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Las elecciones

Diálogo Estado / Top News / 16/06/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 16 de junio de 2017

 

“El que hace la ley, hace la trampa”

Refrán popular

Pareciera obligado un comentario sobre las elecciones que recientemente se llevaron a cabo en cuatro estados de la República, ejercicio que el grupo en el poder promueve como fundamento de su concepto de democracia.

Lo común en períodos poselectorales en nuestro país son las quejas, denuncias y comentarios acerca de la serie de prácticas que se realizan desde el poder para que los elegidos sean siempre aquellos partidos o personajes que garanticen las condiciones para la continuidad de un estado de cosas favorable a la clase y al grupo dominantes.

Nos impusieron la idea de que la democracia consiste en acudir a las urnas cada tres o seis años (después de soportar un inclemente bombardeo y asedio de propaganda con promesas que nunca se cumplirán) y aguantar estoicamente las consecuencias de las acciones de los gobernantes “elegidos”, los que una vez concluida su gestión darán paso a un nuevo ciclo de promesas y engaños.

Así como impusieron su visión de democracia, nos han impuesto su ideología y su concepción del mundo y de la vida, escenario que les facilita enormemente el control de la población, del país entero y el ejercicio del poder.

Ellos, desde el poder, son quienes han elaborado las leyes con los resquicios que les permiten pasar sobre ellas; y cuando les representan algún obstáculo simplemente las “reforman”. Son ellos también quienes crean los mecanismos e instancias para la aplicación de sus leyes, así como los instrumentos de coerción para asegurar su “legalidad”.

La grave situación por la que atraviesa nuestro país y el hecho de que una pequeñísima porción de la sociedad mantenga sometida a la inmensa mayoría de sus miembros, no es una fatalidad, mucho menos algo natural. Lo hacen porque ellos sí están organizados y unidos en torno a sus intereses como clase social y, como se apunta líneas arriba, nos han impuesto su ideología, lo que ha provocado dispersión, desunión y a intentar la solución de los problemas con la manera de pensar y visión de quienes los crearon (para su beneficio), por lo que los resultados han sido siempre desfavorables para quienes los padecemos.

Además, la solución de los más graves problemas del país no se resolverá con la derrota electoral del partido en el gobierno (aunque sería un avance siempre y cuando quienes arriben tengan una formación política diferente de quienes han estado siempre al servicio de la clase en el poder), escenario que por lo comentado anteriormente, y por los intereses en juego, tendría muy escasas probabilidades y posibilidades de presentarse.

En este contexto, creer en la vía electoral como la única para cambiar a nuestro país es pecar de ingenuos, como tampoco solucionaríamos nuestros problemas mediante la lucha armada, por la simple razón de que el monopolio de la violencia lo tienen y lo ejercen ellos a través de su Estado.

No obstante lo anterior, si las fuerzas progresistas son capaces de establecer una política de alianzas y alcanzar un mínimo de unidad y organización, podrían neutralizar y vencer las artimañas del grupo en el poder y lograr el acceso al gobierno por la vía electoral, para desde ahí y con el apoyo de la mayoría del pueblo, iniciar la transformación que el país demanda. Ello requerirá de algo, no alguien, que sea capaz de aglutinar a la mayoría de la sociedad mexicana.

Ese algo bien podría ser un programa mínimo que contemple las necesidades más urgentes de nuestro pueblo y ofrezca soluciones viables en las que el mismo pueblo sea el protagonista para alcanzarlas. Al mismo tiempo, el programa mínimo deberá estar inscrito en uno máximo, cuyo objetivo superior sería un cambio radical de la sociedad, cambio que nos conduzca al disfrute de una vida digna y con felicidad, en paz con todos los pueblos del mundo y en total armonía con la naturaleza y el planeta.

Por tanto, tampoco es una fatalidad que la vida y el orden que guardan actualmente las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales en nuestro país sean algo eterno e inamovible. El cambio dependerá de nosotros, el pueblo.

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Artemio Guerra Baz / Cuartoscuro.






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