 20 de mayo fue cumpleaños de mi hermana, cumplió 74. Mi sobrina y sus tres hijos fueron a comer con ella, según comentan, usaron cubre bocas. ¿De verdad? ¿Se puede comer con cubre bocas? Se hicieron pruebas a toda la familia que había tenido contacto directo: mi sobrina nieta de 17 años que cuidó a su mamá, la niña de 10 que estuvo con su papá, el varón de 18 años que se quedó en casa de mi hermana. Mi hermana, a pesar de estar entre la población de riesgo –por su edad− decidió ayudar a su hija, lavando la ropa, cocinando.
¿Qué tanto se extendió la enfermedad? ¿Cómo se dio la reacción en cadena? La joven de 17 años tuvo síntomas menos graves que su mamá y la prueba salió negativa.
Mi hermana y su nieta de 10 años salieron positivas, están asintomáticas. ¿Qué tan confiables son las pruebas? No lo sabemos.
Pero, realmente, ¿podemos desentendernos? ¿Podemos dejar de ayudar a nuestros seres queridos? NO ¿y ahora cómo le hacemos para ayudarlos y cuidarnos? Somos personas de comunidad, somos familia.
Nos queda actuar con responsabilidad, con la ayuda a quien lo necesita y con el cuidado recomendado. ¿Qué nos vamos a enfermar todos? Tal vez. ¿Qué muchos se van a aliviar y se están aliviando? Indudablemente. ¿Qué debemos mantenernos en casa a menos que sea estrictamente necesario salir? Si somos responsables lo haremos, para no saturar el sistema de salud que 30 años de desmantelamiento dejaron en muy malas condiciones. Recordemos el principio ético del “cuidado de sí mismo y de los demás”.
Me siento triste, la enfermedad aun sin hospitalización es muy dura, la náusea, el vómito, las dificultades para respirar. Aunque estoy decidida a vivir el día a día y no adelantarme a los hechos, me asalta la preocupación por mi hermana, por mis tres sobrinos y por el papá de mis sobrinos, porque tres tuvieron resultados positivos en las pruebas; por toda la gente con la que tienen contacto directo. Ahora, más que nunca, ponen en riesgo a los demás y, aún así, quiero abrazarlos y tenerlos junto a mi corazón, los amo profundamente. Y, con sentimientos contradictorios, también agradezco al sistema de salud actual, que ha respondido con rapidez, eficiencia y cariño.
Las pruebas son caras y lentas y no muy confiables; por lo menos yo prefiero que el presupuesto se dedique a la curación; la prevención depende de que sigamos con las medidas de quedarnos en casa el mayor tiempo posible, no visitarnos, mantener el contacto por teléfono, arroparnos y seguir guardando la sana distancia. Mi sobrina va mejorando, es relativamente joven, 45 años, nunca fumó, ni tuvo vicios, está un poco pasada de peso pero no es obesa, y no tiene ninguna enfermedad crónico degenerativa, aún así la ha pasado bastante mal. Mi sobrina nieta de 17, su hija, ha empezado ya con síntomas, menos fuertes que los de su mamá. Confiamos en su juventud.
Agradezco a todos los que no pueden parar para que podamos seguir viviendo, su trabajo y entrega, a todo el personal de salud; al doctor López-Gatell que parece no descansar, a los que mencioné antes y los vuelvo a mencionar: los que se dedican a las actividades agrícolas, ganaderas, y junto con ellas todo lo que implica la producción y distribución de alimentos, los servicios de mantenimiento de carreteras, la distribución de gasolina, la recolección de basura, y todos los servicios fundamentales; me enoja que algunos por codicia no hayan parado empresas no esenciales, que otros pudiéndose quedar en casa no lo hagan por irresponsabilidad.
Suspiro, esto es temporal. ¿Cuánto? Tal vez todo el año, no más.
Es también tiempo de siembra, de ir hacia nosotros mismos y darnos cuenta de quiénes somos. Y también de saber que debemos aprender a vivir con los virus, unos menos y otros más agresivos; para ello, lo que podemos hacer es sembrar salud. Cuidarnos, cuidar a los demás, comer bien, ejercitarnos y sobre todo estudiar, prepararnos, defender el sistema de salud.
Sembrar.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Foto de portada: Beniamin Şinca (@bensinca) / Unsplash.
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