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Fuera máscaras

Diálogo Estado / Top News / 25/07/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Martes 25 de julio de 2017

 

La recién iniciada campaña del grupo que se hace llamar Partido Verde Ecologista de México, en la que mediante volantes se pide el cierre de la refinería de Pemex en Salamanca, además de un absurdo es una soberana estupidez. No es una mera ocurrencia de personas desinformadas, es parte de una campaña más amplia que refuerza los perversos objetivos que persiguen los neoliberales con la (contra) reforma energética; y aquellos, fieles a la voz del amo, obedecen sus designios y no dudan en traicionar al pueblo que dicen representar, con tal de conservar el “hueso” y todo lo que obtienen por ser cómplices de la corrupción que impera en los diferentes círculos del gobierno. Triste papel el de ese partido.    

Parte de esa campaña va dirigida a separar a los trabajadores petroleros de los demás trabajadores y del pueblo en general, presentándolos como una aristocracia obrera a la que es necesario combatir y hacerla desaparecer. Ocultan que con el trabajo de los petroleros se ha generado la energía necesaria para que la industria, la agricultura y los servicios en el campo y la ciudad puedan funcionar y que este país, a pesar de los gobernantes y parásitos sociales que ha padecido, y padece, aún sea viable.

¿Y qué alternativas ofrecen quienes hacen tan irracional propuesta? ¿Acaso incrementar la importación, por lo que se deje de producir? (No preguntaremos si proponen construir una nueva refinería en otro sitio, porque está visto que para los neoliberales la refinación de petróleo no es una actividad rentable).

La realidad es que ese tipo de siervos, para demostrar obediencia y lealtad hacia sus amos, son capaces de cualquier cosa, sin importar lo absurda y despreciable que sea.

El argumento de la contaminación, aunque el fenómeno existe, es inconsistente porque mientras exista la dependencia de los combustibles fósiles, carbón e hidrocarburos, su transformación y empleo de derivados hará que el problema solamente se traslade a otro lugar.

Y con el fin de conservar las extraordinarias ganancias que los monopolios y el capital transnacional obtienen del manejo del carbón y los hidrocarburos, bloquean o retrasan al máximo el desarrollo y empleo masivo de energías alternas renovables y sostenibles, lo que ha originado la enorme dependencia que se tiene de esos combustibles, con todas las consecuencias que ello acarrea.  

Y como el objetivo es la privatización total de la riqueza petrolera de la nación, habrá que seguir desmantelando a Pemex para que como una fruta madura caiga completa en el regazo del gran capital.

¿Qué hacer?

Quizá, como pueblo,  definir el tipo de desarrollo al que aspiramos y emprender un proceso que incluya a todos, permita la utilización racional y sostenible de nuestros recursos, promueva una mejor y más justa distribución del ingreso y la elevación continua de los niveles de vida de la población, así como el impulso a la cultura, la educación, la ciencia y la tecnología para crear las condiciones que conviertan a nuestro país y al mundo en un lugar ambientalmente sano en el que se viva con dignidad y felicidad. Para ello, otra cuestión importante es definir qué recursos y ramas de la economía son realmente estratégicas para el tipo de desarrollo que nos propongamos y ejercer la plena soberanía de la nación sobre ellas.   

La solución, como en todos los problemas nacionales, está en la participación del pueblo como el único con la facultad soberana para decidir sobre su futuro. Y en este caso, los trabajadores petroleros, en defensa de su trabajo y sus derechos, deben entender su responsabilidad histórica y asumir la vanguardia en la defensa de esa parte del patrimonio nacional y de la industria que intentan desaparecer.

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.

[email protected]

Foto de portada: PVEM Guanajuato.






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