SOMOSMASS99
Javier Bravo*
Martes 24 de enero de 2017
El llamado gasolinazo es el más reciente eslabón de una larga cadena de agravios que los gobiernos neoliberales de México han venido imponiendo a la población de nuestro país, al menos, en los últimos treinta años. Por esos agravios la historia de nuestro país está llena de heroicos actos de resistencia, de luchas y movimientos sociales, de revoluciones que han transformado las relaciones del pueblo ante el poder y que nos han configurado como un pueblo que ante la crisis responde indignado, con dignidad y valentía.
La pobreza y marginalidad, que hoy y desde siglos atrás, afectan a millones de mexicanos no han sido eliminadas de nuestro horizonte social. Los años 60 y 70 del siglo XX fueron marcados por movimientos guerrilleros que, a su modo, se oponían a la inmoral pobreza de las familias en estados como Guerrero. Así, la calidad de vida de la población mexicana ha descendido de manera estrepitosa, en general, hasta representar tan sólo el 30% de lo que fue a inicio de los años 80 del siglo XX. Mientras todo esto ocurría, los grupos de poder fáctico han venido consolidando su influencia en las decisiones sobre economía y política, lo que se ha reflejado en la privatización de valores de la nación, cuyo monopolio estaba orientado a controlar bienes y servicios estratégicos para el desarrollo general.
Justamente en la década de los 80 se dio un agravio más: el fraude electoral que arrebató la presidencia al candidato de la amplia y multicultural oposición de izquierda. Así, Carlos Salinas de Gortari fue el ilegítimo presidente en un gobierno que trazó las líneas de acción transexenal de perfil abiertamente neoliberal. El gasolinazo de hoy es consecuencia directa de las políticas depredadoras que saquean la riqueza de la nación en aras del beneficio capitalista. Otros presidentes neoliberales le sucedieron, dos de los cuales también accedieron al mando de las instituciones de manera ilegítima: Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.
Esta vergonzosa serie de desgarramientos del país y fraudes electorales ha hecho madurar la conciencia colectiva y crea condiciones objetivas para un cambio de régimen. Especialmente en este último sexenio, las manifestaciones masivas se han multiplicado y son reacciones ante las intenciones manifiestas ─y acciones flagrantes─ de escandalosa y cínica corrupción del presidente y su primer círculo, intenciones y acciones que tienden a privatizar los estratégicos recursos energéticos del país, que imponen una reforma educativa carente de consenso, que liberalizan el precio de las gasolinas con la consecuente escalada del precio de la canasta básica, y un largo etcétera.
De modo que el gasolinazo, con toda su gravedad y con la violencia que implica (pues genera aún más pobreza en el pueblo y la pobreza es una expresión del despojo, que es violencia), con todo ello, no es sino el eslabón más visible de esa cadena de agresiones del poder hacia la sociedad. Y es en virtud de esa violencia objetiva, cuantificable, que el pueblo de Guanajuato y de México se indigna y se rebela. Respaldamos absolutamente todas las diferentes formas pacíficas de manifestación del hartazgo por el sufrimiento producto de los privilegios y la impunidad de quienes ejercen esa su aberrante forma de política que destruye.
Entendemos la política, en cambio, como un campo de la vida humana que debe conducir a la construcción de una sociedad solidaria, que erradique los privilegios y la corrupción, el machismo y la violencia, que desarrolle las economías sustentables y la vida comunitaria, las relaciones sociales igualitarias y el cuidado del medioambiente.
El actual gobierno espurio, representante de los intereses más oscuros del capitalismo neoliberal, que despoja a los pueblos del mundo de su patrimonio y lo entrega a particulares, este gobierno encabezado por el priista Enrique Peña Nieto, representa los valores más funestos e inhumanos de quienes comandan el gabinete en su conjunto ─incluido el presidente─, y no nos representa.
Por lo anterior reiteramos a todos los indignados de México nuestra solidaridad y la convicción de que su indignación es justa, su rabia es digna y nos sumamos a las múltiples y muy diversas manifestaciones que correctamente exigen la derogación de las contrarreformas neoliberales de este gobierno, la eliminación de los gasolinazos y que exigen la no liberalización de los precios de los combustibles.
Asimismo, manifestamos nuestra convicción y esperanza de que otra forma de hacer política es posible, con cercanía a la mayoría de la gente, a las víctimas, a las minorías discriminadas, a la naturaleza hoy sobreexplotada. Una política definitivamente opuesta a la del actual régimen voraz. Una política que dé sustento racional a la vida, voz a las víctimas, rostro a los olvidados, esperanza a los marginados.
Hoy nos une el sentimiento de ser, todas y todos, víctimas de un gobierno y un régimen muy lejano del pueblo y su dolor. Por ello es justo y necesario informarse y hablar en todo momento de esta situación de crisis, llamar las cosas por su nombre, concientizarnos mutuamente, organizarnos y participar con valentía en las acciones colectivas como plantones, mítines, marchas, redes sociales, brigadas informativas en barrios y comunidades. El valor de participar en la vida pública, la unidad de voluntades críticas, la identidad entre nosotros como víctimas, el discurso crítico y analítico, la esperanza en el futuro solidario, la mirada integradora que una las luchas particulares en un gran movimiento transformador, la acción colectiva en forma de marchas y mítines y plantones y huelgas de hambre y huelgas a secas y paros y el activismo en redes sociales y la rabia por el dolor ajeno y la no violencia… todo ello debe entenderse como cualidades y conductas necesarias e intrínsecas de nuestra ciudadanía.
Como puede verse, nos manifestamos a favor de la buena política, que incluye las luchas y movimientos sociales progresistas como agentes populares del cambio histórico. Pero también exigimos que el Congreso de la Unión ponga freno a las políticas privatizadoras que despojan a nuestra sociedad de las pocas garantías que aún le quedan. Exigimos, finalmente, que quienes encabezan el Poder Ejecutivo hoy: Enrique Peña Nieto y su gabinete entero, traidores a la patria, renuncien inmediatamente.
Exigimos que los restantes dos poderes constitucionales escuchen verdaderamente la voz del poder popular que hoy, indignado, les reclama por dejar que por décadas los bolsillos y los hogares de la población trabajadora y sus familias hayan sido saqueados impunemente. Que los poderes Legislativo y Judicial den muestras del nacionalismo que han olvidado en aras de valores mezquinos, y recuperen los recursos naturales energéticos de México, que reorienten la política nacional, pero ahora y por siempre de la mano del pueblo. ¡Nunca más una traición al pueblo de México!
*Javier Bravo es profesor universitario.
Foto de portada: Moisés Pablo / Cuartoscuro.
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