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De Perfil cumple 50 años y rinden homenaje en Bellas Artes a José Agustín

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 23/08/2016

SOMOSMASS99

 

Redacción / SomosMass99

Ciudad de México / Lunes 22 de agosto de 2016

 


  • Como Rulfo, José Agustín logró «que el lenguaje de todos los días, el lenguaje juvenil, cobrara una entidad propia y se convirtiera en algo significativo. No es un taquígrafo del habla, es el reinventor de nuestro idioma»: Juan Villoro

 

Recién cumplidos 72 años, la noche de este domingo, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se rindió homenaje a José Agustín por los 50 años de su novela De Perfil, una de las más importantes de la segunda mitad del siglo XX y que sigue vigente entre los jóvenes de nuestros días. «En José Agustín tenemos a un autor que no ha dejado de patentar lectores, generación tras generación», dijo el también escritor Juan Villoro, ante una sala abarrotada por el público.

En la celebración también participaron Rosa Beltrán y Enrique Serna, que junto con Villoro, José Agustin y los asistentes guardaron un minuto de silencio por el fallecimiento el viernes de Ignacio Padilla. Luego, se proyectó parte del documental producido por Canal Once, Historias de Vida, dedicado al autor, corrieron las anécdotas y los comentarios sobre la importancia que ha tenido De Perfil en la literatura mexicana. Sólo al final, de acuerdo con algunas versiones, cuando se le preguntó qué le había parecido el homenaje, José Agustín respondió: «¡Estuvo a toda madre!».

Durante la charla, que José Agustín seguía desde el público porque no se esperaba su asistencia, Juan Villoro dijo que, en un sentido absolutamente romántico, piensa «que el lector ideal que puede tener un escritor no es quien ha leído más libros, sino quien nunca ha leído un libro con gusto, alguien que ignora que los libros son un objeto del placer y que al abrir un libro, como se abre una puerta o una ventana, ingresa a un mundo que va a cambiar para siempre el mundo de los hechos (…). José Agustín representó para mí esa ventana de ingreso  la literatura».

Luego relató cómo fue que hace 45 años, cuando viajaba en un tranvía a diez kilómetros por hora, al terminar de leer De Perfil, descubrió que su destino iba a ser seguir leyendo. «No sabía que también escribiría, pero digámoslo así: «José Agustín me raptó para la lectura. Leí esta novela por la más común de las razones, que fue el morbo. Un compañero de la cuadra, Jorge Mondragón, cuyo apodo de guerra era El Chinchulín, llegó un día al departamento donde vivía y me dijo algo que casi me preocupó: leí un libro. Me pareció extravagancia, de las muchas de Jorge Mondragón, y me contó que había leído De Perfil, que era una historia auténtica de un adolescente. El libro estaba escrito en primera persona y mi amigo ignoraba que se podía escribir ficción en primera persona. Leyó esa novela como un libro de autoayuda, para aprender a vivir. Me desconcertó tanto y me preocupó tanto la actitud de mi amigo que decidí leer el libro por el morbo de saber qué había enloquecido a Jorge Mondragón. Y al igual que él, yo también fui raptado por esta novela.

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De izquierda a derecha, Enrique Serna, Rosa Beltrán y Juan Villoro.

«Tuve la suerte de leer esta novela en las vacaciones entre la secundaria y la preparatoria, exactamente el mismo periodo en que transcurre la trama. Los padres del protagonista, Violeta y Humberto se están divorciando, mis padres se habían divorciado. Casi todo transcurre en la colonia Narvarte, yo vivía en la colonia Del Valle. De modo que hice una lectura en espejo. Por primera vez mis días sin rumbo, una existencia que yo consideraba totalmente vacía, la mía, se veía reflejada en algo sumamente interesante por el artificio que había logrado José Agustín, que era simultáneamente la impresión de naturalidad y el prodigio de que eso pudiera ser interesante. No hay nada más difícil de lograr en la literatura que la naturalidad. Quien oiga leer en voz alta un cuento de Juan Rulfo, oirá hablar a los campesinos más genuinos que ha habido en México; sin embargo nunca han existido en la realidad, sólo en las páginas de Juan Rulfo. José Agustín logró el mismo artificio, hacer que el lenguaje de todos los días, el lenguaje juvenil, cobrara una entidad propia y se convirtiera en algo significativo. No es un taquígrafo del habla, es el reinventor de nuestro idioma.

Rosa Beltrán comentó a su vez que la literatura mexicana dio un giro de 360 grados con la obra de José Agustín, sobre todo con sus libros De Perfil, Se está haciendo tarde y La Tumba. «La novedad consistió en crear un lenguaje y un universo que no sólo introducía los temas de los jóvenes y los narraba desde su punto de vista, sino que además realizaba un portentoso manejo del idioma donde los gestos y máscaras se daban en forma no apta para mayores de 30 años».

Enrique Serna, según información del Instituto Nacional de Bellas Artes, dijo antes de homenaje que la narrativa de José Agustín podría llevar como epígrafe la siguiente frase de Francisco de Quevedo: «Solamente lo fugitivo permanece y dura». Así, el escritor acapulqueño supo responder con sus historias a un periodo álgido, el de los años sesenta, con un espíritu de rebeldía, libertad y juventud, personificado en escenas propias de la época. La clase media mexicana y su modo de hablar característico aparecen renovados en sus relatos, como vistos por primera vez.

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José Agustín, en primer plano.

“Yo diría que sus tres primeras novelas, La Tumba, De perfil y Se está haciendo tarde, buscan capturar el espíritu de una época. De cierta forma son lo que los alemanes llaman novelas de aprendizaje, y cuando un escritor logra identificarse con los jóvenes de cualquier época, trasciende el momento en el que escribió su obra, porque la juventud tiene más o menos las mismas características. Ese es el secreto de que las novelas de José Agustín hayan sobrevivido y sigan siendo leídas por los jóvenes en la actualidad”.

Pero José Agustín no siempre gozó de un reconocimiento favorable. Hubo pronósticos negativos y duras críticas a sus primeros títulos. Se afirmaba que su literatura era un mero documento sociológico de la época, pues sus relatos hablaban de las experiencias juveniles tal como eran, lo cual se consideraba intranscendente. “Él hacía una crítica de la literatura almidonada, sobre todo de la pretensión pedantesca de perdurar. Como escribía de la realidad inmediata, algunos lo tacharon de costumbrista, pero su obra tiene valores del lenguaje y una gran imaginación lúdica, lo que le ha permitido subsistir a lo largo del tiempo”, sostuvo Serna.

La primera novela de José Agustín, La tumba (1964), contó con el apoyo de Juan José Arreola. Esta obra que publicó nada más para que no se perdiera, como el propio autor ha dicho en algunas entrevistas, le abrió las puertas de la aceptación de sus lectores, pues consiguió quitarle lo solemne a la literatura mexicana y hacer hablar a los jóvenes desde la voz de los mismos a quienes aludía.

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Tras el éxito de su primera novela, José Agustín regresó con De perfil, en 1966. Tenía apenas 22 años cuando fue editada la historia del adolescente que protagoniza este texto: un joven que se mantiene anónimo en la narración y cuenta su vida entre fiestas con sus mejores amigos; la escuela, a la que le dedica poco tiempo; sus padres, y sus nuevas experiencias en el terreno de lo sexual y lo social, siempre contemplando su mundo desde la roca en su jardín, su refugio.






Luis López




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