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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 17 de junio de 2016
Aun cuando desde el gobierno, los medios de información y las cúpulas empresariales se denigre, y se minimice la lucha de los trabajadores de la educación, es una realidad que ésta va en ascenso y que además de ampliarse al seno de ese sector, cada día aumenta la simpatía y la solidaridad de los padres de familia y amplios segmentos de la ciudadanía por la justeza de la lucha magisterial.
La carencia de democracia, la inseguridad y la violencia, la creciente desigualdad social, la pobreza y miseria que aquejan a millones de mexicanos y la entrega del país al capital privado, en su mayor parte extranjero, enmarcan la lucha de los trabajadores de la educación contra la imposición de una reforma que de educativa solamente tiene el nombre, la cual forma parte de un conjunto de medidas políticas y económicas, las reformas estructurales, cuya finalidad es la eliminación de obstáculos a la clase en el poder y a la operación depredadora del gran capital en nuestro país.
Para ello necesitan ejercer un mayor control de la población y pretenden conseguirlo mediante la formación no de ciudadanos sino de seres dóciles, temerosos y acríticos, para lo cual requieren de la imposición de un sistema educativo que produzca esa masa fácilmente moldeable política e ideológicamente. Su problema es que entre los trabajadores de la educación desde siempre se ha forjado una clara conciencia crítica de nuestra realidad, ello por su constante contacto y vinculación con todos los sectores de la población, con la realidad cotidiana y con la niñez y la juventud, que son los que más padecen los impactos que generan los problemas del país, de modo que constituyen quizá el mayor obstáculo a la clase dominante para el ejercicio total de su poder.
Por lo anterior, la clase en el poder busca que se mantengan sin vínculo alguno las luchas que libran diferentes sectores sociales de nuestro pueblo y, de manera especial, separarlas de la lucha de los trabajadores de la educación, lo que sería un error estratégico que conduciría a graves consecuencias para la nación.
Un pequeño y fácil ejercicio de memoria nos ayudaría a comprender el por qué debiéramos vincular todas nuestras luchas: si intentamos encontrar el origen de las llamadas reformas estructurales, que son esa serie de medidas políticas y económicas que desde hace más de treinta años han agudizado los problemas que como pueblo padecemos, encontraremos las “recomendaciones” que los grandes centros financieros mundiales han hecho (léase impuesto), con el apoyo de la oligarquía local, a los diferentes gobiernos; y veremos que detrás de esas reformas siempre aparecerán: el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el Fondo Monetario Internacional, con recomendaciones que siguen los dictados del Consenso de Washington.
Los trabajadores de la educación libran una lucha difícil y desigual, pero no imposible. Se enfrentan al aparato del Estado construido por la clase dominante, el que no dudará emplear todo su poder para someterlos e imponer las reglas que le permitan continuar reproduciendo las condiciones que le aseguren su dominio; por ello es urgente y necesario promover la unidad del pueblo y la vinculación de sus luchas que conduzcan a la formación de un movimiento lo suficientemente amplio y fuerte que pueda enfrentar con éxito al enemigo común y aspirar a la construcción de un país nuevo, diferente, realmente libre y soberano.
Las más de tres décadas de promesas para alcanzar el ´primer mundo, la modernidad y el bienestar, con resultados que van en sentido contrario, muestran que nuestro país requiere de cambios profundos que modifiquen de raíz el actual estado de cosas, cambios que en las actuales condiciones políticas y económicas nunca podrán alcanzarse.
Y si la oligarquía local y la transnacional se unen para apropiarse los recursos nacionales y explotar al pueblo, ¿por qué hasta el momento los de abajo no hemos sido capaces de unirnos para resolver nuestros problemas más urgentes y, sin olvidarlas, dejar para después la solución de diferencias?
Pensar que dentro del sistema, con sus reglas e instituciones, se podrán resolver los problemas que agobian a la gran mayoría de nuestro pueblo es, por decirlo de algún modo, ilusorio e ingenuo.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
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