Agustín Galo Samario / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Viernes 24 de julio de 2015
El Estado mexicano no va a garantizar que no se vuelva a repetir un acto como el de la noche del 26 de septiembre de 2014, afirma Omar García, uno de los sobrevivientes al ataque de policías municipales de Iguala, Guerrero, en el que murieron seis personas y fueron desaparecidos 43 de sus compañeros de la normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. El único que puede garantizarlo, añade sin perder el énfasis, “es el pueblo organizado, un movimiento amplio, profundo, que erradique de raíz este problema” de la corrupción, las desapariciones forzadas y las agresiones a la población civil.
La entrevista, realizada al finalizar el panel Ayotzinapa: ni un minuto de silencio, parte de las actividades del Festival Internacional de Cine Guanajuato 2015, gira en torno a la desaparición de los normalistas y la crisis social que atraviesa el país. “Creíamos que después del 26 de septiembre el Estado se iba a limitar para actuar de manera tan descarada y tan violenta contra las organizaciones y el pueblo. Sin embargo vemos que no ha sido así. No se limita, a pesar de que está en el ojo del huracán, a la vista a nivel internacional. Sigue, pues, cometiendo abusos contra la población civil”.

- La posibilidad está en los jóvenes: Omar García.
Lo que pasó en Ostula, Michoacán, donde murió un niño de 12 años y cinco personas más resultaron heridas presuntamente por balas de militares y policías, “no es algo menor, es algo muy grave. Que por decreto (presidencial) se adjudicaran las tierras de Xochicuautla es muy grave, no es un problema menor. Lo que está pasando en Oaxaca, que desalojaron a los maestros del IEEPO es muy grave. Muy grave lo de las reformas estructurales. Es muy grave que Peña Nieto se fuera a Francia para firmar acuerdos militares y que aquí El Chapo se les fuera, que se les haya escapado. Está muy cabrón”.
Omar García exige y cuestiona: “O aprendemos de este proceso de un año o no aprendemos nada. La pregunta que nos queda a nosotros es: ¿estamos aprendiendo algo o no estamos aprendiendo nada?”. – ¿Qué han aprendido ustedes? Hay solidaridad en Europa, en Estados Unidos, en Latinoamérica. – Claro, hemos aprendido el valor de la solidaridad, que hay muchas luchas en todo el país. Algunas que no son visibles pero que están ahí presentes. O sea, no porque ya no se hable de los zapatistas, ya no existen los zapatistas, ahí están. No porque ya no existan reflectores para las muertas de Juárez no quiere decir que ya no haya muertas de Juárez. La guardería ABC ahí está. La minería, Pasta de Conchos. Etcétera. Eso es lo que hemos aprendido, que hay un cúmulo de problemas irresueltos y que se tienen que resolver en algún momento, y que no los va a resolver el Estado.
“Así como nosotros no estamos exigiéndole garantías de no repetición al Estado, ellos (que representan al Estado) no nos van a garantizar que no se repita un acto como el del 26 de septiembre. El único que puede garantizar que no se repita es el pueblo organizado, un movimiento amplio, profundo”.
Washingtoniana
Youssef Adelwahab, del movimiento civil estadounidense Todas las vidas son importantes, sigue atento a cada una de las palabras de Omar García. Intenta, dice, establecer vínculos entre los activistas de ambos países.
Los gobiernos de México y Estados Unidos trabajan en conjunto para agredir a sus pueblos, cometen abusos contra la población civil. “Por ejemplo, se está haciendo mucho daño a la comunidad afroamericana, que no tiene derechos, y la policía, el ejército, no asumen su responsabilidad. Siguen cometiendo muchas injusticias. Por eso hay un movimiento que está creciendo en Washington DC, en Baltimore, en todo el país. En esas protestas surgieron los mismos reclamos que por nuestros compañeros de Ayotzinapa”.
Explica que la intención de relacionar ambos movimientos tiene el propósito de tener más impacto en México y en Estados Unidos. “Las policías le hacen más daño a los afroamericanos, mientras que la gente blanca y de clase media alta no sufren de los mismos abusos. Por ejemplo, no hay explicaciones de los crímenes de que se les acusa. Había una persona que estaba vendiendo cigarrillos en la calle y no tenía permiso. Entonces cuando la policía lo detuvo, lo arrastró, no podía respirar, lo mataron. A esos policías no los sometieron a juicio. Al mismo tiempo un hombre blanco mató a nueve personas en una iglesia (de Charleston, Carolina del Sur) y a él todavía no le pasa nada. Ahora en Estados Unidos los problemas más fuertes son el racismo y la corrupción. Pasan a diario ese tipo de crímenes, a diario, diario, diario…”.
Omar García había pedido a los asistentes al Festival de Cine hacer una lista de sus indignaciones. La suya, en primer lugar, es por la desaparición forzada de los 43 normalistas, y por el asesinato de su hermano menor un año atrás. Pero a la vez por todas las injusticias que hasta el día de hoy permanecen impunes en todo el país.
“Mira –dice mientras clava la vista en quien lo entrevista- el problema que hemos tenido es poner de acuerdo al movimiento en general. Lamentablemente, comentaba hace un rato, los maestros que dicen que son los más chingones… o sea, no se trata de decir que soy el más o el menos chingón, porque entonces en la lucha estamos entrando en el terreno de una competencia para ver quién tiene la mejor opción, como si fuéramos partidos políticos o como si fuéramos no sé qué: agentes de cambio que dicen ‘yo tengo la mejor receta para cambiar el país’. No, simplemente hay que encauzar el movimiento hacia un cambio profundo. Aquel movimiento que tenga cambios profundos, alternativas de cambio profundas, esos van a ser los válidos. Y es el mismo proceso el que lo va a ir demostrando”.

- Hay que analizar la violencia de dónde viene, dice el normalista.
Lamenta que “muchos de los que estaban al principio ya se fueron, muchos que nos apoyaron lo hicieron para resolver sus propias demandas, o sea, se colgaron del movimiento de los 43. Bueno, sabíamos que eso iba a pasar”. Lo positivo es que “hay muchos que siguen con nosotros y en ellos radica la posibilidad de cambio. Más aún, un fenómeno muy importante que ocurrió después del 26 es que muchas personas sin colectivos, sin organización, están hoy dispuestas a inmiscuirse en los procesos de cambio. Y esa gente es mucho más importante que la que ya tienen años luchando. Lo digo sin temor a equivocarme: mucha gente que tiene años luchando ya está muy dogmatizada, no es abierta, no es flexible. Piensan que solamente ellos son el camino, y la gente que es nueva (en el movimiento) está abierta a todas las posibilidades. Bien por aquellos del movimiento social que están abiertos y admiten que puede haber otras formas de lucha, según las circunstancias y los momentos políticos en el país. Pero mal por aquellos que siempre quieren seguir el mismo método a pesar de que hay una pared enfrente y, dicen, que a fuerza tenemos que pasarla cuando bien podríamos darle la vueltita o zigzaguear o maniobrar”.
“Lo que dice mi amigo –interviene Youssef Abdelwahab- es lo importante. Es hacer crecer la fuerza de la comunidad, del pueblo. Y podemos lograr esto porque tenemos el mismo movimiento en Estados Unidos por lo que nos está pasando. Tenemos al mismo enemigo: el gobierno y las policías de los Estados Unidos están trabajando junto con el gobierno y las policías de aquí de México, y hay muchos que no se dan cuenta de eso. Muchas gentes, en particular los afroamericanos, los indígenas y las personas aquí en México, son víctimas del mismo problema.
La conclusión es una, al menos para Youssef: “Podemos, si nos juntamos las personas de los movimientos sociales aquí en México y en los Estados Unidos, hacer crecer la fuerza contra nuestro enemigo”.
Los jóvenes y la Constituyente Ciudadana
O, afirma Omar García, “la posibilidad radica en los jóvenes, en que sean más abiertos. Lo importante no es cerrarse a las posibilidades. Claro, con los partidos políticos jamás iríamos, sabemos que por ahí está bien cabrón. Pero dentro del movimiento, arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha, hay muchas posibilidades”. ¿Y la propuesta para una nueva constituyente ciudadana y popular? “Ah, claro, son avanzadas. Muchos los condenan porque dicen que primero tiene que cambiarse el país y luego pensar en una nueva constitución. ¡Cabrón!, pero ellos ya están explorando el camino, dialogando. O sea, van haciendo muchas cosas que nos las ahorramos, si esa es la palabra, nos las ahorramos para ya no hacerlas después. Es un referente construir una nueva constitución; y qué chingón, pues, no desdeñamos el trabajo que hacen Raúl Vera o (Alejandro) Solalinde con los migrantes. Claro que es importante, si no quién lo va a hacer”. ¿Y el cambio puede ser pacífico? La violencia está ahí, como en Oaxaca, en la puerta, ya ni siquiera a la vuelta de la esquina. “No, no. Mira, puede ser violento o puede ser pacífico, según las circunstancias. Nosotros no nos cerramos. Cabrón, si van a la escuela nos vamos a defender, eso que ni qué. Si hasta los perros se defienden. Si nos patean nos vamos a defender. Entonces que no nos estigmaticen por usar la violencia. Claro, si es una violencia de respuesta. Es estar defendiendo un derecho que se construyó, que se ganó a base de sangre. De violencia a violencia habría que hacer un análisis de quién es y cómo”.
Etiquetas: Ayotzinapa, Estado mexicano
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