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De bolas y trapitos

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 30/07/2018

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 30 de julio de 2018

 

Extrañamente, esta semana me voy con el futbol.

Ya sé, el mundial ya terminó.

Y ya sé, el futbol, así como deporte de vamos a estadio o prendamos la tele, no me gusta. Y eso que de chica la hacía bien de portera y he de tener por allí una medallita dioro, bien guardadita.

 

Pero es que acaban de presentar los nuevos uniformes de varios equipos y claro, siendo mujer, me gusta hablar de trapos, ¿verdad…?

 

Los colores son los de siempre: azul y blanco, rojo y blanco, verdes claros y obscuros, amarillos y naranjas.

No hay mucha sorpresa.

Luego para lo de las rayas, puntos, escudos y patrocinadores, pues seguimos en modas de años pasados.

Lo que me llama la atención es lo largo de los pantalones cortos.

O me engaña la vista o los shores de las féminas están bastantes más cortitos que los de los briosos jugadores.

La apreciación es a puro ojo de buena feminista. En proporción y porcentaje, no me fui a medir nada con mi metro de costurera, no, no…

Busqué varias explicaciones posibles:

Una, obvio, la forma diferente de los cuerpos. Las piernas y glúteos femeninos son en general más curvilíneos, tal vez se necesitara acortar la medida en piernas para ahorrar la tela que se iba a gastar en dichas curvas y así, vender los uniformes al mismo precio, evitando discriminaciones género-económicas. Aunque me sé otras curvas bultosas que podrían descartar esta explicación. De las de arriba, con o sin brasier, y de las de abajo, con o sin suspensorio.

Dos, por qué no, podría ser una cuestión de pilosidad. Los hombres son algo más peludillos que las mujeres, en general. Las mujeres se depilan piernas y muslos, menos en general, pero sí en lo particular. De allí a que haya una teoría física de capilaridad tela/vello no me sorprendería. Aunque sería entonces suficiente con que les regaláramos tantita cera para depilar, en frío, no hay que ser bárbaros, a los jugadores masculinísimos. Con cremita pa’l ardor.

 

Tres: Podría ser un rollo de tanates. O mejor dicho de tanates a la vista. Es cierto que al sentarse algunos hombres vistiendo shores, de repente se ven cosas sorprendentes. De ésas que se escapan de choninos y redecillas. Tal vez lo que se haya acentuado sea lo largo de la tela en hombres y no lo corto en mujeres. Que te diré que a las mujeres igual les vendría bien algo más larguito, porque luego lo corto se mete de mala manera a ciertas rajas y la sonrisa vertical se acalambra gacho. Ya parece mueca en lugar de invitación a comparar tamaños y colores.

 

Cuatro: ¿Qué te digo…? Lo de siempre, el diseñador ha de ser hombre. O el comprador. O el patrocinador…

 

Igual se buscaron una teoría comercial onda “Hay que atraer al posible cliente con cosas bonitas”, “El futbol femenil no es deporte, métanle algo interesante”, y esas cosas que de repente se oyen, se ven, se compran porque se creen…

 

¿Qué tal si en lugar de ver piernas en la tele, que bolas no nos dejan ver, nos vamos al terreno y nos echamos unas chelas?

Yo invito.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Imagen de portada: Pixabay.






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