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Rebeca, por quien pocos exigieron justicia

Diálogo País / Top News / 19/07/2018

SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 19 de julio de 2018

 

“No se trata de indignarnos solo por una, debemos levantar la voz por todas, y, sobre todo, debemos ya exigir que paré esta masacre”.

 

Algo que disfrutaba Rebeca Flores Gómez era poner huevos y harina en las piñatas que rompían en fiestas y épocas decembrinas sus hermanas, sobrinos y padres. Adoraba hacer bromas a toda su familia. Risueña carismática y siempre arreglada, inteligente, intrépida, siempre vivía la vida. El pasado 23 de marzo cumplió 21 años y ese día hizo todo lo posible por reunir a toda su familia. Pasó uno de sus días más felices, con su hija de dos años, su familia y su enorme amor por la vida.

Rebeca proviene de una familia de 10 hermanos, cinco de ellas mujeres. Rebe era la más pequeña de las mujeres, hijas de doña Luisa Gómez Castro y don Dimas Flores Pereda. Fueron educadas siempre trabajando. Maribel, una de las hermanas mayores de Rebe, recuerda que sus padres han sido siempre trabajadores, y llenos de carencias las enseñaron a luchar para tener por lo menos para comer. Con su mamá vendían legumbres de casa en casa, y su papá empezó a cortar el cabello porque era de donde salía para poder subsistir. Fue ahí donde nació el amor por el estilismo de cuatro de sus hijas, una de ellas Rebe.

El 29 de marzo de 2018, Rebeca salió de trabajar de San Gaspar Jiutepec, en Morelos. Todavía vio a su hermana Elvira, la última que la vio con vida. “Todavía me salí a la calle a verla como se iba; me dijo que iría al centro y de ahí a casa. No supimos más de ella”.

Rebeca no acostumbraba a estar incomunicada con sus hermanas. Si no mandaba mensaje de WhatsApp a una, le mandaba a la otra, pero siempre se comunicaba. Ese día a las 18:00 horas envió el último mensaje.

Sus hermanas intentaron comunicarse con ella, pero el celular enviaba directo a buzón. Al día siguiente doña Luisa les informó que Rebe no había llegado. Iniciaron entonces la búsqueda con sus amigas, amigos, con su novio, nadie la había visto. Fue entonces que empezaron a buscarla en hospitales, en separos de la policía, y nada.

Intentaron poner la denuncia el 30 de marzo por la tarde. Las autoridades de Jiutepec les indicaron que tenían que esperar las 72 horas de “rigor” para entonces lanzar la alerta. Fue el 2 de abril que iniciaron la “búsqueda formal”. “No hicieron mucho, solicitamos las cámaras que había cerca y nos las negaron; pedíamos la sabana de llamadas de su celular, pero hasta el momento no nos han mostrado nada”, denuncia Maribel.

La casa de la familia de Rebeca se encuentra en una de las colonias de Jiutepec, a 86 kilómetros de distancia del lugar donde me encuentro. A finales de mayo una de las mujeres que siguen mi trabajo me contacto vía Facebook para pedirme apoyo para dar a conocer el caso de las hermanas Flores Gómez. De inmediato me contacté vía Facebook con su hermana Maribel, finalmente nos encontramos el 8 de julio de 2018 en su estética y casa de la familia de Rebeca.

Ahí me contaron el viacrucis que todas estas familias enfrentan, ese que usted ha leído infinidad de veces. Maribel y Elvira sonrieron al recodar a Rebeca. Maribel, 15 años mayor que Rebeca, recuerda cuando nació aquel 23 de marzo de 1997, “aquí en la casa. Yo la vi cuando lloró, no me atreví a cortarle el cordón umbilical. Vivíamos con muchas carencias, pero éramos tantos que entre todos nos cuidábamos. A Rebe yo siempre la vi como si fuera mi hija, la cuidaba. Nació pelona, no tenía cabello. En una ocasión cuando ya le había salido su cabello, la rapé y se veía hermosa. Siempre le poníamos su gorrito muy coqueto con sus vestidos, era desde pequeña una niña que vivía y disfrutaba todo como si fuera el último día de su vida”.

Terminó abril, llegó mayo y la familia de Rebe no sabía nada de su paradero. Las autoridades no les informaban nada. Pasó más de un mes sin que la familia de Rebeca supiera algo de ella. El 24 de abril de 2018, un lugareño encontró los restos óseos de una persona. De inmediato dio aviso a las autoridades del lugar, el kilómetro 10, de la carretera Tepoztlán- Yautepec, en el paraje conocido como La Quinta Piedra en el municipio de Tepoztlán. Fue el feminicidio 597 de nuestro doloroso compendio de 2018 en todo el país. Las autoridades se dieron cuenta que era una mujer por la ropa que se encontraba cerca del cuerpo; no fue identificada en el lugar.

El 24 de mayo de 2018, las hermanas de Rebe fueron notificadas de que la osamenta hallada un mes antes parecía ser de su hermana. Ya habían practicado pruebas de ADN a la madre, hermana e hija de Rebeca, las cuales confirmaron que era Rebeca.

Una caja pequeña les fue entregada: “Sólo eran unos huesos, yo les pedía que me dejaran ver su cabello, para estar segura de que no me estuvieran dando un perro. Lamentablemente corroboramos que sí era ella”.

Doña Luisa llega horas más tarde a nuestra reunión, una mujer de trabajo que refleja la tristeza en la mirada. Llegó con una pequeña de cabello corto, con dos colitas. Es la pequeña de Rebe, quien, a sus dos años, sólo sabe que su mamá no está.

La madre de Rebeca me comenta sumamente afligida: “Yo le pido a la autoridad que ya pare esto, hay mucha gente como nosotros, que ya hagan algo para detener tantas muertes”.

Con pesar las hermanas me comentan que hay muchas mujeres que han sido asesinadas y encontradas en Tepoztlán: el 8 de junio de 2018, el cuerpo de Lesley Ayleen Alamilla Sosa, estudiante de odontología de la Universidad Latinoamericana de Cuernavaca y reportada como desaparecida desde el 06 de junio de 2018, fue localizado calcinado. “Nos duelen mucho todas, pero a veces sentimos que Rebe no importa, la gente se volcó por el feminicidio de Lesley. La Universidad donde estudiaba exigió justicia, ya tienen un sospechoso, hasta una ficha de la Interpol, pero de mi hermana nada, no hay ni siquiera sospechosos, ni siquiera han investigado nada. ¿Por qué?, porque era estilista”.

Los ojos de doña Luisa se llenan de lágrimas. Agradecida me abraza, nos despedimos de las hermanas y con una voz tierna, inocente, la pequeña hija de Rebe nos dice adiós.

Al abordar el auto, una vez más el llanto intenta salir de mis ojos imaginando el futuro de esa pequeña, que sí cuenta con todo el amor y protección de sus abuelos y tías, pero que crecerá sin mamá, sin conocer a quien feliz le dio la vida, aquella que dos años atrás fue plena cuando dio a luz a su pequeña. Me dolió el cuestionamiento de las hermanas de Rebe al hablar de ese clasismo que carcome, una pregunta que preferí no cuestionarme también.

En agosto de 2015, ocho de los municipios de Morelos fueron declarados con Alerta de Género, uno de ellos Jiutepec. Tristemente, dicha alerta sigue sin funcionar violando todas las medidas de protección que se supone deberían de existir para evitar que estos brutales feminicidios sigan ocurriendo.


* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

¿Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas.

@FridaGuerrera

[email protected]

Las fotografías se publican con autorización de Maribel Flores, hermana de Rebeca.






Luis López




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1 Comentario

el 19/07/2018

Hay que unirnos como sociedad y exigir que la Ley y todos los mecanismos se dirijan a la protección de las mujeres, sin importar edad ni condición social y hay que reunir firmas para hacerlas llegar a la suprema corte de justicia y al poder judicial, deben existir abogados y activistas que puedan conducir esta petición de manera legal.
Debemos hacer algo por todas y exigir justicia!



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