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El regocijo de los niños

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 19/07/2018

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 19 de julio de 2018

 

“Comenzaron las vacaciones, pobres mamás”, “No sé que voy a hacer este verano con mi hijo”, son expresiones cada vez más recurrentes en el discurso social que me apenan porque son el reflejo de muchas cosas, por ejemplo, que los niños y las niñas no caben en nuestro mundo cotidiano, que compiten con el sistema laboral-productivo por los padres/madres, que su vitalidad no encuentra espacios ni momentos seguros para su expresión, que las escuelas no siempre son considerados centros de aprendizaje sino, muchas veces, depósitos de niños.

Numerosos padres/madres encuentran difícil compaginar el cuidado y convivencia de sus hijos en vacaciones porque sus horarios y dinámicas de trabajo son excesivos y rígidos. Otros sí tienen la posibilidad, pero es ahí donde encuentran un problema: ¿qué hacer con ellos tanto tiempo? Parece que abruman. A estos casos me referiré en la presente reflexión.

¿Desde cuando la presencia de los niños comenzó a impacientarnos a los adultos? ¿Por qué nos incomoda su energía vital? ¿Cómo es que perdimos la capacidad para convivir, jugar y divertirnos con ellos? ¿Qué le sucedió a nuestra parte juguetona, alegre, relajada y sencilla?

¿Por qué pudiendo estar con ellos no estamos?, ¿para qué los traemos al mundo si no les vamos a hacer un espacio?

El filósofo argentino Jaime Barylko observa que los adultos decimos que “nos haremos tiempo” para cosas importantes (como estar con uno mismo, con la familia y los hijos), pero en realidad preferimos tener muy poco tiempo, porque no sabríamos qué hacer con él.

Por eso nos sugiere lo siguiente: un día para no hacer cosas: “Fíjate un día a la semana para el mero hecho de existir, estar. Contempla. Mira a tu mujer, a tus hijos, al vecino, al animal, al siervo, a la planta. Medita qué significa todo esto. ¿Para qué estás, para qué están, qué se puede hacer para mejor-estar?”

“Contemplar y meditar está tan lejos de los hábitos del hombre actual, que entiende las palabras pero no sabe vivirlas”, dice el filósofo. Por eso su recomendación es tan pertinente y urgente.

Los adultos estamos acostumbrados al ruido, al estruendo, al borlote. Lo alentamos, lo producimos, lo compramos, lo consumimos: adrenalina, estrés, compras desenfrenadas, experiencias que enajenan…, todo en exceso. Todo con tal de no estar con nosotros mismos, todo con tal de no existir, de no vivir en conciencia plena.

En cambio, la algarabía de los niños en vacaciones molesta: sus exclamaciones y parloteo, el rebote de la pelota en la pared, la patineta y la bicicleta compitiendo con los autos por un espacio, la combinación de sus gritos con los ladridos de su perro, sus carreras desenfrenadas, su canto, sus juguetes en el patio, sus huellas de lodo en las blancas paredes de la casa, sus pantalones rotos de las rodillas de tanto arrastrarse, su cabello despeinado y su cara sucia; sus peticiones de jugar, de hacer nada, de estar desocupados, es decir, de vacaciones…

Es verdad, el mundo desbocado en que nos tocó vivir no permite momentos y espacios suficientes para estar con ellos, y en su compañía recuperar atributos humanos. Pero no olvidemos que ese mundo no se construyó solo. Nos enrolaron en una dinámica consumista que nos empuja a trabajar más para tener más dizque para ser más (!), y lo aceptamos (!!), perdiendo de vista que la clave está en lo sencillo, en lo elemental.

Los niños y las niñas sólo necesitan un espacio amplio y seguro dentro o fuera de casa: un cuarto, un jardín, un parque, un baldío, un pedazo de calle con los objetos que ahí se encuentran, compañía de otros niños, así como unos padres, familiares y vecinos cuidadosos y disponibles. Ahí pongamos nuestro esfuerzo. Porque lo demás lo construyen con su imaginación, con su mente.

Estas vacaciones contagiémonos de su alegría y de su capacidad para vibrar con lo sencillo.


* Psicólogo / [email protected]

Foto: Pixabay.






Luis López




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2 Comentarios

el 20/07/2018

Ufff que buen artículo …

el 20/07/2018

¡Excelente! No hay nada más bonito que estar con ellos. Se va tan rápido la vida…



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