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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 13 de agosto de 2018
El nombre de mi hija no termina en femenino.
Termina en una letra que no es A.
De chica, habría de tener unos cuatro años, sufrió por eso.
Un grupito de niños, y niñas, pobremente educados, la perseguían diciéndole que parecía niño y que su nombre era de hombre.
Cosa que resultó ser cierta, pero no era ése el problema.
Mi hija, rapada por gusto, de shorts y playera de futbol, tenis mugrientos – culpa de la poca madre que tenía- andaba con puro niño varón, corriendo y saltando. Jugaba con muñecas cuando venía una amiguita, bien femenina ella, de nombre terminado en A, porque a la visita le gustaba hacerlo.
Si no, pedía pistas de coches para Navidad y se peleaba con la piñata a puño desnudo cuando era su cumpleaños.
Sí, se ponía vestidos de fiesta, de princesa o de Se me antojó.
Pero no era femenina como dicen- que otro día le entramos a la discusión sobre femineidad vs feminismo vs marimachez vs lo que me pongas enfrente.
Un tiempo se quiso cambiar el nombre, onda BeatrizA, o CarmenA, y esas ondAs.
Creció con la madre que tenía en ese entonces, feminista, casi de hueso colorado.
No onda Pégale una A a las palabras para que seamos más iguales. Ni onda Muerde a todos los hombres porque son unos machos monstruosos – aunque varios hombres cercanos se sintieran y se sientan aún bien reamenazados por mí. Y mucho menos onda Ponte vestido de encaje cuando no se te antoja.
Creció.
De repente empezó a usar tenis dispares, aretes de calavera y se tatuó varias veces, cosas importantes que la siguen, unidas a su piel, personas importantes también – sí, se vale tatuarse personas… Y usa su nombre sin la A.
Y es feminista, tantito más colorada que yo, que me fui destiñendo.
Sabe de maquinaria. Sabe también de sentimientos expresados y de lágrimas derramadas, de risas espontáneas y ruidosas.
Y le dan risa las llamadas feminazis.

Esa palabra tan peyorativa ha llegado a ser parte de su vocabulario y, gachamente, del mío.
Porque nazis no son. Checa tu libro de historia. Eso de feminazi lo ha de haber inventado un hombre, como una manera más de aplastar cualquier movimiento femenino feminista. Busca, verás que tengo razón… Sí fue un testiculario.
Las feministas que conozco sólo son, a mi manera de ver, extremistas. Y todo lo extremista llama a reacciones agresivas- argumento del violador: “Ella se lo buscó”. Se me erizan los vellitos de la nuca cuando me meto a una de sus discusiones.
Aunque tal vez… tal vez tengan razón. Tal vez las estoy viendo como muchas mujeres veían a unas cuantas hace 100 años, o 150.
Pero me cae que siento dureza extrema, onda diamante, siempre que intercambio opiniones con algunas de ellas, en su rechazo profundo del hombre. Y los diamantes son bonitos, sí, hasta que te enteras de toda la sangre derramada para conseguirlos.
Tuve una discusión muy fuerte acerca del aborto con mujeres más feministas que yo.
Una mujer decidió abortar. Bien. Ok. Es su cuerpo, su vida, su decisión.
Y se armó un alboroto porque el progenitor de las células en formación en su cuerpo, quería estar con ella. Las féminas – otro término peyorativo digo yo- no lo dejaron ni hablar.
Que porque era rollo de mujeres. Que porque los hombres no entienden lo que es estar embarazada y que se nos caiga el mundo. Porque tampoco vivirán jamás un aborto.
Bueno pobre chavo, acabó golpeado en la acera de sus emociones e intenciones.
Pienso que el embarazo es de dos.
Que si se puede, se discute entre dos el seguir adelante o no. Que si la decisión tomada es seguir con el embarazo, los dos deben y tienen derecho a estar en la vida del que no es todavía ni feto, producto le dicen los doctores. Pero si la decisión es interrumpir el embarazo, y que los dos cogieron bien juntitos semanas antes, pues que los dos deben coger -al toro por los cuernos- e ir juntos donde sea que se haga el procedimiento.
En todos los casos, gana la Vida.
Claro que en general el hombre desaparece… Se va a coger sin protección a otro lado. Y claro que en general él legisla. Y claro que en el aborto, o embarazo o parto, él no siente igual. Y claro que el problema de fondo es el machismo, no la religión, no el respeto a la vida. No. Es el hombrismo contra el feminismo, es mirar a seres humanos decidiendo por otros seres humanos, considerados como inferiores e incapaces de pensar, de tomar decisiones o de subir de nivel, p’alcanzar a los primeros. Es “Mi amor, tú no puedes sola, yo te cuido, te ayudo, proveo por ti y te enseño qué decir”.
Pero eso no es lo que me encabrona – bueno, no hoy…
Es esa actitud de feminismo igual a mujeres por un lado y hombres no se les ocurra opinar. O de usar sólo palabras correctas y no peyorativas hacia la mujer pero sí usarlas cuando se habla de hombres.
Como si no se pudiera decir pinche negro pero sí pinche blanco, o pinche asiático.
Es eso de “Si tienes pene no existes más que para derribarte o derribártelo- el pene, claro”. Es hacer lo que se nos hace, pero con conocimiento de causa. Es segregar, pero del otro lado de la barrera. Es… es retroceder creo, porque una cosa es ser feminista y otra es odiar a los hombres.
No te doy ejemplos reales, porque no es el punto. Ya se irá afinando aquel asunto, para un lado o para el otro, tenemos cita dentro de 50 años, pa’que me platiques cómo nos fue. Nos, mujeres y hombres.
El punto es que yo vi a mi hija sufrir por no ser mujer-modelo. Yo sufrí por ser mujer, punto. Veo por todos lados, en cada esquina, oportunidades de humillar a la mujer. Veo hombres explicar más lento cuando se dirigen a una mujer. Veo violaciones, a mujeres principalmente, porque se nos reduce a nivel de instrumento de placer-poder. Y así.
La mujer no es la igual del hombre. Me vale cuantas putas leyes hayan escrito, dictado y detallado.
Ni ganamos la misma lana por la misma chamba, ni podemos emborracharnos en cualquier cantina. Nosotras no salimos “a trabajar”, lo que hacemos es abandonar a los hijos. No le sonreímos a un desconocido, ni apreciamos el posible atractivo visual en una película, somos putas desgraciadas- como las leyes de arribita. No decidimos por quien votar, oficialmente, ni qué se va a cenar en Navidad – Es que se me antoja la ensalada que hacía mi mamá- y otras pendejaditas. Bueno una mujer que conozco, dueña y administradora de una constructora, no puede entrar a ciertas empresas si va de pantalón. Imagínate: “Señorita -porque lo somos hasta que no se nos vea una argolla en el dedo del corazón, ¿verdad?-, no puedo recibir las dos toneladas de grava por no viene de falda”. Imagina que le digan a un hombre, mismo puesto, experiencia, etc., que le digan que nanais que porque no trae vestido de encaje…
Pero sobre todo no decidimos sobre nuestro cuerpo.
Mi hija no usa zapatos de tacón. No sabe caminar con ellos. No le enseñé. Son imagen y símbolo de lo que nos separa en la sociedad- no te rías, a ver, usa tacones. Todo el día. Y corre con ellos para alcanzar el pesero o porque te persiguen dos cabrones para picarte después de haberte violado. No usa, ni yo, zapatos que te impiden pensar porque te duelen los pies.
Sí. Es equivalente al derecho al aborto. Con menos llanto y menos sangre y menos Eres una puta, aguántate.
Es mi cuerpo. No tacones, no vestido engorroso, no maquillaje, no bebé creciendo dentro de m í, si yo no quiero.
Yo decido, porque no soy una niñota, porque es mi cuerpo, porque se me hincha la regalada gana, si quiero seguir con un embarazo o no.
Hace años en Francia, las mujeres se iban a Holanda a abortar. Allá eran recibidas como personas normales, y se les daba el tratamiento adecuado, con respeto, normal, que no significa fácil, sólo normal.
Aquí, 2018, en México, se va hasta la CdMx… Es el único lugar en el que se puede abortar sin dar razones. Puede ser por violación, como en otros estados. O por peligro para la madre, como en otros estados. Pero sólo allí se puede terminar un embarazo por razones personales.
Qué retraso llevamos, caray.

El 8 de agosto hubo marchas a favor del derecho a decidir. En México, porque aquí se nos niega ese derecho. Y en otros países, porque se les niega ese derecho a las mujeres de esos países.
No te me confundas.
No se busca el derecho al aborto, no se discute si las células aquellas son un ser humano vivo, o un producto en desarrollo. No se marchó para que pudieras ponerle una etiqueta al aborto, bueno o malo, o para que apagues la tele y te dediques a otros asuntos.
Y no es aborto. Es Interrupción Voluntaria de un Embarazo.
Vo-lun-taria.
Recuerda que aquí, las mujeres no tenemos ni voluntad, ni cerebro ni nada… Eso permite no dejarnos decidir qué hacemos con nuestro cuerpo.
Se marchó, y se seguirá luchando, con palabras, acciones y marchas, un chingo, por el derecho a decidir.
Se marchó por mí. Por mi hija, con su nombre sin A final. Por ti, por todas.
Y como no soy extremista, incluyo a los hombres.
Se marchó por nosotros, todos.
Y, con la decisión del senado en Argentina, la que ganó, fue la Muerte.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Fotos de portada e interiores: Pixabay.
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