SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Algunos concebimos la esperanza como la sensación de poder alcanzar, sobre bases reales, un objetivo o, por qué no, un sueño, una utopía.
Esa sensación debe sustentarse en cierta base real que haga posible esa esperanza, porque de otra manera se esfumaría más rápido que lo que le tomó forjarse.
A manera de ejemplo: si creemos firmemente que en nuestra sociedad debería haber justicia social, equidad, libertad y una vida digna para sus miembros y ese pensamiento lo hacemos nuestra utopía, deberemos crear las condiciones que nos permitan volverla una realidad.
La realidad misma se ha encargado de poner en escena las condiciones que conducen a crear nuestra utopía, de nosotros dependerá el desarrollo de aquellas que nos permitirán alcanzarla.
Y las condiciones en que vive la inmensa mayoría de nuestro pueblo nos muestran que las utopías, además de ser algo que pueden construirse, son necesarias y urgentes, pero se volverán realidad solamente en la medida en que los que padecen la actual situación se conviertan en los protagonistas del cambio por un futuro mejor.
Quienes detentan el poder intentan, con su propaganda, hacernos creer que las utopías son anticientíficas e inalcanzables; utilizan todo su arsenal ideológico para mediatizarnos, separarnos de nuestros semejantes y manipularnos a su conveniencia y en su provecho. Sin partir de un análisis crítico y serio de la realidad, nos imponen políticas y medidas que pintan un futuro idílico y paradisiaco, producto siempre de su visión del mundo, sus intereses y la necesidad de producir y reproducir las condiciones que les permitan mantener ese poder.
Una de las condiciones indispensables para intentar un cambio con probabilidades de éxito es sacudirnos la visión del mundo que desde el poder nos han impuesto, construir una ideología propia, ver y sentir el mundo con nuestros ojos y sentidos, no como nos lo pintan desde arriba. Una vez logrado esto tendremos los argumentos necesarios para superar los demás obstáculos que se presenten.
Nuestro país, devastado por la aplicación de políticas neoliberales, con una clase que ejerce el poder, en alianza y dependencia del capital financiero internacional, necesita con extrema urgencia cambiar toda su estructura, sus bases, refundarse, para intentar nuevas formas de convivencia en las que no tengan cabida la corrupción, la injusticia, la desigualdad, el desempleo, la violencia, la inequidad, la miseria, la discriminación, la exclusión y, en fin, todo aquello que impida una vida digna al ser humano.
Está claro que lo anterior no se logrará si persisten el sistema político, jurídico y el modelo económico actuales. Refundar el país implica una renovación que deseche todo lo que ha afectado y empobrecido a la mayoría de nuestro pueblo y devastado al país, que el pueblo sea el protagonista principal del cambio y que un nuevo marco jurídico sea soporte y garante del mismo.
En la Constituyente Ciudadana Popular confluimos mexicanos que pretendemos refundar este país. No desde instancias cupulares o de juntas de notables, sino desde el pueblo mismo, desde abajo. Quienes aportamos nuestro modesto esfuerzo lo hacemos con el único interés de vivir en un mejor país. Actuamos como facilitadores (promotores) de un proyecto en el que el pueblo será el que decida qué país quiere tener, cómo deberá regirse y cuáles serán las reglas de convivencia. El cuándo, también dependerá del pueblo y su nivel de organización.
Y se puede construir si con nuestro trabajo, esfuerzo y pensamiento propio mantenemos la esperanza, porque derrotado está solamente quien pierde la esperanza y deja de luchar.
Esa es nuestra utopía.
Mantengamos la esperanza.
* Alfonso Díaz es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca
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