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Las muertas de Guanajuato, hoy como ayer

Sociedad Estado / 11/08/2014

Raúl Muñiz Torres / SomosMass99

León, Gto. / 11 de agosto de 2014

En septiembre de 2003, la revista Cambio realizó un reportaje que tituló como “Las muertas de León”, ahí, dicha publicación revelaba que 16 mujeres leonesas habían sido asesinadas en 17 meses.

“Una serie de asesinatos de mujeres azota a León, Guanajuato. La brutalidad de los crímenes obliga a recordar la tragedia que vive Ciudad Juárez desde hace 10 años. Las autoridades aseguran que los homicidios están relacionados con violencia doméstica, los familiares de las víctimas exigen respuesta y las organizaciones civiles dicen que el narco y los traficantes de órganos podrían estar involucrados”.

Así narraba Cambio, la historia. Once años después, cuando el esfuerzo de organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres es cotidiano, cuando la figura del feminicidio se ha reconocido jurídicamente, cuando las penas contra los feminicidas se ha incrementado y cuando la lucha por la alerta de género es un tema de agenda permanente, once años después la muerte violenta de mujeres sigue ocurriendo, sigue en ascenso, parece no tener fin, parece un orden de normalidad de la violencia en Guanajuato.

Pero ¿por qué a pesar de tantos esfuerzos, el fenómeno sigue ocurriendo?

Tres connotadas mujeres, tres protagonistas de la defensa de los derechos humanos, tratan de explicarlo:

 

El Estado y su responsabilidad

 

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Ángeles López del Centro de Derechos Humanos, Victoria Diez.

Desde 1985 a la fecha, el número de feminicidios ocurridos en Guanajuato, obedece a un promedio de 40 muertes de mujeres por año.

¿Cuál es entonces la responsabilidad directa del Estado en este problema social?

Ángeles López, del Centro de Derechos Humanos, “Victoria Diez”, es contundente cuando señala el desprecio que tiene el gobierno por el ser humano:

“El estado no está organizado en función de las personas, está organizado en función del dinero, este modelo neoliberal sobre el cual está asentado, nos deja pensar que este tren va hacia el abismo cuando hacemos uso de los recursos naturales como si nunca se fueran a acabar y convertir a las personas como cosas en donde todo se concentra entre la ganancia y el lucro.

“Dicho modelo se sustenta en cuatro cosas: explotación de los recursos naturales, la mano de obra abundante y barata, las mentes dóciles y los cuerpos de las mujeres, el cuerpo de la mujer en un sentido amplio”.

No duda entonces Ángeles López, en reclamar el sentido con el que se considera a la mujer dentro del entorno social y asegura que “las mujeres somos vistas como objeto de discurso, objeto sexual y de explotación y mientras esto no cambie, impregna las leyes, la política pública, los programas, los discursos, las sentencias, los interrogatorios de los operadores de justicia”.

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Guadalupe Fernández, profesora e investigadora de la Universidad Iberoamericana, plantel León.

Por su parte, Guadalupe Fernández Aguilera, académica de la Universidad Iberoamericana y experta en temas de Género, no duda en señalar al Estado como uno de los principales responsables de la violencia contra las mujeres cuando se pregunta y se responde: ¿Por qué el estado sí tiene mayor responsabilidad? Porque es el encargado de garantizar una vida libre de violencia, es su responsabilidad y tienen que hacerlo. El feminicidio tiene un componente político, por eso no terminan, porque hay una complicidad de las instituciones, porque hay impunidad y socialmente tampoco hay una sanción porque no se asume que el acto tiene que ver con el hecho de ser mujer”.

Verónica Cruz, directora del Centro Las Libres, repara en el caso guanajuatense, en la tendencia del gobierno a sólo llevar a cabo acciones declarativas sin que se dé una acción concreta de la que se pueda dar cuenta que los gobernantes están previniendo, atendiendo o sancionando la violencia contra las mujeres.

“Se necesita la política pública, es decir, que el ESTADO, con mayúsculas, entienda que tiene el mandato constitucional y los recursos públicos para hacerlo y que es el obligado de garantizarle a las mujeres de Guanajuato el derecho a una vida libre de violencia”.

Y no excluye Cruz Sánchez a los partidos políticos: “el avance de los derechos de las mujeres no está en su agenda, garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia no es una prioridad de ningún partido, ningún partido tiene en su agenda la eliminación del feminicidio”.

No queda de lado, de ninguna manera, esta visión androcentrista de la realidad cotidiana y Fernández Aguilera apunta, “en el ámbito cultural hay patrones de conducta aceptados y dentro de esos patrones de conducta, está arraigada la violencia contra las mujeres desde muchos sentidos: la discriminación, el menosprecio a las mujeres, el afirmar la masculinidad, negando todas las características femeninas”

Esa visión cultural conlleva un pago de consecuencias terribles para el proyecto de vida de las mujeres, porque al ser la discriminación algo cotidiano, dice Guadalupe Fernández, “es ahí donde está la semilla de este problema tan grande que tenemos de los feminicidios. Esa construcción de la masculinidad como un patrón hegemónico en donde esa masculinidad se relaciona con la violencia, con ejercer constantemente el poder, mostrar superioridad”.

Las huellas del odio, entonces, lamenta Ángeles López, se manifiestan de una manera cruel: “Frente a la inconformidad, frente a la liberación de alguna mujeres, pareciera que el estado patriarcal, neoliberal, dijera: podrán ser libres, autónomas, pero no las mujeres como categoría. Entonces viene una ola muy violenta de feminicidios incrementados en el mundo entero no sólo en términos de cantidad, sino del odio que se puede leer en el cuerpo de las mujeres”.

 El mantenimiento de la esperanza

De manera casi cotidiana, las páginas de los diarios dan cuenta de un asesinato y otro más en contra de las mujeres, los feminicidios se cuentan por decenas, la atención a las mujeres en diversos centros por cuestiones de violencia crecen día a día.

Pareciera que las batallas para erradicar el maltrato, la muerte violenta, son causas perdidas de antemano y es entonces que surge la pregunta del lugar exacto de la esperanza para no asumir que la sociedad ha fracasado en esta lucha que parece eterna.

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Verónica Cruz, directora de Las Libres. Foto: especial.

“En nuestra capacidad de indignación hemos encontrado sentido, impulsar y lograr apoyo en la indignación social y el acompañamiento social para la exigencia de los derechos humanos de las mujeres. Ahí va una clave, lograr la indignación social, lograr que la sociedad acompañe los reclamos ciudadanos”, ese es el primer paso que Verónica Cruz alienta para la esperanza.

Pero la misma Cruz, no olvida que se necesita mucho más y hace un llamado “a la exigencia legal, a la exigencia ciudadana, a la exigencia social a los gobiernos, la rendición de cuentas, la exigencia ciudadana de la participación ciudadana, el cambio de mentalidad en las universidades, generar nuevos conocimientos, porque si un sistema educativo formal no le entra a la educación cívica en serio, pues nos vamos a tardar más”.

Se necesitan acciones afirmativas, explica Guadalupe Fernández, esas medidas que en ocasiones parecen discriminar al hombre y que incluso se le llama “discriminación positiva”, esas medidas que “excluyen” al hombre en aras de proteger a las mujeres, como por ejemplo, aquella acción en el transporte público de separar a las mujeres del sector masculino.

“Es un problema histórico, sí, son milenios de discriminación hacia la mujeres y las acciones que se hacen para proteger a las mujeres, las acciones afirmativas, son temporales y sirven para igualar y una vez igualado, deben desaparecer”.

Mujeres que resisten

N-Feminicidios4Desolladas, amordazadas, apuñaladas, estranguladas, las 16 mujeres leonesas que de enero 2002 a mayo de 2003, fueron privadas de su vida; resuenan todavía en nuestra memoria. Sus historias no se han ido, quedan como el recordatorio de un mal que año tras año, ocurre con una persistencia preocupante.

Por ello, la necesidad de mantener la esperanza en el respeto a los derechos humanos, que para Ángeles López, “son una apuesta y un horizonte ético” y es también, dice López, una “indignación ética que nace de decir: lo que te pasa a ti, también me afecta a mí. Pero como no me pasa a mí, genera una cultura individualista y se pierde este horizonte ético, esa forma en la que quisiéramos estuviera organizada la sociedad”.

¿Qué mantiene a las mujeres entonces en la lucha? Se le pregunta a Ángeles y segura de sí misma, responde:

“En términos de la teoría feminista, decimos que todas las mujeres somos sincréticas, que nos rebelamos y resistimos y esta posibilidad de pensarnos como mujeres desde otros paradigmas, genera un elemento de esperanza”.

“Lo que hace tener esperanza, no es que haya organizaciones que le jueguen al “buenismo”.  En el centro de derechos humanos “Victoria Diez”, no salvamos a las mujeres, no las empoderamos, no las formamos, acompañamos esos procesos de resistencia… Generamos mecanismos de resistencia para la organización económica, para que puedan darle de comer a su familia, para la liberación de la violencia, para trasladarse de un lugar a otro y lo que cuestionamos son estas condiciones de precariedad en donde el Estado ha abandonado su responsabilidad”.

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 Fotografía: Gerardo M. García / SomosMass99





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1 Comentario

el 25/08/2014

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