SOMOSMASS99
Agustín Ramírez Agundis*
Miércoles 16 de diciembre de 2020
Con la pandemia provocada por la Covid-19 parece que el tiempo se detuvo. La situación se asemeja mucho a la de aquella película El día de la marmota en la que para el protagonista los sucesos se repetían cada 24 horas, con toda exactitud, desde que despertaba hasta que se volvía a quedar dormido, en un cuento de nunca acabar.
Pero en realidad no es así. Estamos ya en el último tramo del 2020, propiamente en el periodo Guadalupe – Reyes, que en esta ocasión transcurrirá de un modo diametralmente diferente al de años anteriores.
Sin darnos cuenta nos encontramos ya en pleno proceso electoral para elegir el próximo mes de julio a los nuevos integrantes del poder legislativo federal y, en el caso de los guanajuatenses, a quienes conformarán los ayuntamientos en los 46 municipios del estado y a quienes ocuparán algún asiento en el congreso local. En otras entidades también elegirán a los gobernadores.
Lo bueno es que ahora el menú que se está confeccionado para los mexicanos es más simple. Sólo habrá de dos sopas. Por un lado el proyecto de la 4T que está en marcha en buena parte del país y que, conceptualmente hablando, está definido en el plan de desarrollo 2019-2024, señalando con toda claridad las directrices fundamentales del quehacer del gobierno federal. Por el otro lado, el bloque opositor aglutinado alrededor de un propósito pragmático cuyo único eje es el de obstaculizar y frenar a toda costa los programas que lleva a cabo el actual gobierno, sin ofrecer ninguna propuesta alternativa.
Las cosas están ahora muy claras, plenas de contraste. Todo en blanco y negro. Dicen que ahora el país se encuentra dividido en dos bandos política e ideológicamente. Así es, los dos bandos están plenamente identificados: en una esquina el proyecto de la 4T que cuenta con un amplio respaldo de la población y en la opuesta quienes se oponen a toda acción transformadora pretendiendo regresar al pasado, léase: corrupción, privilegios, fueros, impunidad, dispendio, endeudamiento, simulación, entrega de recursos naturales, espionaje político, inequidad de género, deterioro ambiental, autoritarismo, salario mínimo inconstitucional, por mencionar sólo algunas consecuencias de la plutocracia imperante durante 36 años.
Sin embargo, la división no es de ahora, simplemente se ha puesto totalmente al descubierto, al menos en lo que se refiere a las esferas política e ideológica. En otros aspectos mucho está contribuyendo el proyecto de la 4T a reducirla. Allí están los notables incrementos al salario mínimo en el 2019 y en el 2020, el restablecimiento de los precios de garantía para los productos del campo, los programas de apoyo a los sectores más vulnerables que han sido elevados a rango constitucional, los ambiciosos proyectos encaminados al crecimiento económico y el desarrollo social en la región sur del país, y las acciones para elevar los niveles de bienestar a través de la ampliación y reforzamiento de la infraestructura de salud con más clínicas, hospitales, personal médico y de enfermería, la construcción de caminos vecinales construidos por los mismos pobladores, la incorporación de más mujeres en los órganos de la administración federal, la ampliación de la cobertura digital en el territorio nacional, y muchas otras más.
Las profundas contradicciones existentes en el seno de la sociedad mexicana estaban hasta hace poco, encubiertas. La armonía no puede existir en un ambiente en el que predomine la desigualdad, la injusticia y la opresión. La división, sobre todo en el plano político-ideológico, se administraba, con el propósito de regularla, por medio de los partidos que pretendían simular la existencia de un amplio espectro de alternativas en los procesos electorales, única forma, por cierto, de participación política de los ciudadanos.
Pero, ¿qué tiene todo eso que ver con un par de marcas panificadoras y dos partidos políticos? Pues, sencillo, sólo tratemos de imaginar qué tiene en común la relación entre el Bimbo y el Wonder, por una parte, y el nexo entre el PRI y el PAN, por la otra. La respuesta es simple y directa.
La empresa Bimbo como no tiene competencia utiliza también otra marca, Wonder. Sin embargo, los productos son exactamente iguales, es decir, se elaboran con los mismos ingredientes, que se mezclan en las mismas proporciones y se hornean en los mismos hornos; la única diferencia está en el etiquetado de las bolsas, incluso su precio coincide exactamente. La intención es hacer creer a la gente que al comprar puede optar entre dos alternativas. En realidad lo único que elegimos es el envoltorio, pudiendo ser el que tiene la imagen del osito o el que tiene cinco círculos, dos rojos, dos azules y uno amarillo.
Lo mismo sucede con el PAN y el PRI (del PRD, ni que decir, ya hasta el nombre le van a cambiar). Desde hace varias décadas estos dos partidos se transformaron y se convirtieron en la misma cosa, uno con la etiqueta blanquiazul y el otro con la tricolor, pero ambos elaborados con la misma masa gris, enyuntados en el mismo propósito de gobernar para privilegiar los intereses de unos cuantos a costa de las necesidades y anhelos de la gran mayoría de la población. La artimaña les funcionó durante un cuarto de siglo, toda una generación se llegó a creer esa treta de que al momento de votar tenía en la boleta dos opciones principales, la del PRI y la del PAN.
Hoy, como en el cuento de Andersen, ante el creciente grito de “son los mismo”, los dos partidos se han dado cuenta de que se encuentran completamente desnudos y no han encontrado otra respuesta que juntarse, de plano, abiertamente, para cubrir mutuamente sus debilidades, acompañados, para no dejar resquicios en los flancos, por “los chuchos”, por la familia Calderón Zavala y por los minúsculos pero bien financiados Frenaas.
Su desnudez no es por portar esa túnica inexistente que llevaba puesta el emperador. Es porque carecen por completo de un proyecto de nación que responda a los problemas, anhelos y aspiraciones de todos los mexicanos. Separados, no tienen nada que ofrecer. Juntos, mucho menos. Su maridaje sólo hace más evidente su propósito de volver a ese pasado que en el 2018, con nuestro voto, la gran mayoría decidimos dejar atrás de una vez por todas.
Es claro, por allí no es. Sin ningún trabajo, con pura saliva y noticias falsas, pretenden derrumbar el trabajo que el lopezobradorismo concibió, gestó y ha venido desarrollando a lo largo de veinte años de lucha y esfuerzo, en contacto permanente con la gente.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Imagen de portada: Foro Jurídico.
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