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¿La Corona española debe pedir disculpas a los pueblos originarios? / Parte I

Diálogo País / Top News / 19/06/2019

SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés García*

Miércoles 19 de junio de 2019

 

Para entender el Siglo XXI necesitamos comprender lo que pasaba  en la Europa cristiana del Siglo XVI

Las pasiones se desataron por una carta cuyo texto completo no conocemos, pero cuyo contenido se filtró a la prensa y las llamadas redes sociales. Según parece, López Obrador le sugirió al rey de España que en nombre de la Corona española ofreciera disculpas a los pueblos originarios por las atrocidades cometidas durante la conquista. Hay que precisar que nuestro presidente, en el documento, incluyó al Estado mexicano y a la Iglesia católica, con el propósito de buscar la reconciliación.

Y es que cinco siglos han pasado de la llegada de Cortés a México y parece que fue ayer: las reacciones que esa carta desató nos indican cuánta falta hace estudiar; opiniones van y vienen, afirmaciones sin fundamento alguno, aseveraciones de inmenso racismo e ignorancia.

Y me vuelvo a preguntar, ¿López Obrador está en lo correcto, estas tres instituciones deben pedir disculpas? Así que busco elementos históricos, para mejorar mi juicio y me encuentro con la sorpresa de que los documentos no corresponden a la pseudo historia panfletaria que me enseñaron en la escuela y mucho menos a las afirmaciones que se hacen en las redes sociales; entonces me doy plena cuenta que para entender el Siglo XXI hay que estudiar lo que pasó en los siglos XV y XVI. Con este artículo, que voy a presentar en tres partes, pretendo interesarlos en el estudio de los documentos históricos para comprender al México de hoy.

Entremos en la máquina del tiempo para tratar de comprender una cristiandad lejana y compleja. En el Siglo XV se discutía en los reinos de Europa occidental la autoridad que en la Edad Media había tenido el Príncipe de la Iglesia, el Papa, para distribuir la tierra, legitimar reinos o señoríos, organizar cruzadas y guerras santas. Todo ello sustentado en una doctrina teocrática, según la cual Dios es el Señor del universo y de la Tierra toda, el Papa es el representante de Dios en la Tierra. En ese imaginario en el cual se consideraba que los hombres nacían nobles o plebeyos por voluntad de Dios y los reyes lo eran por un linaje que provenía de un derecho divino, precisar la legitimidad de los nacimientos era indispensable para decidir quién reinaba o, lo que es lo mismo, a quién se le concedía el derecho de vivir a expensas del trabajo de los labradores, artesanos y señores de menor rango.

En esos conflictos se entrampaban los hijos y hermanos de reyes, en toda la cristiandad, intrigando, asesinando a sus parientes, casando a sus hijos con un noble o rey cercano, o haciendo la guerra a sus vecinos para quedarse con la renta de las tierras. Una vez que los conflictos se resolvían, se recurría al Papa para que legitimase las fechorías cometidas.

Enredados en intrigas y discordias estaban los reyes de Castilla, Aragón, Francia y Portugal en el siglo XV. No sólo las guerras por la sucesión fueron terribles, con muertes súbitas de príncipes o herederos al trono por causas “inexplicables”, también estaba la discordia por los mercados y las tierras de infieles. Los conflictos y la guerra abierta entre Castilla y Portugal se prolongaron desde la década de los años sesenta, y setenta, hasta que se firmó el 4 de septiembre de 1479 el Tratado de Alcáçovas, que fue ratificado por los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en Toledo hacia 1480.

En el Tratado, las partes acordaron trazar una línea de demarcación en las Islas Canarias y la concesión de todas las tierras al sur de las mismas a Portugal. Como compensación, Portugal acordó reconocer el dominio castellano sobre las Canarias y la legitimidad de la sucesión al trono de los Reyes Católicos […] Siguiendo la práctica medieval, las partes buscaron la confirmación papal para su acuerdo, que fue otorgado a través de la bula Aeterni Regis, expedida por Sixto IV el 21 de junio de 1481. Esta bula representaba la culminación de la primera fase de la expansión atlántica europea, basada en la doctrina teocrática, que exhibía el sello de la aprobación papal a través de las bulas[1].

Firmaron la paz los reyes, repartiéndose el mundo allende los mares. Con la bendición del Papa, Portugal dependía del comercio internacional, por tanto buscaba nuevas rutas para llegar a Oriente. Isabel se empeñaba en reconquistar los territorios que estaban en poder de los musulmanes. Veamos en este contexto la repercusión de la llegada a América de Cristóbal Colón.

Colón salió de España en 1492, ocho años después de que el rey Juan II de Portugal rechazara su petición de apoyo para llegar a China viajando por el Oeste (1484). Los portugueses suponían, con sobrada razón de buenos navegantes, que la ruta era mucho más larga que la presentada por Don Cristóbal; tampoco querían arriesgar su reciente tratado de paz con España. Terco como era, Colón volvió a buscar a Juan II en 1488, la tentación del rey era grande, pero en el proyecto se debía realizar una escala en las Islas Canarias, y esas Islas, desde 1477 estaban bajo la soberanía de España; por si fuera poco, la solicitud de Colón coincidió con el regreso de Bartolomé Díaz que le había dado la vuelta al Cabo de Buena Esperanza, con ello los portugueses tenían segura una ruta marítima hacia oriente.

Desesperado, Colón se dirigió a los reyes de España. Isabel, que se sentía escogida por Dios para llevar el Evangelio a tierras de infieles, decidió apoyar el viaje sin financiarlo, pues la corona española estaba siempre necesitada y ávida de oro; nada tampoco nos indica que la reina empeñara sus joyas. El 17 de abril de 1492 se firmaron las capitulaciones[2] y compromisos, seis meses se necesitaron para conseguir el dinero necesario y llevar a cabo los preparativos. Dos carabelas le fueron entregadas por las autoridades del puerto de Palos, “por Real provisión (que) obligaba a las autoridades a cederlas”. La Santa María fue arrendada gracias a algunos prestamistas.

Así que Colón pudo finalmente conseguir dos carabelas en malas condiciones, La Niña y La Pinta y una nave de mayor tamaño, La Santa María; pero, ¿quiénes fueron los capitanes y quiénes los marineros? Corrió con suerte el contralmirante, pues el Clan de los Niño y los hermanos Pinzón se interesaron en el viaje; como marinos experimentados, conocidos en la región, pudieron reunir a los tal vez 120 hombres que se requerían para la tripulación.

Hay una lista documentada de 66 personas con nombre, apellido y oficio: tres contramaestres (uno de ellos Cristóbal Colón), tres pilotos, dos marinos experimentados (Francisco Niño y Diego Martín Pinzón), 26 marineros, 17 grumetes, un maestre físico (médico), un maestre cirujano, tres maestres más, dos alguaciles, un veedor, un tonelero, un repostero, un paje de Colón y cuatro criminales, dos de ellos marineros. En la misma lista hay otros 17, de los cuales sólo se presenta el nombre y no el oficio, estos últimos murieron en el viaje de regreso.

En su tripulación no estaban los mejores, algunos de los que se alistaron como grumetes o marinos eran pendencieros y no fácilmente encontraban trabajo; para completar la tripulación necesaria se recurrió a los criminales, cuatro con nombre y apellido, los otros no sabemos a qué se dedicaban, probablemente hubiera algunos más[3].

Las carabelas estaban en tal estado que a La Pinta “le saltaron fuera los hierros del timón”[4] en pleno viaje. Martín Pinzón puso remedio provisional con algunas cuerdas, que volvieron a saltar poco antes de llegar a Las Canarias[5]. Allí acondicionaron las naves y se surtieron de provisiones para surcar “el océano tenebroso”. Colón dio “los últimos retoques a su plan de viaje… recargó sus toneles de agua”, cargó quesos, carne, madera y todo lo necesario para afrontar con garantías la travesía oceánica. “En la isla permaneció casi un mes, una demora que las malas lenguas siempre han vinculado a los posibles amoríos del almirante con Beatriz de Bobadilla, señora feudal de la isla”[6].

Más allá de estos enredos, en el libro Colón y Canarias se describen todas las peripecias que pasaron los almirantes, pilotos y marinos para poder utilizar las carabelas, tanto La Pinta, como La Niña[7].

Partieron de las Canarias el 6 de septiembre de 1492. Un mes y seis días pasaron en el Océano Atlántico antes de divisar la Isla Guanahani en las Bahamas, a la que pusieron por nombre San Salvador; al seguir explorando llegaron a Cuba (Isla Juana) y a Santo Domingo (La Española). En La Española encalló La Santa María, con su madera construyeron un fortín. Como en todos lados habían sido recibidos en paz. En ese fortín dejaron a 39 tripulantes que no cabían ya en las carabelas. Colón regresó a España en La Niña, todo ello es muy conocido. Mucho más interesante fue la hazaña de encontrar una ruta de regreso y generar una comunicación que se volvería permanente entre los dos continentes.

Seis meses habían pasado de su partida cuando llegó Colón a Barcelona en abril de 1493, donde fue recibido por los reyes Fernando e Isabel. López de Gomara describe el encuentro, la forma como presentó ante la corte “las cosas que traía del otro mundo”. Todo era nuevo, excepto el oro. Se maravillaron ante los bellos colores de los papagayos, “unos muy verdes, otros muy colorados, otros amarillos, con treinta pintas de diverso color; y pocos de ellos parecían a los que de otras partes se traen Católicos […] Probaron el ají, especia de los indios, que les quemó la lengua, y las batatas, que son raíces dulces, y los gallipavos, que son mejores que pavos y gallinas”[8].

Su asombro ante los hombres que llevó Colón fue todavía mayor, pues llevaban zarcillos de oro en las orejas y en la nariz, y el color de su piel, ni blanca, ni negra “sino como triciados o membrillos cochos”. Los reyes católicos hicieron bautizar a los seis indios sobrevivientes y los apadrinaron. ¿Para qué llevó Colón a nativos de las islas hacia España? Entre otras cosas para que «aprendiesen la lengua, para que cuando aquestos acá tornasen fuesen lenguas e intérpretes para la conquista y pacificación y conversión de estas gentes»[9].

Antes de un mes, Isabel había conseguido una bula del Papa para asegurarse el monopolio de las navegaciones y la soberanía sobre territorios que aún no conocía:

“Los Reyes Católicos se adelantaron a obtener del Papa una bula, la ínter Caetera [el 4 de mayo de 1493] que les otorgaba el monopolio de las navegaciones al Oeste de una línea que, en adelante, iba a dividir el mundo […] la novedad sorprendente consistió en que, por vez primera, la diplomacia recurrió a expertos que pudiesen saber cuál era el alcance de la línea que se trataba de fijar. Tal es la importancia del documento […] que constituye un hito en la historia de la diplomacia universal. También en este aspecto los reinos ibéricos daban señales de gran progreso en las postrimerías del siglo XV […] la reunión de Tordesillas es ejemplar por la serenidad y eficacia con que trabajaron sus protagonistas. Ambas partes se mostraron satisfechas con el resultado que se alcanzó ya el 7 de junio de 1494, es decir, en un tiempo muy corto”[10].

Y así, como si se tratara de una partida de dados, dividiéndose el mundo sobre un mapa, cometieron un atroz acto de rapiña, despojando a sus dueños, los pobladores de América, África, Asia y Oceanía de su tierra, del derecho a pensar de manera diferente. Esa es la primera acción que en justicia obligaría a las Coronas de España, de Portugal y al papado a pedir perdón.

Tordesillas es “uno de los primeros y más arrogantes actos de la geografía global imperial europea […] El mundo fue dividido en dos por dos reinos europeos, usando un mapa para anunciar sus ambiciones globales”[11].

Como contraparte, sólo podemos decir que en este juego de dados en que se repartían el mundo, lo mejor que pudo haber sucedido fue que España y no otros países de Europa se encargara de esa labor de despojo. ¡Pobres pueblos originarios de los lugares adonde llegaron los invasores de Portugal, Inglaterra, Francia, Bélgica u Holanda, que no tardaron en expandirse y cuyas atrocidades fueron potencialmente muy superiores a las que cometieron los españoles!

En rigor, no sólo la Corona española sino todos los representantes de Estados, reinos y naciones que han invadido, y peor aún, siguen invadiendo y despojando pueblos enteros, deberían ofrecer disculpas y acabar con esa lacra de la humanidad; el dominio de unos cuantos países imperialistas sobre la mayor parte de los seres humanos.


[1] Duve Thomas ¿Una ‘revolución espacial’? Cosmografía, prácticas jurídicas y la historia del derecho internacional público. Max Planck Institute for European Legal History.

[2] Las Capitulaciones de Santa Fe que se firmaron el 17 de abril de 1492, autorizaron sin financiar el viaje de Colón a América. Ver: Rodríguez Lorenzo Sergio, Los 4 viajes de Cristóbal Colón: crónica del descubrimiento de América.

[3] Bache Gould, Alice. Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492 (IV), http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/nueva-lista-documentada-de-los-tripulantes-de-coln-en-1492-iv-0/html/00ab953a-82b2-11df-acc7-002185ce6064_5.html

[4] http://hispanismo.org/reino-de-las-canarias/5248-el-primer-viaje-de-colon-1492-un-mes-en-canarias.html

[5] Santiago Miguel (Archivero-Bibliotecario del Ministerio de Asuntos Exteriores) “Colón en Canarias” en Recuerdos colombinos en Canarias, y de Canarias en América en la primera mitad del siglo XVI.

[6] Idem.

[7] Colón y Canarias: Consejo Superior de Investigaciones Científicas Instituto de Estudios Canarios en La Universidad de La Laguna; Publicación Encomendada al Instituto por el Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, 1959.

[8] López de Gómara, Francisco; Historia general de las Indias y Vida de Hernán Cortés, Volumen1, prólogo y cronología, Jorge Gurría Lacroix, biblioteca Ayacucho, Caracas, p.33

[9] Fernández de Oviedo, 1. l. Cap. VI, p. 28. En Mira Caballos Esteban, “Indios Americanos en el reino de Castilla1492-1550. https://institucional.us.es/tamericanistas/uploads/revista/14/MIRA-CABALLOS.pdf

[10] UNESCO. Memoria del mundo. El Tratado de Tordesillas. Patrimonio documental propuesto por España y Portugal y recomendado para su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo en 2007. http://www.unesco.org/new/es/communication-and-information/memory-of-the-world/register/full-list-of-registered-heritage/registered-heritage-page-8/treaty-of-tordesillas/

Ver también: Tratado de Tordesillas, Ministerio de Educación y Ciencia, Dirección General de Archivos y Bibliotecas, en https://sede.educacion.gob.es/publiventa/PdfServlet?pdf=VP01169.pdf&area=E

[11] Idem.

* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

[email protected]

Imagen de portada: Portalísimo.






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