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La emergencia sanitaria y su impacto en el sistema educativo / II

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SOMOSMASS99

 

Sara Rivera*

Miércoles 2 de septiembre de 2020

 

Una de las áreas más afectadas por la pandemia de la Covid-19 es la educativa. No sólo un gran porcentaje de la población mundial se ha quedado sin escuela, sino que las estrategias implementadas por los gobiernos del mundo han sido medianamente suficientes, en el mejor de los casos, y en otras es evidente que los Estados se han visto rebasados. El desastre ocurrido con los sistemas educativos nacionales, a raíz de la pandemia y sus formas de intervención, son una muestra de la concepción que los gobiernos tienen sobre su responsabilidad, a lo que cabría preguntarnos: ¿cuáles son las responsabilidades que un gobierno cree que tiene al gobernar a un pueblo? ¿Cuál es su papel en una emergencia sanitaria? Y cómo concibe soluciones (y sus tipos de soluciones) para paliar, aminorar, reducir o prevenir una crisis sanitaria como al actual y como las muchas que seguramente vendrán. Los gobiernos, entre otras cosas y en teoría, se encargan de la gestión gubernamental, de la ejecución de medidas estratégicas en favor de la sociedad en general, de los intereses de los gobernados.

Sin embargo, si tomamos como muestra el botón educativo, nos podremos dar cuenta de la discrepancia que hay en la percepción gubernamental, en la poblacional y, más aún, de aquella que conforma el sector empresarial. Cada parte pugna, tiene intereses y ha sido afectado de diferente manera. En ninguna manera el gobierno puede situarse como afectado, sino en aquel que debe dar respuesta a la crisis, ese es su papel, esa es su esencia. Por ello mismo, es importante que el gobierno (quienes lo componen) lleven a cabo las acciones que permitan a la población salvaguardar su vida: económica, laboral, emocional, educativa y de salud, esencialmente.

Cada uno de estos rubros esenciales para la vida pueden verse reflejados en el ámbito educativo. Cuando uno o varios de estos aspectos se ve afectado, también se observa una afectación en el desempeño y en el funcionamiento del sistema educativo desde sus áreas más insospechadas hasta nivel global: desempeño escolar, deserción, violencia escolar, bajo rendimiento; o falta de recursos de la escuela para funcionar como cuando faltan profesores para ocupar los puestos, saturación de alumnos por aula, falta de material educativo (en línea o físico); en el área administrativa o directiva: falta de liderazgo por parte de la dirección o autoridades educativa, falta de relación entre directivos y comunidad educativa, falta de comunicación o de dirección, entre muchas otras, así como la no provisión de elementos esenciales para el funcionamiento escolar ya sea a distancia o directamente en el espacio físico.

La escuela, en esta pandemia, ha sido un laboratorio: lo que ha ocurrido en ella también sucede a otros niveles más globales dentro del gobierno y de la sociedad. El aislamiento y desconcierto de la población estudiantil existe también en el gobierno. De igual manera, los beneficios que algunos alumnos obtenían de la escuela fueron cancelados cuando éstas cerraron, específicamente el alimentario. La obtención de comida, esparcimiento y relaciones sociales fueron abolidas debido, sin duda, a un hecho más emergente: el cuidado de la salud. Y de paso se perdieron esos beneficios esenciales para un gran porcentaje de la población escolar, cuyo único alimento o zona de esparcimiento lo constituye la escuela.

El colegio, ahora lo podemos ver claramente, tiene una función más allá de lo académico para muchas poblaciones, sus beneficios no son sólo aprender a leer o escribir, sino obtener asistencia médica, alimentaria y monetaria, como pasa con las escuelas a nivel medio superior donde la mayoría de los alumnos puede acceder a una beca económica, misma que resulta un apoyo vital para el alumno y su familia. Asimismo, uno de los aciertos gubernamentales fue mantener este apoyo o aumentarlo como ocurrió en la Ciudad de México, no así en otras áreas como la alimentaria.

Sobre lo ocurrido en el sistema educativo a partir de la pandemia, si lo pensamos bien, podremos advertir las condiciones de vulnerabilidad en la que viven millones de mexicanos, así como la concepción que se tiene de los bienes básicos que todo ser humano requiere para vivir y que obtiene (a veces) a través de la escuela. Nos referimos a los bienes mínimos que todo ser humano requiere para la vida, a esos bienes que constituye un derecho en toda sociedad.

Sin duda existen personas, grupos sociales y países donde estos derechos (salud, educación y alimentación), se ven como una rareza o, incluso, sectores sociales conservadores los consideran (de otorgarse) como populismo, acciones comunistas, que llevarán a un país a la bancarrota. Sin embargo y, sólo como ejemplo, Finlandia, país del que tanto se habla cuando de rendimiento académico se trata, cuenta con un sistema educativo público, sólo un 1% de su población escolar va a una escuela privada. En ese país, se provee a los alumnos de alimentación, transporte, asistencia médica y psicológica gratuita; se hace un perfil académico por alumno y los reportes de avance curricular se les entrega en presencia de sus padres de manera oral y escrita. Esto mismo ocurre en otros países totalmente capitalistas como Estados Unidos, Nueva Zelanda, España o Francia.

¿Por qué ocurre esto? ¿Es socialista dar de comer a los estudiantes en la escuela?, ¿proveerlos de útiles escolares gratuitos o médicos, psicológicos o epistémicos? En realidad, es un derecho humano tener acceso a la educación, a la salud y a la alimentación. Concebir a los alumnos como sujetos de derecho, susceptibles de ser beneficiados a partir de los impuestos que salen de la sociedad misma, requiere un cambio de visión sobre ellos y sobre las obligaciones gubernamentales. No hay socialismo alguno en una escuela limpia, higiénica, con los insumos necesarios para salvaguardar la salud física, emocional y racional de los educandos, simplemente es un derecho. Los derechos, en algunos sectores retrógrados, se ven como privilegios, y quieren mantener a la población marginada, sin alimentación, educación o salud.

En México (país de contrastes) existe una visión retrógrada, esclavista, que no está a la altura de las circunstancias y necesidades requeridas por la sociedad actual, que se niega a que todo ciudadano mexicano tenga acceso a la salud, la educación y la alimentación, y esto tiene que cambiar. Esto se observa con lo ocurrido en la escuela durante la pandemia. El sistema educativo es un botón de muestra de las distintas vertientes ideológicas sobre si se otorgan “beneficios sociales” que ayuden a toda la población a partir de una base común de desarrollo. Hemos visto ciertos apoyos (becas) para los alumnos y sus familias y, a la par, acuerdos millonarios con televisoras. Ambos hechos son dos caras de una moneda (la forma de actuar de un gobierno). De fondo, la discusión radica (eso creo) en considerar cómo concebir al sistema educativo, cómo conceptualizar a un estudiante. Se le niega la oportunidad de una vida digna, cuando no se considera su situación marginal extrema, misma que le impide siquiera acceder a lo mínimo como comer una o dos veces al día. No tomar en cuenta este hecho y sólo exigirle que “salga adelante con sus propios medios”, sin responsabilidad del gobierno o de los empresarios, cabe en un pensamiento medievalista o separatista, cuya visión simplemente no concuerda con los requerimientos actuales.

Por el contrario, es esencial cambiar la manera de concebir a la educación y a las personas que lo integran. Lo que ocurre dentro de las aulas (ahora casas), debe ser atendido por el gobierno y sus diversas instancias: alimentación, educación de calidad, apoyo emocional y de salud, entre muchos otros aspectos que también caben dentro de la escuela y que fueron develados durante esta crisis sanitaria.


* Sara Rivera López es doctora en Teoría Literaria, escritora y profesora de Teoría Literaria, Análisis de Discurso, Crítica literaria, Ensayo, entre otras materias en diversas instituciones universitarias (UNAM) nacionales, presenciales y a distancia. Se desempeña como especialista en procesos de lectura y escritura a gran escala.

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Twitter: @Sara_Rivera

Foto de portada: David Shoykhet (@shoykhetd) / Unsplash.






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