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El imperio en su decadencia: Cuba en la mira / II

Diálogo Global / Diálogo País / Top News / 15/02/2019

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 15 de febrero de 2019

 

«Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra».

– José Martí

 

La enfermiza obsesión del gobierno de Estados Unidos por revertir el proceso revolucionario cubano, a pesar de sesenta años de fracasos continuados, lo ha retornado a las tácticas que empleaba en tiempos de la guerra fría, aunque ahora con un arsenal tecnológico mayor, no así el ideológico.

Con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca se abandonó la hipócrita política de su antecesor, Barack Obama, y así anular los «avances» logrados por la administración anterior, recrudecer el bloqueo y las medidas de presión hacia Cuba y provocar en la población, como intentaron hace más de medio siglo, un ambiente adverso hacia el gobierno revolucionario que les permita intervenir de las más variadas formas y alcanzar su objetivo.

Ahora recurren, nuevamente, a su Ministerio de Colonias, la Organización de Estados Americanos (OEA), para lanzar una campaña de mentiras con la mira de desacreditar el proyecto de una nueva Constitución para la mayor de Las Antillas, proyecto que está por aprobarse en un referendo que se realizará el próximo 24 de febrero.

La OEA, fiel a su naturaleza de siervo del imperio, se prestó a una nueva farsa: el pasado martes 12 de febrero organizó una «Conferencia» sobre «La nueva Constitución cubana y la Carta Democrática Interamericana», con  la pregunta central: ¿Contiene esta Constitución los elementos esenciales de la democracia de la Carta Democrática?

La farsa tuvo como escenario la sede de la OEA en Washington, con su grotesco secretario general, Luis Almagro, al frente de esa ridícula escenificación y tuvo difusión a través de la cuenta de Facebook de esa organización.

Si Almagro y los demás bufones que para congraciarse con sus amos se prestaron para ese bodrio tuvieran el mínimo sentido del ridículo, hubieran tenido presente que Cuba no es miembro de la OEA, porque personajes semejantes a ellos, lacayos también del imperio, la expulsaron en 1962 por ser diferente: era, y continúa siendo, un país y un pueblo que con la revolución había recuperado su dignidad y no estaba, ni está, dispuesta a cederla o a permitir que se la arrebaten.

Además, en el proceso de elaboración de su nueva Constitución, en un país que no llega a doce millones de habitantes, en el lapso de tres meses se realizaron más de cien mil asambleas populares en las que participaron más de ocho millones de personas de todos los sectores sociales para discutir la propuesta inicial; de esa discusión surgieron modificaciones, supresiones, aclaraciones y adiciones que la Asamblea Nacional del Poder Popular plasmó en el documento sujeto al referendo del día 24 de febrero.

Ese proceso democrático, único en el mundo, es incompatible con la «democracia representativa» que la OEA dice impulsar y defender, democracia que, bien sabemos, responde a intereses ajenos a los de los pueblos. Ejemplos hay de sobra en este continente.

Otra cuestión, y quizá más importante: los asuntos internos de Cuba competen única y exclusivamente a los cubanos.

¿Por qué la OEA no abrió la boca cuando ocurrieron los golpes de Estado y surgieron las dictaduras militares en la segunda mitad del pasado siglo?

¿Por qué guardó silencio con el golpe en Honduras contra Manuel Zelaya, o con el que se llevó a cabo contra Dilma Rousseff en Brasil, o con el injusto encarcelamiento de Lula Da Silva?

¿Por qué es indiferente al hambre, la miseria, la explotación, la insalubridad, la violencia y el despojo que existen y se acentúan en varios países de Nuestra América?

Porque donde el imperio tiene intereses económicos o geoestratégicos la OEA, que en la práctica opera como promotora de la Doctrina Monroe y de la del Destino Manifiesto, se encarga de impulsar y proteger la «democracia» que los preserve o de instaurarla para que los alcance.

Los pueblos que recuperan su identidad, su dignidad y su soberanía son un ejemplo que no conviene al imperio que se extienda y Cuba es desde hace sesenta años ese ejemplo; por esa razón Estados Unidos utiliza todo su poderío mediático, a sus «socios» y lacayos para confundir a la gente y neutralizar sus acciones reivindicativas y de solidaridad. Por ello en estos tiempos cobra singular relevancia la lucha ideológica.

La verdad de los pueblos se impondrá porque el imperio está sustentado en una teoría y una ideología falsas, reñidas con la realidad y con la democracia.

El resultado del referendo del 24 de febrero pondrá al imperio otra vez en su lugar.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Américanos. | Foto: Centro de Noticias de la OEA.






Luis López




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