SOMOSMASS99
Víctor Corona*
El autodidacta

Hace años
-muchos años-
deambulaba como alma en pena
allá en Ensenada buscando
cariño
un sitio.
Me miro a mi mismo
-demasiado a veces-
y me miro
-a veces también-
desde el recuerdo
y me estremezco.
Allí estoy
-igual que ahora-
con el cuerpo curvo
con la frente
-clavada-
hacia el suelo
con la mirada
arriba
abajo
a todos lados.
Las tardes de verano
largas tardes de verano
–shiclosas–
entretenido
pensando
cómo será la felicidad
veía a mis compas
con 17
con sus sholitas
acompañados
enamorados los vatos.
La biblioteca era mi refugio
libros de la SEP
de Joaquin Mortiz
de Porrúa
de Alfaguara
me transportaban
-a mundos shilos–
de personajes encantadores
aterradores.
¿Has leído La peste?
Hay un personaje que se llama
-el autodidacta-
un loquillo que lee
sin criterio
en orden alfabético
todos los libros
todos
sin importar
nada
el contenido.
Desde la memoria
-así me recuerdo-
devorando libros
sinrazón
algunos me gustaban
-otros no-
algunos los entendía
-la gran mayoría no-
Pero es lo verga, ¿no?
lo importante era estar allí
leyendo
como resistencia
conectado a un pinshi mundo
lejano
distante.
Así supe de mundo existentes
y de otros fantásticos
jamás pensé que mi vida
propia
pudiera ser
como esas historias
amarillentas
ocres
de libros viejos
de biblioteca pública
de desierto mexicano.
Un día
por mero azar
leí un libro de un poeta
shiapaneco
Homero Aridjis.
¿En quién piensas cuando haces el amor?
un libro que hablaba
del fin del mundo
terremotos
ratas
hambre.
En medio de eso
dos personas se buscaban
para hacer el amor
-una ciudad se caía-
sumida entre cadáveres
para verse
y unirse
recuerdo la frase exacta
como un animal mitológico
apocalíptico
un animal de dos espaldas.
Los años
-el ritmo de la pinshi vida-
me han hecho alejarme de esas historias
erróneamente seguro
ya no me busco
en esos amores en tiempos de cólera
o en esos cantos generales
o residencias en la tierra.
Las calles han quedado vacías
-las persianas han bajado-
las personas cruzan la acera
con desconfianza
con miedo
la muerte
la enfermedad se instauran en el pecho
en la sangre.
De manera distinta
-o quizá no-
el apocalipsis se asoma
travieso
retador
mostrando
-bien verguero-
las fragilidades
los miedos
lo básico.
Las calles no se caen
tampoco hay ratas
-de momento-
saltando de las alcantarillas
más bien hay
ordenadas colas en las puertas de los supermercados
gente con mascarillas
mucha quizá
paseando a sus perros
tirando basura
buscando el pan.
Una manera ordenada
-bastante ordenada-
de acabarse el mundo.
Y yo siento vergüenza
porque si esto fuera a acabarse
una parte de mí
-seguro la más madreada-
se niega a esperar el derrumbe
-desde el sofá-
quisiera que las paredes
si tienen que caerse
se caigan
mientras paso por esas vecindades
húmedas
con cortinas hechas de trapo
donde las personas
se abrazan
se besan
se aman
mientras el mundo se acaba
se aman preguntándose
¿En quién piensas cuando haces el amor?
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.
Imagen de interiores: Efes Kitap / Pixabay.
Imagen de portada: Nathan Dumlao (@nate_dumlao) / Unsplash.
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