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El Papa y la crisis migratoria desde el albergue La 72

Sociedad Estado / Top News / 22/02/2016

SOMOSMASS99

 

Emma Aguado / SomoMass99

Acámbaro, Gto. / Domingo 21 de febrero de 2016

 

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«Esta crisis (migratoria), que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias», dijo el Papa.

Desde hacía varios meses la comunidad acambarense hacía los preparativos para la visita del Papa Francisco a México: se organizaban los autobuses, se repartían los boletos (para esas alturas un privilegio para unos cuantos), se destinaban las tareas, se organizaba a la gente; de los boletos ni hablar, “ya no hay lugares para ir a Morelia”, me dijo un día uno de los párrocos cuando solicité acompañarlos en el viaje un mes antes del acontecimiento: “Son muy pocos los lugares y ya están dados, avisa a la gente que no quiera comprarlos, es en vano”. Entonces se veía que la euforia papal ya estaba desbordándose. Al paso de los días algunos de los principales templos católicos  en la ciudad lucían mantas de bienvenida al Papa Francisco incluso a costa de algunas descomposturas en las fachadas coloniales a pesar de que Bergoglio en realidad nunca las vería, una de ellas incluso lucía una curiosa “m” muy similar a la de una popular cadena de hamburguesas de filial norteamericana. “¿Tú también te sientes empapada?”, me preguntaron con cierta ironía en plena visita del Sumo Pontífice.

La emoción provocó que acambarenses radicados en Estados Unidos viajaran miles de kilómetros organizando una especie de tour con la familia para visitar la ciudad de Morelia. “Nos conformamos con verlo pasar”, decían. Una vez llegado el Papa se escuchó el repiqueteo de campanas acompañadas con cuetes,  la gente viajó hasta la Ciudad de México para recibirlo. “Cinco horas esperándolo para verlo cinco segundos”, me dijo una pareja recién llegada con los ojos muy brillantes. “Venimos cansadísimos pero contentos, echamos porras, unos sentados, otros acostados, pero muy bonito”, agregaron quienes estuvieron el pasado 14 de febrero en la avenida Reforma instalados como miles y miles de personas más, esperando el paso del líder religioso.

***

Pero más allá del excesivo furor papal, del cuestionamiento constante de quienes señalaban los límites de lo que significa un estado laico, del oportunismo de muchos políticos y artistas, y también de la extrema mediatización a la que se vio expuesto, la visita de Francisco tuvo resonancias. El Papa fue criticado por organizaciones defensoras de derechos humanos por no haber querido aterrizar en el país en temas urgentes con lo que pudo haber dado legitimidad a víctimas sobre todo de la violencia, sin embargo no dejó de lado su acostumbrado discurso anti neoliberal pugnando por combatir aquello a lo que él denomina “la cultura del descarte” y lanzó varias frases que al día de hoy nos permiten hacer breves análisis de sus implicaciones. Hoy retomo una: la crisis migratoria.

En Ciudad Juárez el representante del Vaticano llevó a su discurso el tema durante su homilía el último día de su estancia en México, sus palabras describieron el fenómeno mundial sin rodeos, se trata dijo, de una crisis humanitaria “que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos… Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias…salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado.…injusticia que se radicaliza en los jóvenes, ellos, ‘carne de cañón’, son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas. ¡Y qué decir de tantas mujeres a quienes se les ha arrebatado injustamente la vida!”.

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“Desafortunadamente mucha gente quedó decepcionada porque no hubo reunión con víctimas reales».

Y como los guanajuatenses y michoacanos no somos ajenos a esa realidad debido a la histórica expulsión de paisanos hacia Estados Unidos de Norteamérica y más recientemente al paso de los centroamericanos que han cambiado sus rutas para finalmente también pasar por lugares como Acámbaro, fue preciso ahondar más en las implicaciones reales de las palabras del Papa, de sus actos y símbolos desplegados en Ciudad Juárez frontera con Estados Unidos, y para ello conversamos con el padre Tomás González, referente indiscutible de la lucha por reivindicar el valor humano de los centroamericanos en su paso por México, responsable del albergue La 72, ubicado en Tenosique, Tabasco, punto de impacto en temas de migración, violencia, marginación y conflicto.

González comentó que los mensajes del Sumo Pontífice respondieron  a la línea de su ministerio, desde lo que la iglesia entiende como justicia social, “desafortunadamente mucha gente quedó decepcionada porque no hubo reunión con víctimas reales, como con los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, como las víctimas de pederastia. Ya después en su avión de regreso a Roma explicó por qué, pero no deja de ser alentador que haya venido”, agregó.

Al frente del albergue La 72, llamado así en conmemoración a la tragedia humanitaria que significó haber encontrado ese número de cuerpos en una fosa clandestina en San Fernando, Tamaulipas, en agosto de 2010, comentó sobre lo sucedido en Ciudad Juárez en donde los actos y símbolos expresados por el Papa fueron dedicados a los migrantes pero también a sus defensores, quienes aún a contracorriente exponen sus vidas a graves peligros. “El que haya subido al templete de esa cruz, que haya bendecido el paso del migrante, personalmente me alienta. El Papa dijo dentro de su homilía que pensaba en los religiosos y en el ejército de personas que están en casas de migrantes y de defensores de los derechos humanos tratando de hacer menos sufrido el camino del migrante; por supuesto ahí nos vemos reflejados”. Sin embargo  agregó que aunque el discurso del Papa es alentador, la realidad con las políticas migratorias del  país es diferente, lo que significa que nada se modifica de forma sustancial e insistió: “Los que trabajamos con personas migrantes, vamos a seguir acompañando y vamos a seguir presionando para que el camino del migrante sea digno”.

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“Los que trabajamos con personas migrantes, vamos a seguir acompañando y vamos a seguir presionando para que el camino del migrante sea digno”.

Para puntualizar es importante recordar que de acuerdo a datos proporcionados por  la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza se reportó una duplicación en el número de niños centroamericanos que huyen de la violencia de sus países y que cruzan solos nuestro país con destino a Estados Unidos. En octubre pasado fueron 5 mil niños además de 6 mil 29 familiares que viajaban juntos y fueron aprehendidos también el mes pasado. Estas cifras y la realidad que representa para el padre Tomás con su albergue La 72 son un contraste entre la voluntad política y los problemas de la sociedad en espera de modificar el fenómeno migratorio de manera profunda. Visto desde una perspectiva un tanto pesimista, los alrededor de 200 millones de pesos erogados para la vista “de Estado” del líder religioso no servirán para nada si quienes toman las decisiones no muestran voluntad de revisar a fondo las causas que obligan a la gente a migrar en condiciones infrahumanas. Por último el padre Tomás retoma el aliento y llama a la conciencia: “La visita del Papa no debe quedar en lo mediático, en el souvenir, en lo bonito. México tiene que descubrirse como un país de migrantes para los migrantes, mientras no nos descubramos así, vamos a seguir permitiendo lo que hemos permitido, México seguirá siendo un verdugo para el migrante que, no debemos olvidar, es un ser humano igual a cualquiera de los que estamos en este país, sujeto de derechos, víctima de una expulsión que ni ellos mismos saben por qué”. Lo sucedido el pasado miércoles 17 de febrero reivindica desde las palabras del Papa el trabajo que sacerdotes y religiosas realizan en defensa de este grupo de población vulnerable, un trabajo que ha sido estigmatizado por los propios católicos, pero no sólo eso, a todos aquellos que han visto esta realidad omitiéndola, a partir de ahora les obliga de manera más clara a comprometerse sin rodeos.

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A unos días de haber visto terminada la visita de Francisco platiqué brevemente con una acambarense que me confesó no haber salido de su casa en media semana con tal de no perderse nada de lo que decía por la televisión: “¿Te cambio la vida la visita del Papa?,” pregunté. “Sí”, me dijo emocionada, “me siento bendecida, como esperanzada, no sé, diferente. ¡A ver cuánto me dura!”, agregó riendo.






Luis López




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