SOMOSMASS99
Edgar Cortez
Martes 25 de julio de 2017
Luego de la extradición de Javier Duarte a México, el inicio del proceso penal en su contra resultó una especie de caja de pandora que liberó a varios de los demonios de nuestra justicia y de nuestras instituciones.
El primer demonio apareció en la audiencia inicial en contra de Javier Duarte pues vimos a tres agentes del Ministerio Público (MP) Federales que mostraron poca preparación, escasa habilidad para sustentar las acusaciones e incongruencias en su información. La acusación era por desvío de 438 millones y apenas se lograba sustentar 38.5.
La actuación de los ministerios públicos fue tan pobre que el Juez señaló claramente las deficiencias en su trabajo de acusación.
La deficiencia no es un señalamiento nuevo pues la calidad de las acusaciones nunca ha sido el fuerte del MP, sólo que escondía sus fallas en los papeles y confiaba en aquella máxima de “una orden de aprehensión, es como un vaso de agua. No se le niega a nadie”.
La publicidad dio oportunidad de constatar la mala calidad del trabajo de los Ministerios Públicos, lo que fue testificado por los asistentes y convertida en crónica por varios periodistas que están haciendo escuela en lo que se refiere al periodismo judicial.
Esa misma situación ponía en entredicho la capacitación que se dio a quienes forman la Procuraduría General de la República (PGR). De acuerdo con el desempeño, lo gastado en capacitación para transitar al Sistema Penal Acusatorio fue dinero tirado a la basura.
El segundo demonio es la enorme desconfianza que existe hacia la PGR y en general a todas las procuradurías y fiscalías del país. A lo cual el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, realizó el siguiente llamando: “Hay que tener fe en la institución, fe en el trabajo que van a realizar y esperar a que el proceso siga y, derivado de ello, entonces el juez que le toque este tema, y otros, pueda resolver conforme a la ley”
La palabra fe tiene una fuerte connotación religiosa, alude a la creencia de un conjunto de ideas que no requieren de comprobación alguna. El Secretario Osorio Chong pedía una fe todavía más exigente, creer con los ojos cerrados en una institución a pesar de sus yerros y fallas.
El llamado que hacen los políticos a la confianza apela una especie de fe religiosa y no a la credibilidad que se deriva de los resultados, del buen desempeño que satisface a la ciudadanía o de una política pública que resuelve problemas sociales. Por tanto si el gobierno pretende hacerse de la confianza ciudadana, esa sólo puede provenir del hecho que los funcionarios y las instituciones cumplan con sus responsabilidades.
El tercer demonio es que luego de iniciado el juicio contra Duarte existe, entre la sociedad, la duda de si el proceso dará pie a una sanción ejemplar o será una simulación más.
El sábado 23 de julio de 2017 se realizó la audiencia mediante la cual se determinó que se cuenta con información suficiente para considerar que se pudieron realizar los delitos de lavado de dinero y delincuencia organizada (http://bit.ly/2uqZamp). A partir de ahora el Ministerio Público tendrá un tiempo para completar su investigación y finalmente, dentro de algunos meses, llegará el momento en que se realice propiamente el juicio en contra de Javier Duarte.
Hay que decir que las crónicas periodísticas dan cuenta de una mejora de claridad y precisión sobre las acusaciones (http://bit.ly/2tS0NGd); pero también es necesario precisar que nada de lo aportado se considera aún prueba. Sólo hasta el momento del juicio oral se presentarán las pruebas de cada parte, MP y Defensa, y cada prueba podrá ser cuestionada por el oponente. El conjunto de las pruebas será lo que permita al juez dictar una sentencia y esclarecer lo que realmente sucedió.
Ana Laura Magaloni, investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), considera que un proceso penal debería ser como contar una historia pues se trata que los asistentes entiendan tanto la historia, como su desenlace.
En el caso de Javier Duarte, apenas estamos conociendo los primeros capítulos y nos falta buena parte de la historia.
La sociedad espera que sea una historia que tenga consecuencias sobre el ex gobernador y toda su camarilla de cómplices. Este caso puede ser ocasión para liberarnos de algunos de los demonios que habitan la justicia mexicana.
Esperemos que así sea.
@EdgarCortezm
Foto de portada: Galo Cañas / Cuartoscuro.
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