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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Martes 17 de septiembre de 2019
El INEGI levanta periódicamente un proyecto
que proporciona información acerca de la satisfacción de los habitantes,
los módulos de Bienestar Autorreportado (Biare).
De acuerdo con las cifras publicadas por el INEGI, en promedio, los mexicanos califican con 8.4 su satisfacción con la vida, en una escala del 1 al 10. La población que se muestra más optimista es la que tiene de 75 años en adelante, este grupo le otorgó una calificación de 8.3.
– Ana Karen García, El Economista.
– Hola, ¿cómo estás?
– Bien, ¿y tú?
– También, todo bien por acá.
Y callamos. Porque sabemos las dos que ninguna está bien, ni por acá ni por allá.
– ¿Supiste lo que pasó en el 10?
– Sí, que otra vez se metieron, ¿verdad? ¿Y qué se llevaron?
– No ya nada, van tres veces, ¿qué quieres que se lleven?
– ¿Pero todos bien?
– Sí claro, todos bien.
Y callamos. Recordamos que la última vez la nena de la casa estuvo meses sin dormir.
“Siento mucho lo que pasó.”
“Así es la vida, lo siento.”
“No te pongas así, no llores.”
“Tienes que dar el ejemplo, mira que tus hijos, o tus otros hijos, te necesitan”.
Callo. No hay palabras que alcancen en ciertas circunstancias. Ni miradas, ni abrazos.
– Hola, ¿qué onda?, ¿cómo vas?, ¿cómo va lo del juicio?
– Bien, todo bien.
Callamos. Sabemos que los juicios van bien sólo para el que más lana le mete.
– Caray, ¿viste las noticias?
– No, ya no las veo, me ponen mal.
-Tienes razón, voy a dejarlas de ver.
Y callamos. Sabemos que no vamos a cambiar, ni ella ni yo.
– ¿Cómo te fue hoy?
– Pues igual. No hay movimiento, no hay dinero.
– No te preocupes, seguro que con lo de los nuevos acuerdos, todo vuelve a arrancar.
Y callamos. Porque ni sabemos, ni podemos saber.
– ¡Qué gusto verte! ¿Cómo has estado? ¿Qué haces por acá?
– Bien, todo bien. Sólo vengo a levantar una denuncia de robo.
– Ja, nos sentamos juntos, ¿no?, que yo vengo a levantar una denuncia de abuso escolar por un maestro, y mira, aquí todos los escritorios vacíos, esto va para largo.
– Bueno, pues si no han dado ni las diez, ¿cómo crees?, el desayuno se lo toman con calma.
Y nos callamos, los escritorios vacíos tienen orejas.
– Compadre, ¿cómo está?, le marco por lo de la balacera.
– La balacera, ¿cómo?, ¿cuál?
– La de la avenida, ¿no oyó?, enfrente de la panadería.
– No comadre, aquí todo tranquilo, ha de haber sido otra panadería. Todos bien, todos bien.
Callamos. Sabemos que estar bien es muy relativo en cuanto a balaceras se refiere.

Akyaabil, vocablo maya que describe al viento que precede la lluvia. | Autora: Carmen Asceneth Castañeda.
Si me preguntas cómo estoy, en automático te digo que bien. Aunque definitivamente hay largos momentos, largos días, en que no lo estoy.
Si te pregunto si tú lo estás, en automático me dices que bien. Aunque a tu hijo le duela la vida, aunque a ti te duela la cabeza, aunque no haya para la renta o para aquel viaje que te hacía tanta ilusión.
Y si me atrevo a decir, Caray, no, no estoy bien, o te quedas sin palabras o me propones negarlo, decretarlo falso o ignorar mi dolor. En el mejor de los casos, me escuchas, y en el segundo mejor de los casos, me propones una salida sin juicios, el enojo, o la junta de AA, de perdida, vamos a rezar la de lo imposible y de la sabiduría.
Tenemos que estar bien. Tenemos que ser felices. Dictamen de las sociedades dentro de las cuales nos movemos.
Si no lo estamos, lo estaremos, concentrémonos, meditemos, cambiemos nuestros pensamientos, no comamos ni esto ni aquello, ni nos vistamos de tal o cual manera, no durmamos, no despertemos, no pensemos, no comparemos, no deseemos…
¿Por qué debemos de vivir en un estado positivo? ¿Es por el bien común? ¿Por idealismo, utopía, huida de las realidades tan feas que vivimos muchos? ¿O por naturaleza animal? Digo porque los “animales” parecen estar bien cuando no se los está comiendo otro animal y cuando tienen dónde comer y beber, ¿no? Sólo que le metemos al asunto nuestras emociones, nuestra intelectualidad y las necesidades reales o creadas de todos los días. Y las expresamos. Con palabras.
Si no fuéramos capaces de expresar cada meandro de nuestros sentimientos, tal vez tendríamos siempre cara de estar bien. Expresar en voz alta y en voz interior. Si es ciertamente cierto que la estructura del pensamiento pasa por el lenguaje, tal vez no tendríamos noción de felicidad, de bienestar, de contento o de satisfacción. Y si la necesidad de palabras y símbolos pasa por nuestras realidades, y fuéramos ignorantes de éstas, tal vez… tal vez no seríamos infelices cuando toca serlos.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imágenes de portada e interiores:
(1) Interiores: Akyaabil (vocablo maya que describe al viento que precede la lluvia). | Autora: Carmen Asceneth Castañeda.
(2) Portada: Detalle de Akyaabil.
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