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Mujer Árbol

Para Ver, Oír y Comer / Somos Audio / SOMOS PALABRAS / Top News / 19/06/2019

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Violeta Ramírez

 

Violeta es narradora Oral y Escénica con más de 10 años de experiencia profesional, en teatros, narración oral y cuentería. Tallerista y Capacitadora en el ámbito de la promoción a la literatura, y la formación de la narración oral. Actriz con Formación  Profesional. Bailarina de Ballet y Danza Contemporánea Tallerista Profesional en Fomento a la Lectura. Obtuvo el Premio a la Trayectoria en Narración Oral en el país Palabra Viento, en el año 2019, otorgado por el Festival Internacional de Narración Oral Palabras al Viento.

Divertida Narradora Escénica de talla internacional, que ha representado a México a lo largo del continente en diversos festivales y espectáculos en países como: Agentina, Cuba, Colombia, Chile, Perú. Y ha recorrido el país llevando talleres, capacitaciones y cuentos, maravillando a adultos y a niños por el territorio de la imaginación, apoyando el recate oral y la promoción a la literatura.





Mujer Árbol

Cuenta una historia muy, pero muy de hace mucho tiempo, de la que ya no muchos recuerdan ni de la que ya no muchos hablan, que antes de que aparecieran los humanos de dos patas en la tierra, todas las mujeres, antes de ser mujeres, fueron árboles. Y tal como estos, tenían raíces que las hacían una con la Madre Tierra: manos largas y resecas, hechas de troncos y cortezas, y largos cabellos que se cubrían de hojas, flores, frutos y aves que cantaban en primavera. Estas vivían en los rincones más hermosos, se nutrían del sol, el agua y el viento, y jamás estaban solas, pues las rodeaban todas las criaturas del bosque, tanto las terrenas como las mágicas. Esas que ni tú puedes imaginar. Así también, las custodiaban y nutrían el árbol más sabio de todos, al que llamaban la Abuela Árbol. Un árbol tan pero tan viejo que conocía todos los secretos sobre la vida y sobre la muerte, y siempre que una mujer árbol de cualquier lugar del mundo enfermaba, se comunicaba con la Abuela a través de sus raíces para sanar. Las mujeres árbol tenían poderes mágicos, se comunicaban sin usar las palabras, movían los elementos sin tener manos y podían sentir a todos los seres de la naturaleza a través de la red profunda que se formaba de sus raíces justo bajo la tierra.

Un día, mucho tiempo después de que llegaran a la tierra los humanos de dos patas algo pasó y comenzaron los tiempos de guerras, muerte y destrucción. Algunos dicen que a causa de la ambición de los reinos, el poder y las riquezas. Fue una época terrible donde muchas mujeres árbol fueron convertidas en madera y quemadas como forma de generar calor. De esa manera, para poder mantener vivas a otras hijas, la Abuela Árbol les permitió, sí, desenraizarse y tener pies para poder correr y esconderse lejos del peligro. Así, las mujeres árbol debieron aprender a caminar y sobrevivir por sí mismas, a cambio perderían sus raíces y su conexión a la madre tierra, y todos los seres que en ellas habitaban. Esto les causaba un tremendo dolor  y tristeza, pero esta era la única forma de sobrevivir y conservar la tradición de las mujeres árbol.

Alguien me contó esta historia. Dicen que pasaron muchos siglos, hasta que la guerra por los reinos terminó. En ello muchas mujeres árbol murieron de tristeza, ya que no soportaban la soledad ni el desenraizamiento. Otras se olvidaron de quiénes eran, por lo que aprendieron a vivir con los de dos patas, perdieron sus poderes y capacidades mágicas. Sin embargo, hubo otro grupo de mujeres árbol que se distribuyeron por el mundo y a pesar de separarse, se prometieron jamás dejar de ser ellas mismas y conservar en su más profunda memoria de ADN todo aquello que ellas aprendieron de la Abuela Árbol. Así, así mis mujeres, así este grupo de mujeres prometieron encontrarse y rencontrarse. Así como nosotras nos estamos rencontrando en todas las vidas posteriores, en las presentes, en las futuras. Manteniendo muy bien guardado el secreto del origen y el poder que tenemos nosotras. Así también, la Abuela, deseando jamás separarse de este bosque de doncellas y en un acto de amor profundo por sus hijas, bendijo a todas las mujeres con un árbol en su vientre, y este árbol se transforma en lo que hoy es nuestro útero. Así, todas las mujeres pueden recuperar su enraizamiento. Poco a poco, comenzarán a generar las raíces con la madre tierra, nutriéndose de todo su amor, pues el útero es su anclaje a su verdadera esencia. Desde él, está la forma de recuperar la razón más primigenia de ser mujer, y lo maravilloso de la bendición de la Abuela Árbol es que, tengamos o no el útero físico, siempre tendremos un útero energético que nadie ni nada nos podrá jamás arrebatar.

Esta es una historia muy antigua. Sin embargo, muchos dicen que en estos tiempos la Abuela Árbol, sí, esa abuela sabia, está haciendo un llamado fuerte y claro a sus hijas. Es así como al abrazar al árbol más viejo del bosque y apoyar tu oído en el tronco, este te contará todos los secretos de las mujeres árbol, te llenará de todo su amor y te otorgará toda su medicina ancestral. Y ya, así, nunca más estarás desconectada de la Abuela Árbol. Tu útero, exista o no físicamente, recuperará su raíz y caminará por siempre anclado a la tierra. Hoy, mi mujer, tú que estas herida o que tienes una herida ancestral y un vacío emocional profundo sin explicación, ¡ay!, utiliza este símbolo, hazte consciente, no pierdas tu raíz, regresa a la Madre Tierra, a la Abuela Árbol. Es la única manera de recuperar la alegría, el sentido de la existencia y el amor por ser mujer, estás volviendo a enraizar el útero a la tierra. Esto es tomar conciencia. Esto toma tiempo, no es de un día para otro. Pero cuando llegue, todas tus memorias ancestrales, todo tu sangrado, todo tu ser mujer, todo tu vientre, se hace totalmente consciente de esta pérdida y entonces, poco a poco, comienza a llenarse ese vacío, eso que está lleno de tristeza, y la sanación comienza de verdad. Ahí hay que enraizar nuestros pies, nuestro útero, físico o energético. Que permanezca esta conexión a la Madre Tierra. Con amor, con todo mi amor, con todo mi amor para ustedes.

Este cuento nació de lo más profundo de las memorias, de las memorias uterinas, y fue escrito por una mujer: Jimena Noemí Ávila Hernández. Esta mujer, que todos sus días de luna, por todas sus lunas, va tomando conciencia de lo que es el amor: enraizarnos a la tierra y que nuestra vida esté llena, llenita, de cosas buenas y creadoras en nuestro canto sagrado. Así sea.


Fotos de interiores:

(1) Akram Gamal / Pixabay.

(2) Ardash Kummur (@akummur) / Unsplash.

(3) Jeremy Bishop (@jeremybishop) / Unsplash.






Luis López




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