Agustín Galo Samario / SomosMass99
Palomas, Xichú, Gto. / 14 de septiembre de 2014

- La poesía es como el cuchillo de palo, «que no corta pero malluga a través de tanto tallar», dice don Ángel.
Para llegar a Palomas hay que pasar por la cabecera municipal de Xichú y adentrarse en la reserva de la biósfera de la Sierra Gorda. Ahí don Ángel González nos recibe a la puerta de su casa. Su trato no es como el que en nuestras ciudades se le brinda a los extraños, a veces distante, reservado, seco. Son palabras sencillas, cálidas, cercanas las que el compositor de décimas nos brinda y prolongan el asombro que provocan las montañas ahora llenas del verde por las lluvias. Con frases comprometidas con su entorno, su estado y su país, con la vida.
Nacido en este lugar en 1956, la mayor parte de sus días los ha dedicado a la música. Intérprete y compositor de décimas, es uno de los más reconocidos autores guanajuatenses de huapango arribeño. Un hombre con la piel morena curtida por el sol. De paso lento pero firme, de pies que hacen imaginar qué tan agreste es la roca y la tierra de una zona que pone mil obstáculos para ir de una cumbre a otra, para llevar su canto y su verso a casas perdidas en el monte, a las plazas de los poblados xichulenses y de ahí al mundo.
¿Desde cuándo se dedica a la música? “A mí me gusta desde niño, pero no pude llevar a cabo mi sueño desde entonces porque no me dejaba mi papá”. ¿Qué le decía? “Que no, porque ser músico era trabajo de borrachos, de parranderos, mujeriegos, flojos. Pero un día, a los 18 o 19 años, me dio mi guitarra”.
Estamos en un mueble que hace las veces de sillón, frente a la mesa del comedor. Se levanta y empieza a repasar lo que ha sido su vida, reunida en gran parte en los instrumentos musicales y otros objetos que cuelgan de la pared. “La del diapasón de payal es lo que sobra de la primera que me dio mi padre. El más chiquito, el pedacito, es la primera quinta huapanguera que él me dio. Esa otra es de juguete, más de gusto que… Esos son mis violines, de los primeros que usábamos. Esa de bandejita que está ahí la hice cuando tenía unos seis años.
“Y esos sombreros son de cuando era muchacho. Ahí voy guardando muchas cosas. Este es muy viejo, con él anduve por Europa, estuve en Berlín, en España, en el 99 o 2000. Algunos se me perdieron, pero esos eran de cuando iba a los países del sur, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica”.
Los amigos y los recuerdos
¿Cuál es el que ha dejado los mejores recuerdos? “Pues todos. No hay uno que no. Hay algunos que no son míos, pero que los han dejado los amigos. Este que está ahí era de mi suegra, ella lo dejó ahí. Este era de un amigo de Michoacán, de Pátzcuaro; le gustó para dejarlo ahí (en su pared) y cuando llegó a su tierra lo mataron, sí, a balazos. Este otro lo dejó un licenciado, este una diputada. Hay de varios. Este es de la huasteca potosina, este de Veracruz, este es de Tierra Caliente, Guerrero. Ese de Colombia, ese de Puerto Rico, aquel de Panamá y ese otro lo traje de Inglaterra el año pasado. En fin, hay muchos”.
Los sombreros son quizá tan importantes como lo aprendido en tantos viajes por el mundo, el más reciente a mediados de agosto a Cuba, donde participó en un encuentro iberoamericano de trovadores. Pero la música y las guitarras, quizá por la emoción que parece sentir cuando habla, son lo que le hace volver a la pared y apuntar con su dedo índice hacia “el diapasón de la guitarra con que hice mi primera tocada aquí en Palomas. Nos invitó un señor para que fuéramos a levantarle a un niño, como en enero. Nos pagó cien pesos, pero el primer violinista, que era buen violinista, nos hizo transa porque a mí me dio nomás veinte y a mis otros compañeros les dio quince. O sea, nos dio 50 pesos y él se quedó con 50. Y sí, fue mi primera tocada. Eso no se olvida jamás. Ahí empezamos a seguir tocando y a ganar dinero. Hubo un tiempo que tocábamos mucho”.
¿Hasta dónde lo ha llevado el huapango arribeño? “Hasta dónde he querido. En cuestión de sueños he realizado los que he querido. Me faltan algunos, pero yo antes decía que ser músico era para conocer el mundo, para conocer mi territorio, ser portavoz de mi pueblo. Y todo eso se ha conseguido. A ver, un día me veo apuntado en un libro por ahí. Todo se ha conseguido, en canales de televisión. He viajado en avión a lugares lejanos del mundo, a África, a Alemania”. ¿Y qué es más, músico o poeta? “El huapango arribeño requiere de las dos cosas. Es decir, ser un buen poeta y ser un buen músico. Uno puede ser muy bueno para ejecutar la guitarra, pero puede ser malo para el verso. O puede ser muy buen poeta, pero no muy buen ejecutante de la guitarra. El que tiene el privilegio de arriar las dos cosas al mismo tiempo, pues está completo. Yo procuro que poquito de cada cosa, no muy muy de cada cosa, más bien procuro buscar la manera de que las cosas salgan bien.
Inspiración

- El poeta se revela: a mí me gusta ser la voz del pueblo y no sólo eso, sino ser la voz de los bosques, del agua, de los cambios climáticos, de lo que se requiera.
“¿Que qué me inspira? Todo. Lo que veo. O sea lo que se ve, lo que se siente, lo que escuchas. Todo eso”. Un tema que le importa mucho es el agua, ¿ha compuesto algo sobre ese tema? Sí, claro, pero un poquito de todo. O sea, lo que va aconteciendo en el mundo, la problemática del agua, el calentamiento global, los desastres que pueden causarse. Entonces yo escribo poesías al respecto. Esas las cantamos y la poesía es como el cuchillo de palo, que no corta pero malluga a través de tanto tallar”.
Por eso a don Ángel le gustó más la música. Porque puede hablar de todo lo que le interesa, lo que le preocupa y lo que cree que debemos hacer para empezar a remediar todo el daño que los hombres le hemos hecho al planeta y a nuestras vidas. “Por eso escribí La misión del poeta, donde hablo de muchas cosas, no solamente de los malos gobiernos, sino también del hambre que está aconteciendo en el mundo. De que mientras unos nadan en la opulencia otros estamos muriéndonos de hambre. Hay un disparejo social muy grande”.
Hay de unos y de otros
Hay músicos y poetas de distintos tipos porque el mundo tiene de todo. Así que “estamos los poetas de convicción y los poetas que tienen precio. El poeta de convicción, le paguen o no, su palabra es su palabra, es dueño de su decisión, de su talento y de su voz. Ese donde se plante va a hablar de los aconteceres del momento. Y el otro no, si lo condicionan con que no hable mal del gobierno para que le den todos los jales, entonces asunto terminado. A esos no les llamamos poetas de convicción, no pueden ser la voz del pueblo. Más bien pueden ser la voz del privilegiado, del rico, porque en vez de ensalzar a su pueblo porque es parte de la misma cantera, pues está ensalzando al otro. Yo no soy de esos, a mí me gusta ser la voz del pueblo y no sólo eso, sino ser la voz de los bosques, del agua, de los cambios climáticos, de lo que se requiera. Eso es lo que me gusta hacer en la vida”.
¿Ha tenido problemas en su carrera por pensar así? “Tú sabes que sí. No ha de faltar a quien le molestes por lo que tú dices. Se molesta porque no le gusta que lo critiquen. Sobre todo el que no es político, porque el que es político puede escuchar todo y se lo echa p’al lomo. Pero el que no es político ese sí te causa problemas. Alguna vez quisieron bajarme de un tablado porque estaba hablando de los problemas de un municipio. Pero yo no me espantaba porque uno sabe cuáles son sus derechos de expresión y donde quiera que te pares sabes que tienes un derecho y que puedes hablar. Así que nadie te puede intimidar, nadie puede aplacar tu voz”.
– ¿Le ha ocurrido en Guanajuato?
En Guanajuato he estado en algunos eventos del Cervantino y no me ha pasado nunca. En el pasado sí, de algunas cosillas que suceden, pero no que alguien me haya querido aplacar. Además siempre tengo la protección de que nunca menciono nombres, tengo esa precaución. Más bien busco la manera de decir mi verso sin mencionar nombres, que está claro a quien le van, pero a nadie menciono. ¿Cómo te pueden juzgar? Si alguien me dice algo, pues a quién mencioné, a quién dije, ¿no? A nadie. Pero el verso va dedicado directamente, con color y todo.
– ¿Cómo cuál? ¿Uno reciente?
Hay uno que escribí, La misión del poeta:
Igual que el reportero el poeta vive atento.
Anuncia lo que siente, lo que tiene a la vista.
Buscando ser concreto, nunca es amarillista,
decir de dónde, cómo y cuándo aprovecha el momento
para ser portavoz del acontecimiento.
Usando como base el clic de la intuición,
teniendo en su palabra el poder de la razón.
Lo cierto lo discute, las verdades alega
como el cuchillo que sigue friega y friega.
El poeta aprovecha sus cantos, sus poesías.
Hablar de las reformas, de la inseguridad,
del hambre que genera la triste realidad.
De ciclones, tsunamis o también de las sequías.
Es casi terrorífico hablar de profecías,
de los daños que causan a nuestra generación
el ansia de riqueza, la contaminación.
Nuestro mundo agoniza por falta de conciencia.
Decir la realidad es tenernos como herencia.
“No decimos nombres pero sabemos que detrás de ello hay intereses muy tremendos, que les vale y nos vale gorro. O hay este otro:
Sobre los valores
Yo miro con tristeza la falta de valores.
La falta de respeto se ve por donde quiera.
Si bajo a la ciudad, me vuelan mi cartera.
Los tiempos son distintos a aquellos anteriores.
Nos hemos convertido en propios destructores.
Con tanta decadencia de nuestra educación,
perdidos en el vicio de la drogadicción
perdemos el camino, perdemos la decencia.
Se miran por doquier conatos de violencia
“Y este otro más:
Calentamiento global
Sobre el calentamiento, otro tema palpable.
Causando descontroles a la naturaleza
los polos se deshacen.
Miramos con tristeza
que de los daños causados el humano es culpable.
El desastre que viene casi es inevitable.
Los mares en aumento causando inundación
y son muy poquitas gentes las que buscan solución.
A otros nos vale gorro, seguimos destruyendo,
miramos el planeta cómo se va muriendo.
“Se supone que hablamos de problemas que ha causado el humano, por eso no digo nombres, porque yo también voy en ese barco. Todos cometemos errores, pero unos más que otros. Así que si me excluyera estaría mal”.
Casi 50 años
Don Ángel cantó por primera vez huapango arribeño en 1975. Y desde entonces a la fecha percibe cómo avanza la destrucción del mundo y, en consecuencia, que hay muchas cosas que debemos hacer. “Urge que le echemos montón para restaurar lo que hemos destruido. Es que el ansia de riqueza es algo que ha sido motivo para la aceleración de los problemas del planeta.
“Pienso: a quién se le ocurrió poner fronteras, porque desde ese momento perdimos el rumbo de la libertad y de la vida. No puedes pasar a cualquier lugar si no te identificas quién eres, si no llevas una visa. Cuando el planeta es de todos. ¿Por qué estamos repartiéndonos la tierra en pedacitos si es un solo ser? A mí no me gustaría que una parte de mí, una pierna le perteneciera a otra persona. No me gustaría que otro dijera ‘la mano es mía, es buena para tocar la guitarra, a mí me toca’. A mí no me gustaría que me la quitaran. Igual que la tierra, a quién se le ocurre estar poniendo esas fronteras. Igual el dinero, en lugar de cambiar el cacao por lo que hubiera. Si llevabas pieles, frijol, maíz, semillas, frutas, pues tú lo cambiabas, lo que tú quisieras, sin necesidad de dinero. El dinero es lo que nos está acabando porque yo quiero ser el amo y señor del mundo, mientras que otros acá abajo estamos padeciendo las consecuencias de los desmadres que estamos haciendo algunos”.
Millonario de agua
Distante cuatro o cinco kilómetros de Palomas está la escuela del poeta. A un costado del camino de terracería que lleva a Xichú y al pie de la montaña. Es un salón con techo de lámina lleno de bancas de escuela, junto a una bodega. Ahí ha dado clases de composición a jóvenes de Michoacán, Veracruz y Guerrero. En la pared, debajo del mural de verdes nopales, están los mensajes de sus alumnos de Los Cuervos de la Huastek Veracruzana. Metros adelante, dos amplios cuartos que sirven de comedor a los visitantes.
Desde joven cayó en la conclusión de que se deben hacer obras para que el viento no se lleve las palabras. Por eso su interés es enseñar a los jóvenes. “Porque a veces también decimos muchas cosas que vamos a hacer, pero no hacemos nada. Entonces seguimos padeciendo de lo mismo, falta de agua, de comida, cuando tenemos todo, todo, al alcance de la mano. ¿Por qué? Porque el temporal llega solo, viene gratis, lo único que nos toca es poner algo de nuestra inteligencia para atrapar el agua y ya. ¿Cuánta agua necesito yo para subsistir, cuánta para mi familia? Es la que voy a asegurar, ¿pero y los demás?
“Así que tenemos cientos de botellas llenas de agua. Las lleno cuando mi cisterna está al tope. Las junto y las voy llenando ahí. Tenemos cientos, a lo mejor miles. Tengo mi almacén de agua, con botellas que se ven muy feas tiradas por ahí. Están acomodaditas y cuando necesito para un árbol voy por una botella y de ahí agarro el agua. Soy millonario de agua. Luego llega algún amigo y que quiero echarme un baño, pues el agua de las botellas está bien calientita. Así”.
Esa es también la misión del poeta. Porque sólo unos cuantos tienen agua, “porque la gente batalla, porque hay mucho animal, hay pocos bordos y los que están no están terminados al ciento, se les tira mucha agua. Por eso se batalla”.




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