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La razón de la fuerza

Diálogo Estado / Top News / 03/03/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 3 de marzo de 2017

 

En la prehistoria de la humanidad, etapa que aún no hemos superado, el empleo de la fuerza y la violencia es una práctica ampliamente utilizada para dirimir diferencias y conflictos entre los seres humanos, ya sea a nivel de individuos o de grupos. La forma más extrema, irracional, peligrosa y devastadora de esa práctica es la guerra.

Si alguna vez pensamos que con el avance de las ciencias, la tecnología y en general del conocimiento podríamos, como humanidad, alcanzar estadios superiores de convivencia, menospreciamos o no reparamos lo suficiente en el esfuerzo que ello exigiría para realizar los profundos cambios necesarios en la organización social y en las relaciones de todo tipo que se dan entre los seres humanos; cambios que nos permitirían construir, con una escala de valores diferente, una sociedad con mujeres y hombres nuevos en la que fueran inexistentes la codicia, el egoísmo, la explotación, la discriminación, entre otras peligrosas actitudes y prejuicios que alientan y conducen a la guerra.

Y si bien las guerras surgieron en los albores de la humanidad para dirimir conflictos derivados de la constitución de sociedades que ocuparon, o necesitaron, ciertos espacios geográficos o recursos, es con el surgimiento del capitalismo y la necesidad de ganar y concentrar cada vez más riquezas que la guerra se convierte, mediante el despojo y la explotación de los más débiles, en un medio para financiar el desarrollo de los poderosos, Baste señalar la época en que un puñado de países europeos invadió y colonizó grandes territorios en Asia, África y América.

Fue con el avance del sistema capitalista y por la agudización de sus contradicciones que se crearon las condiciones que desembocaron en las dos grandes guerras mundiales durante el siglo pasado y que después de éstas los conflictos bélicos han estado a la orden del día.

La razón de que en alguna parte del planeta exista un estado casi permanente de guerra se debe a que ésta constituye, además de un negocio que deja enormes ganancias a los monopolios que operan en la industria militar, es una manera de paliar las crisis del sistema, por tanto, el capitalismo necesita de la guerra para sobrevivir.

No fue casual que el energúmeno del norte, Donald Trump, en pos de la “renovación del espíritu americano” en días pasados solicitara un presupuesto de 603 mil millones de dólares para el gasto militar de Estados Unidos, monto mayor que el combinado de los siete países que le siguen en ese rubro.

Tampoco fue casual que dijera: “tenemos que empezar a ganar guerras de nuevo”, expresión que muestra su xenofobia, racismo y, a la vez, la profunda crisis que en todos los órdenes de la vida está inmerso el sistema en general y Estados Unidos en particular.

Y aunque importantes sectores de la sociedad norteamericana se oponen a esa medida, no podemos considerarla como un dislate o una locura de Trump. Él es un miembro de la oligarquía yanqui y férreo defensor del capital financiero, capital que en esta fase del sistema y fundamentalmente en la etapa de la globalización neoliberal representa el poder hegemónico y que, además, opera con gran peso en el negocio del complejo militar industrial en el vecino país del norte.

Si tomamos en cuenta que el arsenal nuclear mundial está constituido por cerca de 17,300 cabezas nucleares, propiedad de nueve países, de las que Rusia y Estados Unidos poseen 8,500 y 7,700 cada uno, respectivamente, veremos que en lugar de contribuir a la distensión y a la eliminación de las armas nucleares, la política de Trump apunta a lo opuesto, lo cual es un grave peligro para la humanidad.  

Y si el gobierno de Estados Unidos, como representante de la oligarquía financiera yanqui, privilegia el empleo de las armas y la guerra para la solución de conflictos y contradicciones, que tiene con casi todos los pueblos del mundo, en menudo predicamento ponen a la vida y al planeta entero.

Por eso, hoy más que nunca, toma singular importancia la lucha por la paz; lucha que pasa por la construcción de una nueva sociedad en la que la solidaridad, la igualdad, la cooperación y la fraternidad sean pilares para que quienes habitamos este planeta podamos alcanzar la paz con dignidad e intentemos superar la prehistoria, basemos nuestras relaciones en la fuerza de la razón y construyamos la historia de una humanidad libre, unida y sin guerras.

* Alfonso Díaz Rey es miembro del Observatorio Ciudadano Biosfera y de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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1 Comentario

el 07/03/2017

Ciertamente que no hemos superado la parte emocional de nuestro cerebro que predominaba en la prehistoria, la parte que razona todavía está en pañales, faltarán muchos años para que por medio de la evolución lleguemos al equilibrio, sin embargo hay personas en las cuales la parte racional de su cerebro prácticamente no existe y por eso agreden (como Trump)y cuando tienen poder la combinación es catastrófica.
Esperemos que las personas con buen nivel de raciocinio a nivel mundial por medio de la unión puedan (o podamos) detener la problemática que que se avecina.



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