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Las amenazas venían de León; huyen periodistas españoles

Sociedad Estado / Top News / 05/11/2014

Redacción / Somos Mass99

4 de noviembre de 2014

Melchor Miralles, director general de Cuerdos de Atar, y cinco periodistas españoles más debieron abandonar el país este sábado luego de intentar ser secuestrado y recibir varias llamadas de extorsión desde teléfonos con números de León, Guanajuato, y el Distrito Federal.

El colaborador del periódico digital República y ex director del diario El Mundo se encontraba en el hotel La Casa Rosada de Tapachula, Chiapas, donde con su equipo de trabajo filmaba un documental sobre los migrantes centroamericanos que viajan en el tren La Bestia con el propósito de atravesar el país y llegar a los Estados Unidos.

MIRALLES-LA-BESTIA-FOTO-CUARTOSCURO-MARCO-POLO-GUZMAN-9---copiaEl periodista se hospedaba en el hotel La Casa Rosada de Tapachula, Chiapas, donde filmaba un documental sobre los migrantes centroamericanos que viajan en el tren La Bestia.

En una entrevista con el diario ABC, del que también es articulista, Mirelles cuenta que “estaba dormido. Primero pensé que era una broma. Después rezaba para que fuera un secuestro exprés, pues esos se resuelven con dinero. Al constatar que no era eso, y que querían sacarme del hotel, la verdad es que no sé de donde saqué fuerza para coger el móvil, y mientras hablaba con el secuestrador llamé a mis compañeros para que escucharan lo que sucedía y actuaran. Fue la peor hora de mi vida”.

De acuerdo con la revista Proceso, “algunas de esas llamadas procedían de teléfonos con números de León, Guanajuato, y el Distrito Federal, y se exigía el depósito de ciertas cantidades de dinero para no secuestrar a los periodistas.

Junto con Mirelles, los comunicadores Carlos Medori, Santiago Trancho, Federico Cárdenas, Noemí Redondo e Itsaso Gallego abandonaron Chiapas y México bajo un fuerte dispositivo de seguridad en el que participaron agentes federales mexicanos y españoles, quienes tras la intervención de la embajada de España recomendaron a los periodistas regresar a su país.

En el texto México, ese cementerio, publicado en su blog melchormiralles.es, Miralles escribe: “No es un cuento chino. No es un desahogo. Es una descripción. México ha terminado siendo un cementerio más que un país. Un cementerio lleno de muertos y de vivos que aún no saben que van a morir pronto. Y nosotros a lo nuestro. En nuestra pobre riqueza”.

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En total, cinco periodistas abandonaron Chiapas y México bajo un fuerte dispositivo de seguridad en el que participaron agentes federales mexicanos y españoles.

Y al periódico ABC, al llegar a España, le dijo lo siguiente: “Este intento de secuestro se ha cargado nuestro documental. Los agentes españoles que nos han ayudado nos aconsejan salir de México. Los mexicanos amigos, también: No era un secuestro virtual o secuestro exprés para pillar unos dólares, me dicen. Iban a por ti, a por vosotros, porque no querían que acabarais vuestro trabajo. Y lo han conseguido. Pero no solo eso. Han logrado que hayamos perdido la confianza. En México no nos fiamos de nadie. Aquí dicen que al que le toca, ni aunque se quite; al que no le toca, ni aunque se ponga. Nosotros nos pusimos pero no nos tocaba. Aunque los que saben dicen que estuvimos a punto”.

 

Este es el texto escrito por el periodista:

En el andén

El infierno

Melchor Miralles

Trazo este texto desde Méjico. Aquí desde hace cinco días con mis cuerdos de atar y los nadie que persiguen el sueño americano, sin saber que probablemente será al final una pesadilla más que real. Dicen por aquí que si te toca, ni aunque te quites, y si no te toca, ni aunque te pongas. He comprobado que es cierto. Pero esa es otra historia. En el mundo hay muchos mundos, y es bueno conocerlos. Y no pensar que nuestro reducido cosmos es el centro del universo. Y coleccionar días sin repetir ninguno.

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Las llamadas de extorsión que recibieron los españoles provenían de León y del Distrito Federal.

No consuela, pero nuestra corrupción es una broma si la comparamos con la que ha convertido a México no en un Estado fallido, sino en un Estado comatoso en el que los tres poderes están tomados, o entregados, al crimen organizado que todo lo puede.

Huyo por esta ventana de palabras en una noche ciega de luna. La vida no es una invención. Y hay voces que suenan como disparos, por ejemplo las de los migrantes que huyen de la miseria en la que viven en sus países. Una miseria que es tan mísera como para aventurarse en un viaje en el que saben que tienen pocas posibilidades de llegar ilesos. O vivos. Saben que por el camino, suban o no al tren de La Bestia que les transporta directos al infierno, como una carga pesada de la que todos quieren librarse, van a sufrir. Son plenamente conscientes. Les van a amenazar, secuestrar, desaparecer, violar o matar. Les van a despertar del sueño. Pueden ser los narcos. O los zetas. O cualquier banda organizada, o desorganizada. Y puede ser la propia Policía, o el Ejército, o Migración. Pero va a ser. Nadie llega ileso. Y cuando lleguen, buena parte de ellos o van a la trena directos, o en pocos meses están de vuelta. Porque el cielo que buscaban se asemeja más al infierno, y no son bienvenidos. Ni en los EEUU ni en ningún otro sitio. Los nadie de Galeano valen menos que la bala que los mata.

Pero México sigue siendo visto por los grandes de la empresa como un país de oportunidad para ganar pasta. Porque hay business. Hay espacio para hacer negocio. Es un país emergente. (¿Emergente?) Están en el G-20. Y cuando vienen en primera o en avión privado, nunca salen del gueto protegido. Nunca viajan al infierno. Aunque la mayoría del territorio lo sea. Ni viajan ni quieren enterarse. Y le dan coba a quienes desde el Gobierno, y los Gobiernos que han sido, han hecho de este país maravilloso un Estado sin ninguna garantía de legalidad, sobre todo para los más desfavorecidos. O sea, la mayoría. Es más cómodo vivir así. Pero más cabrón. Más que nada porque si nosotros nos empeñáramos en evitarlo, ellos sufrirían menos. Pero ellos nos pillan muy lejos. Yo de mayor siempre he querido ser niño. Pero aquí, en este país convertido en estercolero, de niño quiero ser mayor. Para poder escapar rápido.

 






Luis López




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