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Dos proyectos: Refinería del Bicentenario y Dos Bocas

Diálogo Estado / Diálogo País / Top News / 01/07/2020

SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez Agundis*

Miércoles 1 de julio de 2020

 

El 18 de marzo de 2008… aniversario número 70 del decreto de Expropiación Petrolera. Para conmemorar esa fecha, Felipe Calderón, en ese entonces presidente de la República –«haiga sido como haiga sido»−, anunció con bombo y platillo: “Por primera vez en casi 30 años construiremos una nueva refinería […] fortaleciendo la economía nacional. Al recuperar la posición que México merece en el mundo como verdadera potencia petrolera, lograremos detonar el crecimiento y desarrollo del país. Con un Pemex más fuerte ampliaremos la riqueza petrolera de México»… bla, bla, bla.

El autonombrado “presidente de las manos limpias” convocó a los gobiernos estatales para someterse a una especie de casting a través del cual se determinaría el lugar donde se construiría el ambicioso proyecto. Varias entidades participaron en el concurso. Finalmente, Guanajuato e Hidalgo fueron declarados finalistas para obtener la sede y se les impuso un plazo para asegurar el terreno que con un mínimo de 700 hectáreas alojaría a la Refinería Bicentenario, pues hasta nombre le pusieron.

Ni tardos ni perezosos los gobernadores de esas dos entidades pusieron en práctica todo el circo, maroma y teatro que fueron capaces de realizar con el fin de adquirir las parcelas. El de Guanajuato, el tristemente célebre Juan Manuel Oliva Ramírez, aprovechó para engordar su marranito. Con la intermediación de una empresa fantasma, Cereal y Pastas Finas S.A., el gobierno del estado adquirió 933 hectáreas, pagando un sobreprecio que se estimó entre 550 mil y un millón 200 mil pesos por hectárea[1]. A su vez, el gobierno de Hidalgo se endeudó con mil 500 millones de pesos para la compra del predio respectivo. Transcurrieron 17 meses para que el gobierno federal eligiera al municipio de Atitalaquia, Hidalgo, para construir la refinería.

Y pasaron los días, los meses y los años y la construcción de la dichosa refinería no avanzaba. 

En febrero de 2011 el gobierno federal dio un primer paso, anunció a la empresa ganadora de la licitación para edificar la barda perimetral, con un costo de poco menos de 100 millones de pesos. 

Un año después, febrero de 2012, se anunciaba el resultado de la licitación para el desarrollo de ingeniería y administración de una de las primeras etapas del proyecto con un costo de 135 millones de dólares.

En septiembre del mismo año, Pemex firmó un contrato con la empresa Bechtel Hydrocarbon Technology Solutions para ejecutar un paquete consistente en el diseño de proceso y la asistencia técnica para la planta de coquización.

Cinco años después del anuncio de Calderón y ya con Peña Nieto en la presidencia, en marzo de 2013, Pemex informó al Senado que la construcción de la refinería tenía un avance del 6%;. La verdad es que lo único que se había construido era la barda perimetral. 

Finalmente, en octubre de 2014, el secretario de Energía confirmó que la refinería ya no se construiría. Habían transcurrido casi siete años, las gestiones habían pasado por las manos de tres gobernadores del estado de Hidalgo y dos presidentes de la República, y se habían gastado tres mil 435 millones de pesos de dinero público, todo para nada.

Ésa es la historia del pasado. La de los gobiernos convertidos en garantes de los intereses de prominentes empresarios. Es claro que nunca existió una intención real de construir la refinería. El propósito en todo momento fue mantener el millonario negocio de importación de gasolinas a través de las empresas filiales de Pemex, una buena parte del ellas con participación privada y un manejo financiero bastante truculento.

Contrastemos con lo que está sucediendo en ese ámbito con el gobierno de la 4T. 

Desde su campaña, Andrés Manuel López Obrador externó, como una de sus principales directrices, su intención de terminar con esa política energética consistente en exportar petróleo crudo e importar gasolinas. Lo decía entonces y lo sigue diciendo ahora: “eso es como vender naranjas y comprar jugo de naranja”. El propósito de fondo es asegurar la independencia energética que hoy se encuentra tan comprometida.

La estrategia consiste en tener la capacidad de refinación suficiente para procesar en nuestro país los volúmenes de petróleo crudo que sean necesarios para abastecer el consumo nacional de productos petrolíferos (gasolinas, diésel, etc.) y petroquímicos. Para ello, el gobierno de la 4T está poniendo en práctica dos acciones concretas. Por una parte, incrementar la capacidad de producción de las refinerías existentes mediante su reconfiguración y modernización y, la más ambiciosa, la construcción, después de 40 años, de una nueva refinería en México, ahora sí y de una buena vez.

La obra está en marcha. Es la Refinería de Dos Bocas. El puro anuncio de su construcción suscitó la crítica de los detractores de la 4T, fundamentando su oposición en el sentido de que las refinerías han dejado de ser un negocio productivo, en tanto que los hidrocarburos están siendo reemplazados por otras fuentes de energía. Juicio falaz ya que las proyecciones de los expertos señalan que la producción de energía basada en recursos fósiles seguirá aumentando y, de seguir las cosas como van, Estados Unidos se convertirá en el principal país exportador de petróleo y gas para el 2040.

Una vez que se dieron cuenta de que sus objeciones no tenían ningún efecto, los detractores dirigieron sus ataques hacia el sitio elegido para la construcción de la refinería, Dos Bocas, municipio de Paraíso, en el estado de Tabasco, diciendo que era una zona inundable y no se cansaron de publicar memes al respecto. Otro cuestionamiento que pronto tuvo respuesta. El sitio fue elegido por razones estratégicas con base en estudios de logística y el terreno podría ser estructurado adecuadamente, como se ha comprobado ya.

El proyecto se sometió a licitación en marzo del 2019, misma que en mayo se declaró desierta debido a que las empresas participantes no cumplieron los requerimientos establecidos en cuanto al costo y tiempo de ejecución del proyecto, aduciendo que no era viable llevar a efecto la obra con esas condicionantes: ocho mil millones de dólares y tres años. 

El presidente no se arredró ante este fallido intento de contratar a alguna empresa privada especialista en tecnología dedicada a dirigir y coordinar el diseño y construcción de refinerías.

Algunos pensaron que con eso López Obrador daría marcha atrás en su propósito de construir la refinería y así renunciaría también a la estrategia energética que se había propuesto. Pero claro, como sucedió en la época del General Cárdenas, faltaba jugar la mejor carta, la más valiosa: la confianza en la capacidad de los tecnólogos, trabajadores y administradores mexicanos.

La decisión se tomó, hoy la administración del proyecto está a cargo de Pemex, la Secretaría de Energía y el Instituto Mexicano del Petróleo, con la asesoría de instituciones académicas del país. Rocío Nahle está a cargo de la coordinación del proyecto, conduciéndose por estrictas normas técnicas y de supervisión.

Apenas habían transcurrido seis meses desde la toma de posesión de AMLO como presidente cuando la construcción de la refinería inicio el 2 de junio del año pasado. La nueva refinería procesará 340 mil barriles de crudo cada día, se estarán invirtiendo en el transcurso de tres años ocho mil millones de dólares para su construcción y se utilizará la tecnología más reciente, con la capacidad para procesar crudo del tipo Maya.

Cuando se quiere se puede, en buena parte las acciones se llevan a cabo cuando se tiene voluntad para realizarlas. En verdad, es un orgullo constatar el valor y la capacidad que tenemos los mexicanos para afrontar los retos. La construcción de la refinería está demostrando que en el país contamos con la fortaleza financiera, tecnológica y, sobre todo, ética para llevar a buen término proyectos de esa envergadura.

Dos proyectos, dos historias, dos propósitos diametralmente opuestos. El de la Refinería Bicentenario cuya construcción nunca pasó de la barda perimetral y el de Dos Bocas en el cual, en estos tiempos, cada día emergen y se erigen con mayor altura los miles de pilares que habrán de sostener los equipos, la maquinaria y los instrumentos que darán vida a las 17 plantas de proceso, claro está, junto con el esfuerzo de miles de trabajadores mexicanos.


[1] Gastó Oliva en secreto $10 mil millones: https://www.am.com.mx/noticias/Gasto-Oliva-en-secreto-10-mil-millones-20130304-0120.html; 4 de marzo de 2013.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

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Imagen de portada: Aspecto de la construcción de la refinería de Dos Bocas en Tabasco. | Foto: Gobierno de la República.






Luis López




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