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De cambios y equilibrio

Diálogo Global / Diálogo País / Top News / 20/05/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 20 de mayo de 2019

Había previsto en la lista de cosas que te quiero platicar describirte lo que he descubierto en Bretaña estos meses.

Onda que en invierno las flores son amarillas, de todos los tonos, pero amarillas. Que los campos de colza son de canola en español y que la mimosa es un árbol que tiene color a yema de huevo cocido y aroma a champaña.

Que en primavera, se ha cubierto la misma Bretaña de azules, rosas y morados y que pasando por las calles el olor a marea ha sido rebasado por el de las flores.

O que el sol más brillante puede sencillamente no dar calor, sólo colores.

Cosas así, como materiales aunque intangibles, ¿ves?

Pero acabo de descubrir otra cosa, algo que me cimbró.

Llevo entonces varios meses acá y me ha dado tiempo pasear, platicar e ir a casa de los primos más seguido. Y entonces de darme cuenta de que somos realmente primos. Para mí, esas personas eran los hijos de la prima de mi mamá, persona a la que ella quiso mucho, y nada más. Me agradaban pero no los identificaba como “míos”. Crecí sin primos hermanos, por la fuerza de las cosas, alejada de ellos por tiempos, distancias y discusiones. Por lo mismo, me sentí siempre de familia vertical, hacia el pasado y hacia el futuro, mi familia horizontal, contemporánea, se limitaba a mis hermanos.

Y en este tiempo, de tanto estar con ellos, los conocí mejor, y conocí mejor a los hijos, vamos hasta a los nietos, que mis primos me llevan varios años, unos casi 20. Hablé mucho con la generación siguiente, los primos de mis hijos, conversaciones apasionadas y apasionantes. Uno de esos chavos se casó con una mexicana hará unos 12-13 años, y entonces ya por fin, tengo primos mexicanos, tabla de salvación para mi nacionalidad naufragada. Tabla horizontal, insisto, de las que flotan.

En el desfile de caras nuevas, un día llegó una señora aquí a la casa, preguntando por mi mamá y se quedó toda la tarde platicando: otra prima, también bastante más vivida que yo. Habló de dineros, yates, casas y ropa, de modas, arte y riquezas. De soledad y tristeza también. Me platicó su vida, como si hubiéramos sido primas de las que comen juntas en Navidad y celebran juntas los cumpleaños desde siempre.

Supe, a la vuelta de un chiste y en una comida, que el daltonismo es de familia, de esa familia pues. Entendí por fin por qué en casa de una prima todos nos quitamos los zapatos al entrar y reí al oír que mi hija no es la primera en usarlos de color diferente para cada pie.  Aprendí a identificar la generación de cada hombre llamado Wilfrid, que créeme, abundan en la rama materna de la tribu. Adoré escuchar por enésima vez la historia del que no sabía que era judío y que lo sigue diciendo como si se le hubiera regalado un pedacito de cielo de repente. Viví, pues, vidas que no me habrían sido ajenas nunca, si hubiera habido tiempo de estar acá en lugar de allá.

En casa de uno de ellos, comí con más primos, y más, y más. Uno de ellos llegó así como yo, sin conocer a la señora de la casa, la que guisa tan rico. Y desde la entrada explicó que en su casa, la familia era del papá, no de la mamá y que por eso no había habido más contactos. Este primo cumplió ese mismo día 68 años, lo cual indica, que además de ser yo la prima joven, lo recalco una y otra vez, algunas costumbres familiares tienen la vida muy larga.

Y me entró un sentimiento de equilibrio, repentinamente.

En casa también siempre se prefirió hablar, contar y venerar a la familia paterna. La materna se pasó por alto.

Creo que, uno, por la actitud de mi papá, profundamente orgulloso de su linaje. Y dos, porque la familia de mi mamá estaba viva, no había necesidad de contarla, la conocíamos. Eso y, la verdad, que  mis abuelos maternos asustaban un poco. Mi mamá no nos empezó a hablar realmente de ellos más que hace poco.

O empecé yo a escucharla recientemente también, quién sabe.

Sé que pasa eso en muchas familias, una rama eclipsa a la otra, o todos son Fernández o todos son López, los Fernández-López no existen.

Por la razón que sea.

Entonces, al descubrir de repente tanta historia familiar, porque he de decirte que en todas las comidas se reviven las hazañas de los antepasados y de la niñez de los presentes, pues la balanza se ha equilibrado.

Y eso me dio tanta paz. No se puede medir, ni explicar. Fue como cuando por fin el tamal está cocido por todos lados o cuando por fin terminas de trapear la cocina. Limpio, liso, rico.

Y bien, pensaba en todo eso, tratando de limitar los olvidos a los cuales mi memoria me tiene acostumbrada, cuando caí en la cuenta de que no conocí a toda familia tan bien como ahora porque estamos lejos, nosotros allá y ellos acá.

Y que es porque mis papás se fueron a vivir a México. Porque emigraron.

Y entonces ya sé por qué no soy ni de allá ni de acá. Es porque soy hija de migrantes.

Pues me cayó un veinte muy pesado, ha de ser centenario, te lo juro.

De repente me siento identificada con todos los que cambian de país, porque quieran o porque deban.

Y entendí el vacío que se crea alrededor de cada uno, el silencio que los invade cuando evocan a la familia, a la que se quedó, allá y acá.

Y, extrañamente, me siento cobijada por la inmensa familia que es la de los migrantes, con o sin lana, con o sin miedo, con o sin futuro.

El mundo entero está migrando, ¿ya te fijaste?

Los latinos para el norte, los africanos para Europa, los sirios, los nigerianos, los congoleses, los venezolanos, los guatemaltecos…

Me cae que los únicos que no dejan su tierra son los palestinos y los chinos. Cada uno por la razón de que uno no quiere y de que el otro no puede.

Mi memoria histórica me dice que ha habido así grandes olas de migración, que el mundo se ha, no repuesto, sino enriquecido con ellas.

¿Qué pasa entonces hoy? ¿Por qué tanto silencio ante el sufrimiento de los migrantes, por qué tanto proteccionismo, desdén, racismo, odio…?

Cómo decía Héctor Suárez, ¿qué nos pasa?

Bretaña francesa. Mayo de 2019.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de interiores: Anaïck Lentz.

Imagen de portada: Escuchando las noticias. 90 x 120 cm. Técnica mixta. | Autor: Margot Acosta Cummings.






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7 Comentarios

el 20/05/2019

Y todos un poquito extranjeros aún en la propia tierra. Saludos, Gwenn.

el 21/05/2019

Crees? Por lo menos, en tu tierra, no te preguntan cada dos minutos si te sientes de aquí o de allá? tal vez, si esa pregunta no existiera, andaría yo más sosiega con ese tema.

    el 21/05/2019

    On se sent le cul entre 2 chaises mi querida Gwenn, por lo menos yo siempre me senti asi. Como dices, ni de aqui ni de allà. Cuando estaba en Mexico extrañaba Francia y cuando estaba en Francia queria estar en Mexico

      el 26/05/2019

      Y entonces Valérie… Para siempre errantes…? Qué cansado es esto, que interminable..

el 26/05/2019

Hola Gwen, coincido contigo en tu sentimiento .
A veces unas familias eclipsan a otras . Yo crecí en una ranchería y, a pesar de ser poca población y tener de vecinos a la familia materna conviví más con la paterna . Qué cosas no?
Yo creo que en este tiempo que nos tocó vivir , ya no hay nativos; todos somos migrantes . Y así ha sido siempre ; con la salvedad de que ahora somos tantos y la intolerancia ha aumentado .
Qué gusto da conocer gente nueva y reencontrarte con tus raíces y más aún tener ese sentimiento de pertenencia .
Disfrútalo

    el 26/05/2019

    Es cierto Ana Lilia, nos estamos moviendo todos para todos lados. Y, extrañamente, el racismo es más fuerte que antes. Es un » Sé una Malinche nacionalista»

    Y sí, yo veo que las familias tiene una suerte de competencia entre ellas, de A ver a qué casa se va para Navidad y A ver qué sopa de verduras es más rica… Y luego, A ver quién desparece primero…Yo gané y todos perdimos.

    Somos gregarios y ala vez extremadamente individualistas.

    Así, a mí me cuesta trabajo. mucho.

el 13/07/2019

Chère petite cousine
J’ai enfin reçu ton texte, mais mon espagnol est trop lointain pour que je traduise tout ce texte qui me parait très personnel. J’ai besoin d’une traduction…. mille pensées des alpilles ou on crève de chaud…



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