SOMOSMASS99
Víctor Corona*
Básicamente estoy de acuerdo contigo. Acabar una tesis no significa casi nada. No significa que seas mejor persona. Tampoco significa que seas más inteligente. Ni que hayas ido a las mejores escuelas. Pero el “casi” es importante, al menos para mí. Acabar algo que empezaste, lo que sea, no siempre es fácil. Es importante porque, de alguna manera, cierras un camino que ya no volverás a pisar. Como diría el Rafa, significa quemar las naves. Significa que ya no hay para atrás.
Pensando en probabilidades. ¿Cuántas había de que tú pudieras hacer un doctorado, cuando iniciaste la primaria en Ciudad Azteca o en Villahermosa, con la maestra que pegaba? ¿Cuántas había cuando salías con los sholos del barrio que te decían que estudiar era cosa de morras ?
Bien, quisiera hablar de ti sin hablar de mí, aunque no sé si lo logre.
Yo cuando me fui de casa eras un niño. Los dos lo éramos, pero yo aún no lo sabía. Me fui y ni siquiera me acuerdo si me despedí de ti. Ni siquiera me acuerdo si te extrañé, pero estoy seguro que sí.
Tenías catorce o trece años. Eras casi el mismo que ahora.
Entre callado y melancólico.
Retraído y concentrado.
Obsesivo y maniático.
Amante del futbol, del básquet y del box.
Aficionado a los juegos de consola.
Burlón y con poco apetito.
El pequeño de una casa pobre, pero el pequeño a final de cuentas: el consentido.
Volví a casa unos meses después y me sorprendió verte. Ya habías entrado a la prepa y dejado el barrio. Ya empezabas a tener tus amigos, muchos de los que conservas hasta el día de hoy. Habías leído El Manifiesto del Partido Comunista y algún libro de Rius que yo había dejado. También habías escuchado a Silvio. Ya te perfilabas hacia el lado izquierdo de la vida.
Yo para ese entonces me sentía adulto. Salía, pistiaba y fumaba. Evidentemente, no lo hacía aún frente a nuestros padres. En algún momento fuimos juntos de camping a la Laguna Hanson y recuerdo que para ti fue un suplicio. Yo pistié y fumé frente a ti. Pensé que ya podía hacerlo y que guardarías el secreto. No fue así. Le dijiste a mi mamá. Aunque me agüité en el fondo me dio gusto. Pensé, sigue siendo un morrito y sabe qué es bueno y malo para mí.
Después tengo un vacío en la memoria. Me viene Tijuana y tus tiempos de rockstar. Te iba a toda madre. La raza te quería un shingo. Fuiste presidente de la sociedad de alumnos. Un cargo que yo nunca pude tener (se me veía a la legua mi actitud tirana y dictatorial). Tengo la impresión que la uni para ti fue más party que otra cosa. Party, amigos y amores. Pero también la consolidación de una ideología, de una forma de vida. Decisiones que nos hacen estar de un lado u otro de la balanza. Tú también te decantaste por el lado de los jodidos. Quizá más por dogma que por razón. Quizá más por sentimiento que por ideología.
Me vienen imágenes contadas por ti.
Una morrita a la que amas que te abre.
Un vato que te roba en plena autopista de Tecate.
Un carro ponchado.
El Juanito pedísimo y hasta vomitado.
El bar El turístico.
Charles Bukowski y sus historias de putas.
Ensenada, la pobre.
Después Monterrey. Llegar al aeropuerto sin dinero. Sin direcciones. Quizá con unos burritos de huevo con chorizo hechos por mi mamá. La noche desnuda, así como son las noches mexicanas, cabronas. El Tec de Monterrey tampoco fue gran cosa. Conociste a Chela y las puertas de las posibilidades se abrieron.
Anna se acuerda que estábamos en Guerrero Negro cuando te confirmaron el jale. Leías un libro de estadística indescifrable para nosotros. El desierto más poético se alzaba desde la ventanillas del coche pero tú estabas ensimismado en tu mundo de números, probabilidades y juegos. Tu mundo, supongo, un poco más ordenado que el mundo real.
Luego, otra etapa. Una etapa hasta entonces desconocida. No abundancia, pero sí dinero. Pedas, camaradas, morritas. Una ciudad caliente, rebelde, pero a la que le encontraste el modo. El amor apareció. Un amor raro, al menos para mí, pero que a ti parecía convenirte.
Pero había que hacer mas, según los otros. Madrid, doctorado.
Getafe.
El descubrimiento de muchas cosas. La universidad tampoco era para tanto. Fue fácil, sólo hacer lo que decían y aguantar el circo de la academia.
Getafe y el futbol.
El tinto y las cañas.
Los viejos, los carajillos, y el orujo.
Las tardes de tristeza… muchas tardes de tristeza.
Los recuerdos de tiempos de pobreza, pero de niñez feliz.
De cuando jugábamos en Tabasco con una pelota de plástico al futbol, repasando los resultados de la semana. Pasara lo que pasara, la Chivas siempre ganaban.
Tus visitas a Barcelona.
Las buenas temporadas del Barcelona.
Camacho, Julián, El Moreno.
Maurito. El bar facha.
Pablo y Podemos.
La derecha española y la derecha mexicana.
Algún viaje relámpago con el susto de la muerte.
La venida de Itzel y Manel.
Las conversaciones conmigo.
Hemorroides, gases y diarreas.
Laura y sus fricadas.
Nuestra familia a distancia. Una familia simple pero sincera. Con mucho temor y algo de resentimiento, pero siempre presente. Todo eso acarreamos, como una mochila. Todo esto arrastramos mientras hacemos ver que hacemos cosas “importantes”.
Volviste a México. A la ciudad de la Esperanza y dejaste Getafe. Con el Geta en segunda. Con el Barça dando chingazos aún, pero ya sin ser el Barça.
Poco sé de tu vida allá. Sólo que sigue habiendo amigos, futbol y trabajo. Que la gente de INEGI caga mucho. Que quizá vuelvas a Monterrey. Que, a veces, te llega un poco de ansiedad en forma de ataque.
Y ahora estás de nuevo aquí. Para presentar tu tesis y acabar con eso que habías empezado.
Digan lo que digan. Digas lo que digas, es un día chingón y hay que aceptarlo como tal. Es un día de gran mérito porque se consuman un chingo de cosas que han pasado transversalmente. Algunas las he mencionado pero seguramente desconozco la mayoría. Hoy ha tocado ganar y no estás cómodo. Yo tampoco lo estaría. Nadie de nuestra familia lo estaría. Estamos acostumbrados a perder. Nos movemos cómodos en la derrota. Si me apuras, diría que nos gusta ganar, pero remontado. Bueno, no ganar, empatar.
Pero hoy has ganado y deberías creértela. Porque a partir de ahora ya no serás una joven promesa. Ahora sí, ya comienzas a correr el riesgo de ser la hoja seca que deambula de equipo en equipo.
En todo caso. Este día de tu tesis yo quise estar aquí en mi nombre y en nombre de todos los nuestros y los tuyos :
Elvia, Manuel, Brenda
Nadia, Davidcito, y “Ramoncito”
Anna, Itzel y Manel
Berni, Aldo, Stefano y el Pelatos
Abel, Abraham y Pedro
Juanito, Mariem y el Gordo
El Bati, el San, el Checo
Laura y Carmen
Chela y Lecuanda
El Ticher David y el Rafa
El Odi y don Villa
Doña Eva y la Misma
El café soluble y los burritos de huevo con chorizo
El micro, las trabajadoras de maquiladoras y de empacadoras que huelen a atún
Todo ellos a mi lado.
Te veré presentar tu examen y no entenderé nada de lo que digas. Sin embargo, para mí, será como ese día en que Messi metió su primer gol con el Barça al lado de Ronaldinho. Lo metió y fue corriendo hacia Ronny.
Yo, haré lo mismo que hizo a él
Te subiré a mi espalda
acamonchi
y con una sonrisa que raja el alma
enseñaré con orgullo al estadio
mi carnalito viene de marcar un golazo
en nombre de todos los oprimidos del mundo.
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente es investigador en la Universitat de Lleida.
Fotos de portada e interiores: Pixabay.
Imagen de interiores: Messi celebra con Ronaldinho su primer gol con el Barcelona. | Foto: Pinterest.
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