Agustín Galo Samario / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / 19 de agosto de 2014
La percepción de la comunidad sobre lo que son sus problemas y la forma de solucionarlos, en ocasiones no coincide con la de los expertos. “Nosotros a veces vemos eso y decimos que no es bueno, que sólo nosotros somos buenos para resolverlos”, dijeron David Callejo Pérez y Joshua J. Ode, doctores de la Universidad del Valle de Saginaw, al presentar la investigación de su autoría recopilada en el libro Imaginando la educación y la salud, el impacto en la comunidad.
Dentro de las actividades del coloquio internacional Derecho al Bienestar Humano, Ética Global y Educación, los investigadores estadounidenses ofrecieron la conferencia magistral Repensando los compromisos de la participación comunitaria: un análisis de asociación con grupos marginados para incrementar la conciencia de la salud y el bienestar.
David Callejo Pérez comentó que en su universidad solamente la Facultad de Negocios había trabajado con la comunidad en el tema de pequeños negocios. Esto, a raíz del fracaso de la economía en Saginaw, pero no lo habían hecho las facultades de Salud y Educación. De ahí que, junto con Joshua J. Ode, inició el trabajo conjunto de investigación con los miembros de la comunidad en esa ciudad del estado de Michigan.
“Josh y yo nos reunimos para cambiar la forma en que la universidad trabajaba en Saginaw con el pueblo que está alrededor de nosotros. Es mucho de lo que Nancy Cantor, que fue presidenta de la universidad de Syracuse, dijo respecto a que las universidades son las anclas de la comunidad.
“Especialmente cuando la economía de la comunidad falla, las universidades tienen la misión de trabajar para mejorar la vida de las personas. Nancy decía eso cuando la industria en Nueva York había cerrado, y nosotros teníamos el mismo problema”.
Relata que en los años 70 y 80 del siglo pasado, Saginaw tenía la economía más desarrollada de los Estados Unidos y los trabajadores ganaban más que en cualquier otro lugar del mundo. Pero en el año 2000 una de las más importantes empresas cerró y el desempleo subió de menos de 5 por ciento a más del 15 por ciento, “y con las fábricas se fueron los trabajadores”.
Como el gobierno de los EU basa sus políticas sociales en el censo de población, mientras menos habitantes hay en una ciudad o condado más servicios sociales nos quita.
“Vemos los datos. Por ejemplo las tasas de mortalidad infantil, de obesidad y de cáncer. Pero cuando uno trabaja en comunidad, esos datos son personas, un hermano, un primo. Saginaw tiene el índice de asesinatos más altos del país. Hay 7.8 asesinatos por cada cien mil personas, pero eso en una comunidad es un familiar, un hijo, una hija. Ese conflicto nos deja al entrar a una comunidad un shock muy grande”.
La idea era entrar a una comunidad, cambiar lo que se debía e irnos. Sin embargo, en el primer contacto, la directora de una escuela “nos dijo que las personas estaban cansadas de números y de investigaciones, que si queríamos hacer algo teníamos que escucharlos a ellos. Como universidad teníamos que entender lo que hacía la comunidad. Ahí empezó todo”.
Racismo
A Saginaw la divide un río. En el este hay más pobreza, donde el 80 por ciento de la población es de raza negra; y al oeste hay más dinero, con habitantes de raza blanca.
En los últimos diez años, de 208 mil personas que habitaban la ciudad se han marchado el 10 por ciento, la tercera pérdida de población más grande del país, dice David Callejo, después de Detroit y San Luis.
“Vemos que el problema que surge es el racismo, ahora en San Luis Misouri, en el pueblo de Ferguson. Y resulta que si el gobierno, que usa como límite una población de 200 mil y el condado disminuye en un 10 por ciento su población, entonces baja en un 25 por ciento los servicios federales, que incluye hospitales, clínicas y educación”.
El desempleo ataca más al 80 por ciento de la población, que es negra, y menos a las personas blancas. Mientras que en las escuelas de la ciudad el 95 por ciento de estudiantes negros viven en pobreza. “El racismo ha afectado en Saginaw a la asistencia social.
“Por ejemplo, en muchos sitios el correo no va a donde viven las personas. Entonces, las personas, para buscar los beneficios que el gobierno les da tienen que ir a las oficinas postales. Pero cómo hay menos habitantes se han cerrado esas oficinas y las personas tienen que viajar más lejos”.
La segunda discriminación es la vivienda. Se vive todavía en casas con pintura con plomo, tuberías con plomo, asbestos. En un estudio de la ciudad elaborado en 2007 se encontró que más de un 33 por ciento de los jóvenes tenía niveles elevados de plomo en la sangre, porque la distribución de la vivienda obliga a las personas a vivir en casas pobres y eso tiene un impacto en la salud.
Más aún, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ha creado un sistema de medición llamado Desierto de Nutrición, que ubica áreas donde no hay acceso a comida fresca, carne, vegetales y frutas; e identifica los radios de entre 10 y 20 millas donde no hay acceso a esos alimentos sin tener auto. Y como no hay transporte público, eso crea un problema.
Saginaw tiene tres de estos desiertos de nutrición, que quiere decir que ahí hay tres partes de la población que no tiene acceso a esos productos y las personas se tienen que ir de la ciudad. Eso, aunado a la pobreza, el desempleo y la falta de transporte público, crea un serio problema. De tal cuenta que en Saginaw la mayoría de los jóvenes consumen su comida en tiendas como el Oxxo, Taco Bell y MacDonals; esa es la comida diaria que consumen. Además, como Saginaw tiene menos de 200 mil habitantes, el gobierno retiró los recursos para que los alumnos comieran en las escuelas.
Por eso la tasa mortalidad infantil, que en raza negra es del 9.2 por cada cien mil personas. Un índice que compara a Saginaw con los países más pobres del mundo. Mientras que un 2.9 por cada cien mil personas es de raza blanca, que coloca a esa ciudad las más avanzadas el mundo. “Eso quiere decir que hay una diferencia inmensa entre las razas en mortalidad infantil”.
La comunidad
Joshua J. Ode relata que en las conversaciones que sostuvieron con miembros de la comunidad se dieron cuenta que no habían evaluado sus percepciones. “Fue cuando tuvimos que cambiar el estudio, para saber qué consideraban ellos como un problema. Nosotros consideramos la obesidad y la mortalidad infantil como dos de los principales problemas. Pero como la comunidad estaba acostumbrada a ver esos casos, no pensaban que era un problema. Era una cuestión muy difícil.
“De lo que también nos dimos cuenta es que las personas que les presentábamos las encuestas, se llevaban el cuestionario y lo contestaban. Les dábamos cinco dólares, pero no les importaba eso, sino que nuestros estudios sirvieran para que hubiera servicios de salud en la comunidad. Eso era muy importante para ellos”.
Joshua J. Ode confiesa que, desde su propia perspectiva, “nosotros pensábamos en cosas como la felicidad, la buena salud, acceso a parques para montar bicicleta. Pero la comunidad veía el desempleo, el costo de problemas de salud, la inseguridad. Descubrimos la diferencia de lo que la comunidad ve y lo que nosotros vemos.
“Nos podemos regresar a los tiempos de Dependency Theory en Latinoamérica, entre la dominación y colonización, que tiene la misma conclusión: cómo es nuestra calidad de vida y cómo es percibida en nuestra comunidad. Muchas veces nosotros vemos empleos, buenas casas, una vida cómoda. Pero a veces una comunidad tiene otra interpretación de la calidad de vida”.
Lo cierto es que “las comunidades tienen el poder para cambiar sus propios problemas. Nosotros a veces vemos eso y decimos que no es bueno, que sólo nosotros somos buenos para resolverlos».
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