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LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Jueves 23 de noviembre de 2017
Los días pasan y yo te sigo extrañando más y más… Es tan injusto que alguien pueda robarle la vida a una niña que apenas comenzaba a vivir.
Esto es tan difícil de asimilar desde que tú ya no estás. Cada día me preguntó: «¿Por qué te hicieron eso? ¿Por qué existe tanta injusticia? ¿Por qué existen tantos feminicidios y no se hace nada?
Mi niña, te amo y te extraño tanto; tanto…
Así pasen los años este vacío que dejaste en nosotros siempre existirá.
Tenías tantas cosas por vivir, tenías tantos planes que desgraciadamente no se pudieron cumplir.
Sólo las personas que han pasado por algo así
comprenden lo difícil que es y lo mucho que duele.
¡Te amo & te amare siempre, siempre!
Hermana de Pati…

El pueblo El Oro o de Santa María del Oro, en Durango, como también se le conoce, nació como un pequeño caserío alrededor de las minas en el siglo XVII. La recolección de pepitas de oro era cautelosa, más tarde se convirtió en una las principales actividades de la región.
Uno de los muchos lugares de este México lleno de riqueza y al mismo tiempo de sangre, dolor, muerte. En ese rincón del país ubicado al norte, nació el 23 de agosto de 2000 Patricia Carrera Chaparro. Escuchar música, montar a caballo, disfrutar la vista de un lugar lleno de calles pintorescas era una de las cosas que más disfrutaba Pati.
Ese 8 de agosto de 2017, Luis Felipe, amigo de Pati, la invito a salir, “a dar la vuelta”. La joven de grandes ojos le pidió permiso a su madre para salir unas horas. La madre, aunque molesta, accedió. Además no iba sola, iban dos amigas más. ¿Qué podía pasar? Ahí nacieron sus hijas, su vida, y casi todos se conocen.
Hacia las 14:30 horas de aquel martes, la madre de Pati, la vio salir. Las horas pasaron, Pati no regresaba, la angustia de la madre se acrecentaba, a pesar de su edad, 16 años, Pati no solía ausentarse sin avisar. El celular mandaba a buzón, la familia completa se llenó de miedo. Las amigas que iban con Pati contestaron el teléfono a las ocho de la noche. No dijeron mucho, sólo que Luis Felipe la llevaría de regreso a casa.
El 9 de agosto acudieron a la Agencia del Ministerio Público para levantar la denuncia por desaparición. Entonces la foto de una chica con la mano en el mentón, una amplia sonrisa empezó a recorrer las redes sociales. Poco eco hubo en la réplica de solicitud de su familia para que la sociedad, más allá de ese lugar, se sumará a la exigencia de encontrar viva a Pati.
Las autoridades, presionadas por la familia, investigaban a Luis Felipe, a las amigas. Pero nada arrojaban. Las versiones de Luis Felipe cambiaban: que si se había ido con las amigas, que se había ido con otro hombre. Mientras tanto la familia continuaba su búsqueda: calles, terrenos, el río Sixtín. Ahí se encontraron algunas prendas de vestir, el corazón de la familia de Pati se paralizó. Era ya el 16 de agosto, ochos días después.
Medios de comunicación locales dieron a conocer el hecho. Ahí estaba una vez más el doloroso encabezado: “Encuentran a jovencita desaparecida, violada en el río”. Más allá del encabezado del momento, el dolor de leer lo que los medios decían de Pati, cuando Luis Felipe fue detenido en septiembre acrecentó el coraje, la impotencia de la familia. “Por el estado de ebriedad en que se hallaban los dos hombres intentaron abusar sexualmente de la jovencita, quien fue víctima de una crisis convulsiva grave que la llevó a perder la conciencia, situación que aprovecharon los agresores para subirla al vehículo marca Chrysler, línea PT Cruiser, modelo 2001, color negro, y llevarla al río Sixtín”, describía El Sol de Durango.
Una de las hermanas de Pati, de la cual omito su nombre por seguridad, del otro lado de la línea telefónica me hace saber el enojo que le causa leer las declaraciones y me aclara: «Frida, ella no bebía. Me enoja saber que digan que pretendieron violarla, ¡la violaron! No fue sólo Luis Felipe, hay dos más que están prófugos. Las autoridades poco hacen por investigar más, tuvimos que poner una queja en Derechos Humanos por la falta total de investigación. No hacían nada desde que desapareció, la gente fue la que nos ayudó a buscar, a encontrar. No fueron ellos. Además tardamos en tener acceso a la carpeta de investigaciones. ¿Qué necesitamos para que nos hagan justicia, para que de verdad castiguen a los asesinos de mi hermanita?».

Ahí estaba una vez más un caso plagado de irregularidades. En Durango se han acrecentado los feminicidios: desde el 1 de enero a la fecha han sido asesinadas 22 mujeres, sólo cuatro de estos lamentables asesinatos están clasificados como feminicidio. El de Pati no es uno de ellos. Se ha solicitado la Alerta de Género en la entidad, la cual hasta el momento no ha sido otorgada por la Secretaría de Gobernación.
Nuevamente recordemos qué es el feminicidio;
“Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:
La victima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
«A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;
«Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
«Haya existido entre el activo y la victima una relación sentimental, afectiva o de confianza;
«Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
«La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
«El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público”.
Pati fue violada por tres sujetos, cerca del puente del poblado La Cofradía, Durango. Fue arrojada aún con vida, los forenses confirmaron que Pati, fue violada, severamente golpeada, que intentó defenderse. También que murió ahogada, que cuando la encontraron estaba desnuda: solamente tenía puesta la blusa guinda con la que salió de casa y las pulseras que usaba. Su cuerpo fue trasladado a Gómez Palacio, la embalsamaron, fue velada en unas horas y sepultada. El de Pati, ¿no es feminicidio?
Luis Felipe, de 26 años, fue detenido el 10 de septiembre de 2017. La familia ni siquiera fue notificada, se enteraron por el periódico.
En esos días en Puebla se encontraba desaparecida Mara Fernanda Castilla Miranda. El 15 de septiembre, el cuerpo de Mara -ausente desde el 7 de septiembre de 2017- fue “encontrado”, fue abrazada por una fría sabana que escondía el sufrimiento, el dolor, la incomprensión de una vida, de una mujer, de una sonrisa. La indignación desde que desapareció fue una ola de enojos, de impotencia, de ira. El saberla desaparecida nos puso de frente al hecho de que aún tomando las medidas de seguridad necesarias -dicho por las autoridades- fue violada, dejada como un papel que se tira después de ser usado.
Marchas convocadas en siete estados y la Ciudad de México el 17 de septiembre nos mostraron una vez más porqué estamos inmersos en un México conformado por pequeños infiernos; que cuando la bestialidad nos indigna a todos y todas, y que el infierno y la exigencia de justicia deberían ser magnos.
La hermana de Pati me cuestiona: “¿Por qué, Frida, por qué sólo se pide justicia por algunas? ¿Por qué no por todas, por qué no se convocó a una marcha nacional por mi hermana, o por todas, por qué sólo algunas se ven y la gente se indigna? Con la voz quebrada hace un llamado a la sociedad en general: «Indígnense por todas, ayúdennos a pedir justicia para cada una, no dejen de lado a las demás, todas nos duelen, a todas nos arrancan, a todas las familias nos dejan vacías, rotas, en medio de la incertidumbre. Pati era una chica que vivía, que respiraba, que no buscó tampoco que la asesinaran. ¿Por qué la gente no alcanza a ver eso? ¿Por qué no le dan la misma importancia a mi hermana?».
No supe contestarle…
Hoy hay una familia más en este México esperando justicia, una familia que vive con temor, ya que las autoridades no les brindan protección. Aún hay dos “asesinos libres”, que a los mandos de Durango no les interesa encontrar. La familia completa de Pati ha tenido que tomar sus propias medidas de seguridad, las que el Estado está obligado a darles. Sin embargo, no es así. El mensaje que la familia recibe, me hace saber la hermana de Pati, es de total falta de interés. “Tal vez, Frida, están esperando a que asesinen a otra de nosotras y entonces nos quedemos calladas porque el miedo hará su trabajo”.
¿Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas.
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
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