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Rehacer al padre  

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 15/06/2017

SOMOSMASS99

 

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 15 de junio de 2017

 

El molde de la paternidad tradicional que se limitaba a proveer y se caracterizaba por el autoritarismo y la distancia afectiva con los hijos e hijas se está rompiendo, y el nuevo aún no termina de construirse.

En la actualidad algunos padres desean ser cercanos, cariñosos, afectivos, respetuosos y justos pero temen que su identidad masculina se vea vulnerada, temen verse “frágiles” o “suaves”. Algunos desean dar a sus hijos lo que sus propios padres no les dieron: presencia y cariño. Pero cuando están con ellos no saben cómo hacerlo y/o temen que sus hijos varones se vuelvan frágiles, débiles (!).

Nos toca a los hombres contemporáneos crear los nuevos modelos que revitalicen la paternidad. Su ejercicio amplio y pleno permitirá transformar la identidad masculina hacia la integralidad y plenitud. Y será nuestra capacidad reflexiva la que determinará la velocidad con que se dé este cambio en la identidad. Es deseable que tal cosa ocurra más temprano que tarde para, de esta manera, detener el hambre de padre que aún existe en nuestra sociedad.

En el nuevo modelo a construir sería útil incluir aspectos hasta ahora negados para los hombres. No hay por que polarizar los atributos masculinos y femeninos. Hombres y mujeres podemos guiar, cuidar, nutrir y proteger. Ninguno lo hace mejor o peor, simplemente lo hacen distinto, porque ser padre es distinto que ser madre. Ambos papeles son diferentes y nutricios. Recordemos que la presencia de ambos proporciona variedad y dinamismo al psiquismo y a la conformación de la personalidad de los hijos y de las hijas.

La ternura, la sensibilidad, el amor, la empatía, la disciplina, la agresividad, la fortaleza, el empuje, la valentía, etcétera son atributos humanos. Somos las personas las que los hemos dividido en masculino y femenino en una repartición polarizada y radical con consecuencias desafortunadas: por eso se sigue diciendo que los hombres no deben llorar y las mujeres no deben enojarse, por ejemplo.

¿Sobre que bases hemos de construir los nuevos modelos paternos?, ¿con qué barro hemos de construir este nuevo molde? Escuchemos a algunos hombres:

El experto en vínculos humanos, Sergio Sinay, sugiere que el padre ha de convertirse no sólo en modelo de producción, de trabajo y de autoritarismo, sino esencialmente de afectividad, de hombría auténtica, de capacidad emocional, de intuición, de espiritualidad y de nutrición masculinas a partir de que lo descubre y lo cultiva en sí mismo.

Además, dice el experto, ser padres es, convertirse en educadores, rectores, referentes, acompañantes, sostenedores, legisladores (las 24 horas del día); “si no estamos dispuestos a aceptar el trabajo parental, podemos derivar esa energía a otros fines que acaso resulten más fecundos y más trascendentes para nosotros y para el mundo que habitamos”, remata.

“Nosotros tenemos que ser el amor firme, la dulzura doméstica, el territorio conocido, el sostenido consuelo y eventualmente, el consejo, siempre y cuando éste nos sea solicitado”, sugería el escritor Germán Dehesa.

Joaquín, niño de seis años, afirma con espontaneidad y seguridad desde su saber de hijo: “Los papás deben ser ¡personas felices!” Tiene razón, una persona infeliz, resentida y amargada en exceso, no debería traer hijos al mundo.

La paternidad responsable y comprometida, creo yo, es uno de los retos más grandes, una empresa enorme, una de las aventuras más intensas: un llanto que no para, un accidente o una enfermedad, un fracaso escolar, una riña callejera, una detención policiaca, una ruptura amorosa, un embarazo en la adolescencia, una infección de transmisión sexual de los hijos o de las hijas activa la adrenalina de cualquier padre.

Es por esto que en el ejercicio de la paternidad se pone a prueba todos nuestros conocimientos, habilidades, competencias y fortalezas; ahí también toman vuelo nuestros traumas y nuestros aspectos infantiles ya superados, nuestras esperanzas y miedos, nuestras ilusiones y frustraciones, nuestras certezas e inseguridades.

Por tal razón Sinay afirma que los varones que tanto gustan enfrentar desafíos, mostrar su potencia, su capacidad realizadora y su coraje, tienen en el rescate de la paternidad una aventura incomparable pues no hay conquista física, no hay hazaña deportiva, no hay reto de ningún tipo que se le equipare.

Juguemos a ser padres, pues, pero juguemos en serio. Enhorabuena por quienes ya lo hacen.

 

* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay






Luis López




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