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Las mujeres también pegan

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 23/11/2017

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 23 de noviembre de 2017

 

A través del tiempo la violencia ha sido entendida de distintas maneras: como una característica inherente al hombre determinada por la genética, como expresión de locura, causada por drogas o alcohol, etcétera. Sin embargo, estudios recientes han llegada a una conclusión muy clara y contundente: la violencia es aprendida, es una construcción humana no natural, los seres humanos no nacen violentos, se hacen.

La violencia es un ejercicio arbitrario del poder mediante el uso de la fuerza física, psicológica, económica, política, etcétera, cuya intención es someter, controlar, dominar, anular y paralizar a la otra persona, por lo tanto es intencional, discrecional (siempre va dirigida a una persona específica).

La violencia es muy distinta a la agresividad. La agresividad es la energía vital que nos impulsa a la vida, nos ayuda a sobrevivir, a poner límites, nos permite llevar a cabo planes y proyectos. La agresividad es la que se activa cuando alguien nos quiere violentar. La agresividad construye, enriquece, promueve el desarrollo humano; la violencia destruye, empobrece.

Esta diferenciación de conceptos nos permite entender el deslizamiento de sentido en comentarios del tipo: “Pero los hombres también son maltratados por las mujeres”, “las mujeres ejercen una violencia más sutil pero más dañina, no golpean pero humillan con la palabra”. Suele ocurrir que cuando estas personas amplían sus explicaciones queda al descubierto la confusión y equivocación de conceptos.

Por ejemplo, suelen decir que algunas acciones violentas por parte de las mujeres son: negarse a sostener relaciones sexuales, no tener la ropa limpia o la comida preparada, así como no dirigirle la palabra a su pareja (generalmente después de una riña). Eso no es violencia. También suelen poner de ejemplo, los casos en que una mujer asesinó a su pareja aunque tal cosa haya ocurrido en defensa propia.

Investigaciones en el tema concluyen que son pocas las mujeres que golpean a sus esposos. “Se trata de una proporción mucho menor si se le compara con la de hombres que lo hacen […] muchas mujeres llegan a ser agresivas como respuesta defensiva frente al ataque del golpeador”, así lo sostiene Mercedes Rodríguez, estudiosa del tema.

Por otro lado, no es lo mismo “enojo”, “conflicto” y “agresividad” que “violencia”. El enojo es la reacción ante un hecho displacentero o frustrante, el conflicto es la diferencia entre dos partes, la agresividad es la energía vital mediante la cual se canaliza el enojo y permite la negociación y el diálogo para resolver los conflictos; la violencia es la manifestación del odio.

Una característica del perfil del hombre golpeador es la tendencia a adjudicar la exclusividad de la violencia a la mujer. Este suele decir que el maltrato que ejerce es en respuesta a la violencia que su esposa ejerce contra él. Generalmente son estos, los maltratadores, los que argumentan con vehemencia la victimización de los hombres (los pocos que realmente son maltratados, rara vez lo denuncian públicamente, la vergüenza e inseguridad –al igual que a muchas mujeres que son maltratadas– les conduce a ocultarlo o a buscar alternativas discretas de solución).

De acuerdo con el secretario de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, más de 1 de cada 3 mujeres en todo el mundo han padecido violencia física o sexual a lo largo de su vida; 750 millones de mujeres se han casado antes de los 18 años, y más de 250 millones han sido sometidas a la mutilación genital femenina.

Congénere abre los ojos, comprende, dimensiona, solidarízate con la víctima, oponte al victimario. La violencia contra las mujeres es muy grande.

25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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