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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 5 de mayo de 2017
El pasado 3 de mayo, y en ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el periódico La Jornada publicó un artículo de la señora Roberta Jacobson, embajadora de Estados Unidos en nuestro país, en el que comentó el clima de inseguridad que existe en México para los periodistas.
Quien haya leído el citado artículo, El silencio ensordecedor, habrá notado que en el escrito de la señora Jacobson se asienta la verdad, la única falla es que se hace de una manera parcial, lo que deja ver a México como un país violento, corrupto y en descomposición, sin reparar mínimamente en las causas de esa situación; y las omite no por desconocimiento sino sabedora de la responsabilidad, y en algunos casos complicidad, por el comportamiento de su gobierno y las condiciones en que vive la sociedad estadounidense.
Y si aprovechó la efeméride para hablar de algo que sabemos, padecemos y que además no debe ocultarse, lo más honesto hubiera sido señalar al menos algunas de las causas que dan lugar a esa situación.
Por otra parte, en relación a la libertad de prensa, en un mundo donde todo se ha vuelto mercancía y la inmensa mayoría de los medios de comunicación y difusión son propiedad privada, sobre todo los grandes, el contenido de éstos responde a intereses económicos y políticos de quienes detentan el poder y son utilizados en función y como expresión de lo que ese poder quiere o necesita.
La prensa “libre” que conmemora la señora Jacobson es la misma que difundió las mentiras que condujeron a las agresiones militares contra Corea, Vietnam, Palestina, Iraq, Afganistán, Libia y, actualmente, Siria, por citar algunos casos. También es la misma que alienta a los sectores más retrógrados en algunos países para crear problemas internos que los desestabilicen o promuevan la intervención extranjera, casi siempre de Estados Unidos y sus cómplices depredadores, con el fin de adueñarse de recursos naturales o de instalar gobiernos subordinados al gran capital.
En nombre de la libertad de prensa se ha denostado y se han armado grandes conspiraciones con base en mentiras, las que en no pocas ocasiones han cobrado innumerables víctimas y el país de la señora Jacobson tiene un amplio expediente en la materia.
Cuando la prensa, en cualquiera de sus variantes, obedece a intereses extranjeros o de la oligarquía, no puede calificarse como “libre”. Y, paradoja, cuando está del lado de los intereses de los pueblos es atacada por aquella que, convertida en mercancía, es parte del poder o vive a la sombra de éste.
Lo anterior no quiere decir que todos los medios de comunicación y difusión estén subordinados al poder. Existen honrosas excepciones, sobre todo en los medios alternativos y en los independientes, que con muchos sacrificios, en ocasiones hasta el máximo, desempeñan su labor, casi como un apostolado.
Y, paradoja también, la libertad de prensa significa, para muchos indigentes del tercer y primer mundo, la libertad de escoger las hojas del periódico para cubrirse un poco del frío de las madrugadas que pasan a la intemperie u otras inclemencias del tiempo.
Por ello la profesión de periodista implica una gran responsabilidad, ética y compromiso con una libertad aún por conquistar y ponerla al servicio de las mayorías que son ignoradas y despreciadas por el poder.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Cuartoscuro.
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