SOMOSMASS99
Agustín Galo Samario / SomosMass99
Ciudad de México / Miércoles 14 de junio de 2017
«¿Cómo suena el amor?». Pregunta que a veces hace llorar, dicen Karina Martínez y Andrea Salgado, productora y directora de la Pinturas Sonoras, una obra donde los niños son los protagonistas de la historia y los papás, abuelos, hermanos, participan de un viaje en el que descubren los sonidos más extraordinarios del universo.
Pinturas Sonoras, de la compañía Meraki Teatro, se ha presentado en la Casa Pablo Coeto, primarias de la Ciudad de México y en los últimos días de abril en Universum, el Museo de las Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde Karina y Andrea están por concluir la carrera de Literatura Dramática y Teatro en el Colegio de Literatura Dramática y Teatro.

Andrea Salgado, directora de la obra Pinturas Sonoras.
De hecho, comentan en entrevista, el proyecto cumplirá un año a finales de este mes. Es resultado de las enseñanzas y asesorías recibidas de la maestra Nadia González, que en la materia Teatro para Niños les enseñó a hacer investigación-creación y cuyo propósito es, precisamente, preparar a las y los estudiantes a crear su propio proyecto teatral.
«Nos basamos en la investigación científica, de campo, teórica. Los que formamos parte de la compañía somos todólogos, porque la carrera te da una embarrada general y luego vas tomando tu camino por las distintas áreas, actuación, dirección, dramaturgia, teatrología y diseño y producción», explican.
De ahí surgió Pinturas Sonoras, con la idea inicial de hacer algo interactivo, donde los niños fueran los protagonistas y también participaran los papás, los abuelos e incluso los hermanos adolescentes «que siempre están de malas». Con un propósito no dicho, pero real: envolver todo el tiempo al niño en su círculo social más cercano.
«En un principio queríamos hablar del teatro científico y de la acústica. Cuando iniciamos la investigación nos topamos con Raymond Murray Schafer, un científico canadiense que se ha dedicado a estudiar el paisaje sonoro con la idea de salvaguardar la ecología acústica.
«Hoy estamos muy inmersos en el ruido y eso nos daña auditivamente y nos ensordece». De modo que, dice Karina, «a partir de ejercicios de convivencia y de juegos empezamos a crear lo que es Pinturas Sonoras, le creamos una historia para poder sustentar una obra que fuera entretenida para los niños, que son los protagonistas de la historia».
La obra trata de un lugar, que puede ser cualquiera, donde suceden cosas maravillosas y las niñas y niños montan un campamento con el fin de convertirse en exploradores. Es ahí donde se pone en acción su habilidad natural de escucha, para entonces emprender un gran viaje en el que descubren los sonidos más extraordinarios del universo. Es decir, descubren el paisaje sonoro.
«En un inicio fuimos a muchas obras para niños, de teatro científico, como para tener un referente y nos dimos cuenta de que había unas centradas únicamente en los niños, mientras que los papás solamente veían que sus hijos se divertían. Entonces queríamos hacer algo en lo que ellos también participaran; eso ayuda a abrir los oídos y a convivir con sus hijos».

Karina Martínez, productora en la compañía Meraki Teatro y de la obra Pinturas Sonoras.
– ¿Por qué teatro para niños?
Porque es un publico que necesita que alguien les dé un entretenimiento sano, creativo y que, sobre todo, está siempre muy dispuesto a ir al teatro. «Creo que es un público que lo necesita y que aparte está muy gustoso de asistir. Buscamos que no sólo sean los niños sino también la familia para que se puedan divertir en conjunto y reforzar los vínculos que hay entre ellos», comenta Karina.
La obra ha evolucionado, pero siempre con la misma base: el paisaje sonoro. Antes sólo trataba de realizar algunos ejercicios y ahora es un campamento sonoro al que los niños van a entrenarse para ser exploradores. «Ahora hasta tenemos una mascota que se llama Merakito El Tlacuache, un tlacuache chiquito que guía a los exploradores. Le hicimos un pequeño librito de colores, que se llama Bitácora de un Explorador Sonoro. Es la continuación de nuestra función. Ahí hay varios ejercicios para que los padres y sus hijos puedan hacerlos juntos, para que no sólo se queden con la experiencia de la función sino que puedan seguir explorando».
Pinturas Sonoras, dicen Karina y Andrea, ha ido más allá de sus propias expectativas. Al principio tenían ciertas resistencias porque se dieron cuenta que involucraban sus emociones con las de los niños. Pero ahora, al ver el efecto que este tipo de teatro causa en los papás, por la experiencia que tienen y que les permite convivir con sus hijos, se encuentran con cosas que ni siquiera imaginaban.
Por ejemplo, comenta Andrea, en alguna ocasión los padres les agradecieron que en la obra no había la tecnología con la que los infantes están enajenados todo el día. Es una obra de teatro que los hace disfrutar de manera distinta, de una manera que ya no se hace. «Ni nos habíamos dado cuenta que no usamos recursos tecnológicos para la obra o cosas parecidas. Fue muy importante para nosotros, de hecho también tenemos un cuaderno donde los padres nos dan consejos, sugerencias, y los niños lo hacen pero por medio de dibujos».
Además, hay otros descubrimientos. Por ejemplo, que a los adultos les cuesta más trabajo dejar de decir palabras, que es una regla de Pinturas Sonoras. El asunto es que los padres empiezan a pronunciar los sonidos cuando ya se les dijo que no lo hagan, si bien a veces resulta muy divertido cuando se trata de imitar las voces que se multiplican en la ciudad, como las de los vendedores de tamales. «Pero sí, a los adultos les cuesta más trabajo cambiar el chip de que no se pueden pronunciar palabras, mientras que los niños lo hacen bien, más fácil, directo».
Ambas explican que, quizá, eso se deba a que hay un exceso de contaminación sonora. Los coches, las fábricas, los audífonos que usamos dañan el oído. También hay muchas imágenes visuales, nos comunicamos a través de ellas y a veces se deja de lado al oído. «Van de la mano, cierto, pero ya nos cuesta más trabajo identificar sonidos que imágenes».
– ¿Qué tanto influye la música que se oye actualmente para que no podamos escuchar?
Pensaría que sí -dice Karina- porque se escucha a altos decibeles. Creo que es eso, música que está pensada para grandes masas y que hace que los bajos reboten mucho en los oídos y perjudican la audición.

Los mensajes de las canciones, añade Andrea, «son un poco fuertes y a veces siento que son cosas que no nos gusta escuchar pero las oímos. Finalmente son mensajes que no nos gustaría que nos dijeran, justamente por eso en Pinturas Sonoras hablamos con niños y adultos del amor que hay en sus familias, les preguntamos cómo suena el amor. Eso es muy importante para ellos. Incluso hay quienes han terminado llorando porque recuerdan algo que no escuchan normalmente, algo distinto a lo que se oye hoy en día, a mensajes (en las canciones) que no queremos oír. Por eso creo que a veces ni se presta atención a lo que dicen las canciones, las cantas pero ni te das cuenta que es algo que a ti no te gustaría que te dijeran. Y aquí sí, es algo que quieres escuchar, hasta revivir».
Ahora que cumplirán un año, Meraki Teatro emprenderá una renovación. Pinturas Sonoras seguirá seguramente su propio camino, en los sitios donde se pueda presentar. Tal vez en la Fonoteca Nacional, donde Andrea y Karina buscan presentarla. O donde sea, pues «lo padre de nuestro proyecto es que entra y sale de la caja teatral todo el tiempo. Así como lo presentamos en escuelas, también la llevamos a Las Islas de CU. Lo podemos mover en cualquier lado».
Al mismo tiempo emprenderán un nuevo proyecto. Esta vez con títeres que, posiblemente, aborden temáticas sobre la identidad nacional. «Siempre nos estamos preguntando quiénes somos, a dónde vamos. Queremos rescatar estéticamente la cultura mexicana, el arte de Rivera, de Siqueiros, para transformarlo en títeres. Ya veremos, por ahora es sólo una idea».
Fotos de portada e interiores: Rodrigo Barajas Fonseca / SomosMass99.
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