SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 23 de marzo de 2020
‘Calcetitas rojas’, tú representas a la niñez mexicana que no le importa a nadie,
ni a sus padres, ni al gobierno, ni a la sociedad
y que te siguen usando para satisfacer su instinto de poder y mezquindad»
– Frida Guerrera
Hace unas semanas tuve miedo. Mucho.
No te platico hoy porque no viene al caso.
O mejor dicho sí pero no puedo, me volvería a ahogar.
Porque fue de esos miedos que no te dejan respirar. Lo sentí primero en la garganta, se me cerró, aunque yo estuviera gritando y siguiera gritando. Luego bajó, así como lava, pero fría, lento, lento, y me oprimió los pulmones, la panza, me dejó sin piernas y se escaparon de mi tres-cuatro gotas de orina.
Duró el miedo más de un día, más de 24 horas con todos sus despiadados minutos. Me lo llevé a cenar, a dormir, se instaló entre mí y mi almohada, no desayunó conmigo porque no pude y regresó conmigo a casa, que andaba yo lejos.
Poco a poco fue desapareciendo. No sé si por mi cansancio, por ese fatalismo que de repente me invade o porque el famoso tiempo que todo lo oculta.
Y en cada momento, en cada instante, tuve ayuda.
Cuando grité, una persona, mujer, me abrazó, me preguntó, me cobijó. Rosalí, una mujer franca, que usa palabras como “varo” para el dinero, “vato” para los chavos, y que sabe de tristezas, de escrituras, de feminismo. Eso me dijo para calmarme, me hizo ver que lo que yo había hecho, lo que había provocado una respuesta amenazante, era ejemplo formal de feminismo. Casi gritó la palabra, no sé si por emoción o por constatar mi sordera momentánea.
Andábamos las dos fuera de casa, con un grupo de poetas. Los alcanzamos, y sí, notaron que algo no estaba bien. No les dije qué pasaba, no podía, igual que hoy, necesitaba usar palabras anodinas, comer pan anodino, intercambiar miradas anodinas. Uno, de lejos, me apoyó, me sostuvo, con palabras de ánimo y miradas. Otro, sentado frente a mí, me sacó la verdad. Y guardó silencio. Tal vez mi miedo haya sido contagioso, tal vez haya entendido que no podía más. Creo que en algún momento me abrazó, o se despidió de mí con más fuerza, no sé. Y a los pocos días, me preguntó si estaba yo bien. Guillermo, uno se llama Guillermo y el otro Miguel.
Ya más de noche, llamada. Frida Guerrera.
Sabes quién es imagino. Es la mujer que hace unos quince años levantó la voz más alto que muchos para denunciar asesinatos y desapariciones de mujeres. Trabaja, porque es un trabajo, respira, porque el aliento le viene de ellas, y salva mujeres, todos los días. La has de haber visto en las mañaneras, es la mujer que no deja que el presidente se vaya por la tangente, es la que luego es insultada y agredida por “compañeros” periodistas, la que a diario recibe amenazas, viles, crueles, espantosas. Y la que sigue, sigue, sigue. Ella fue la que llevó la muerte de Lupita hasta la famosa justicia, que yo no sé dónde encontrar. Ella exigió, denunció y logró que se identificara a la nena, ya enterrada, ya olvidada. “Calcetitas rojas”, gracias a Frida, tuvo nombre.
Ella ese día me salvó. No de ser asesinada, ni desaparecida. Me salvó del miedo. Me indicó qué debía yo hacer, decir, pensar casi. Su voz cálida, grave me sacó del hoyo. Aunque lo de su voz tal vez sea como el abrazo que no sé si me dieron o no, parte de mi imaginación, de mi fantasiosa imaginación femenina.
Rosalí fue quién me sugirió escribir de esto. Pa’sacar el penitente miedo. Pa´poder respirar de nuevo.
Nomás que no se me está dando mucho, porque desperté al monstruo y de nuevo me ahoga. Lloro.
Dar las gracias ayuda. Sí. Porque en ese momento me mantuvieron a flote personas sobre las cuales no sabía que contaba.
Porque re-conozco en ellos, en esa presencia, lo que traté de hacer: darle la mano a una desconocida. No quedarse sentado mirando y opinando. Moverse. Dar la mano. Hombres y mujeres, recién conocidos, íntimos, todos. Caray.
Y bueno, pues, gracias…
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imagen de interiores: Du temps où tu étais petit / De cuando eras pequeño. | Autora: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
Foto de portada: Pixabay.
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