Breaking

De frutas y sopitas

Diálogo País / Top News / 25/06/2018

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 25 de junio de 2018

 

De vez en cuando nos juntamos, mis cuates y yo.

Que si a platicar, que si a comer, que si a llorar o a mirarnos las caras en silencio.

No nos reímos mucho, somos un grupo medio amargado.

De uno en uno, somos más ligeritos, pero nada más nos juntamos y ya nada nos gusta.

Ve, te doy un ejemplo.

Este domingo vamos a comer a un lugar que acaban de remodelar.

Y ya empezaron unos  a protestar, que porque siempre lo mismo, que ese lugar ya los tiene hartos, y que si el tráfico, el futbol o la siesta dominguera.

Otros, del mismo grupito, dicen lo mismo pero diferente: que por qué regresar si ya se remodeló, que para qué ir a un lugar conocido desconocido, que mejor nos quedamos masticando lo de siempre, en casa.

Y otros, somos un montón, dicen que hay que cumplir, que esta vez todo será distinto y que los cambios sirven para probar nuevos caminos, nuevas ideas, nuevas sopitas. Que aunque sea solitos, sí van.

Y claro, vamos a ir todos, porque nadie nos hace cambiar nuestras costumbres acostumbradas.

Bueno, menos Guillermo que ya dijo que ni madres, que está harto de que le quieran servir lo mismo en un plato diferente.

Y eso que ya fuimos a checar el menú, no hay nada igual.

Sí, obvio se repite lo de botana, entrada, antojito, y postre, bebidas, alcoholitos y carnes. Verduras, pastas, sopas y tortillas.

Pero renovaron la manera de pedir:

Primero hay una carta en la que pusieron toda la comida por colores, onda viene a comer Diego y Picasso pasó antes por ahí.

Y vas tú inventando tu sopa, por ejemplo: tantito rojo, con verde, estilo jitomate con epazote, o pimiento con calabacita. O la botana, tortillita de maíz azul con flor de calabaza. La carne, que en general está bien cocida, la puedes alegrar con unas rebanadas de betabel y rodajas de cebolla blanca. Y así te vas, cuidando de no pedir nada de color artificial, no vaya a ser y se desate la alergia.

No hay color transparente. Dicen los del lugar, que eso sí existe, pero que es muy escaso, entonces no se consigue. De plano no está entre las posibilidades de elección.

También puedes, si lo deseas y aunque no sea ya temporada, desflorar margaritas y repartir sus pétalos por el mantel. Claro que si sólo haces eso, te quedas con hambre, pero se siente tan bonito el gesto que seguro algunos optan por él, pensando que son migajitas de pan.

Eso para los colores.

Claro que si eres más conservador, o que de plano no tienes idea de por qué se combinaría la comida usando una regla tan arbitraria, puedes pedir platillos ya elaborados, de la carta de la mentada nouvelle cuisine.

Hay por ejemplo, una carne de dinosaurio que sirven con sangre fresca de normalista. Sí, está ligeramente pasada de moda, pero dicen que las patas de tucán de la guarnición no huelen ni a pólvora ni a ácidos. Te diré que luego lo más añejo es lo que de más lejos huele y, sí, se le debe evitar como a ciertas pestes.

A todo se le puede poner cebolla morada, para mostrar que no depende uno de lo establecido, y que se puede galopar por desconocidas planicies anegadas. Claro que los últimos comensales que hicieron eso, comentan rollos muy raros de gorditas a las que nadie quiere… y se requiere de un mesero manco para servir.

Para el postre, cocol de mora azul, licuado a punto de vomito con ciruela amarilla y adornada con corte delgado de naranja. Hay una nota en el menú, que describe la sonrisa de quienes lo consumen como sardónica y espuria. Pero ha de ser agradable estirar tantito los cachetes, digo yo, si no es a la fuerza.

Y para rematar, café con galletas de napoleones a la gordillo, parece que es de los más pedidos, será por su aroma a mineros descarnados, a sindicatos descompuestos y a iluminados andantes. Van rellenas de cerezas bien rojas, de lata, y se acompañan con plátano de Tabasco, amarillito con pecas cafés, bien maduros.

La marca del lugar es sin lugar a dudas el quesillo enmohecido, corrupto le dicen, que a todo se le espolvorea. Huele a desaparecido, a lavado de dinero y a muerte.

Lo que no se puede hacer es hablar con alguien, pedir detalles. Te piden que en el menú de papel, le pongas una cruz a tu elección y entregues tu papelito en silencio, con decoro.

No capto, con eso entraría más lana ¿no? Pero igual el dueño del país, digo, del lugar, no es buen comerciante. O lo es, y soy yo la que no entiende.

 

Me pregunto cómo agenciaron el lugar: ¿Todos juntos o cada quién por su lado? ¿Tablones largos, o sillitas giratorias frente a una barra? Porque sola, sin los cuates, igual no protesto tanto y me como lo que me sirvan, sin chistar, sin escupir.  Ya luego vomito, si es necesario.

Pienso, analizando bien las opciones, que la carta de colores tiene múltiples semejanzas con la de los platillos de la nouvelle cuisine.  ¿Tendrá razón Guillermo al rehusarse a entrarle al juego?

Lo que sí es un secreto a voces, es que nos va a ayudar a pagar la cuenta, quiera o no quiera, porque ahí dice, en letras diminutas: Cuenta a 6 años con creces e intereses.

¡Bon appétit!


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de portada e interiores: Pixabay.






Luis López




Entrada Anterior

Despedida

Siguiente Entrada

Un vato zarra de Mexicali





1 Comentario

el 25/06/2018

Brava, Gwenn!



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Despedida

SOMOSMASS99   Jack*   Despedida Hoy he pasado por una idea liberal respecto al cambio. He pasado por una librería...

25/06/2018